La primera noche de la acampada en Sol, desde dentro: “Esto va a marcar un antes y un después”
Por Germán Aranda Millán — eldiario.es – eldiario.es

Más de 500 personas pasan la noche acampados en la Puerta del Sol para protestar por Maricarmen y exigir cambios estructurales en vivienda
Las mejores imágenes de la protesta para exigir que no haya “ni una Maricarmen más”
Los rostros rabiosos que abandonaron o fueron expulsados por la policía de la puerta de casa de Maricarmen en el desahucio del miércoles y que seguían mosqueados durante la manifestación de este sábado por la tarde entre Sol, Neptuno y el Congreso, se tornaron sonrientes. La ilusión y una emotividad desbordante predominaban entre las más de 80 tiendas de campaña, con sacos, esterillas y botellas de agua, pizzas, plátanos y bolsas de patatas fritas, que convirtieron, de nuevo, 15 años después del 15M, la Puerta del Sol en un camping urbano reivindicativo.
Unas 500 personas amanecieron en la Puerta del Sol tras pasar la noche, algunas acampadas, otras sentadas o tumbadas en el suelo o en esterillas. La sensación de estar lanzando un desafío que pueda ser transformador para que los partidos pacten leyes realmente transformadoras de vivienda y el martes el Gobierno lleve el decreto al Consejo de Ministros transformó la frustración en esa esperanza de abrazos y camaradería que tomó la plaza.
Tobías, de 18 años
Tobías, de 19 años, ni siquiera sabe lo que es el 15M. La media de edad va de la suya a los 35 años, entre estos últimos sí que recuerdan aquellos tiempos como el inicio de la implicación en política. Tobías es de Carabanchel, vive con sus padres de clase trabajadora que pagan unos 900 euros de alquiler. Él hace FP de informática, trabaja de camarero y fracasa en su intento de montar una tienda. “Nunca he montado una”, confiesa.
“Nuestra generación está muy crecida a la derecha, sabes, la gran mayoría de mis compañeros, está de moda”, cuenta. “La gente no se da cuenta, no es empática, no mira al de al lado, solo piensan en el dinero. Pero yo creo que estoy en el lado correcto de la historia”, prosigue. “Yo quiero que cuando tenga mis 25 años pueda alquilar una casa tranquilamente”, dice. “Con Maricarmen sentí tristeza, odio, todo lo malo. Estuve fuera y cuando pasó el desahucio me pareció una locura todo”, completa.
“La inmobiliaria quiere comprarle el piso a mi casero”
Javi, de 26 años, es actor de teatro y lo alterna con otros trabajos, “camarero, en una fábrica, vendedor”. “Lo recuerdo como algo muy grande, pero pasados los años, creo que ha sido algo frustrado”, dice sobre el 15M, cuando tenía 15 años. “La clase política me ha saturado y me siento perdido y huérfano”, prosigue, y dice ser “pesimista, aunque esté aquí”.
“Es absurdo que nos gastemos tanto dinero solo en la vivienda”, dice. Él paga 500 euros por una habitación en Palos de la Frontera, donde vive con su pareja y otra persona en el piso. “El contrato me vence en dos años y es verdad que nos da un poco de ansiedad, porque sé que hay una inmobiliaria, Redpiso, que le quiere comprar el piso, no les ha convencido, pero están ahí pico y pala”, cuenta. “Ya le dijo a mi casero que nos podía alquilar el piso por mucho más, pero el amigo que vivía antes allí convenció a mi casero de dejarlo al precio actual, que es una bendición, aunque es muchísimo”, completa.
Puerta del Sol durante la acmpada
Miriam, de 24 años, acampa porque cree que “es imprescindible movilizarse, hay que tomar acción más allá de subir un post a Instagram, inspirarnos en los que lo han hecho antes y sentar el coño en Sol”. “Yo ahora tengo suerte porque pago 400 euros por una habitación, pero me echaron del piso donde vivía antes en Lavapiés, con solo 20 días de aviso, y a la semana lo vimos en Idealista por 1.000 euros más, de 1.450 entre cuatro personas a 2.600. Luego lo vimos en Airbnb”, completa.
A sus 52 años, Rafael se perdió el 15M porque se había ido a Burgos a vivir para encontrar trabajo. “Lo recuerdo con mucha impotencia de no poder estar, era una época en la que no había trabajo”, dice. “Es increíble que no se haya hecho nada desde 2013, cuando se vio que los bancos se estaban deshaciendo de pisos a subasta a precios irrisorios para las empresas, se veía venir”, añade.
Vive en un piso en propiedad: pudo comprar por 100.000 euros en Vallecas y está acabando de pagar la hipoteca. “Yo lo he podido solucionar, pero mi hijo de 21 años vive conmigo y lo va a tener imposible para independizarse y mis compañeros de trabajo jóvenes pagan hasta 950 euros por una habitación”, dice. “Lo que está pasando hoy es poco para lo que va a pasar como no se arregle”, añade.
La noche que “marcará un antes y un después”
“Es increíble, es un desborde, esta noche va a marcar un antes y un después”, explica Pablo Martínez, del Sindicato de Inquilinas. “Nuestro objetivo es quedarnos aquí hasta que haya una solución para Mari Carmen y se aprueben medidas para solucionar el problema de la vivienda”, añade. “Hay mucha ilusión, no podíamos aguantar más”, completa Víctor Palomo, abogado del CAES.
Pablo, de 33 años, tenía 18 cuando estalló el 15M, el movimiento masivo que tomó las calles en la peor crisis económica de España para cuestionar el poder del gran capital y la falta de esperanzas y empleo para los jóvenes en 2011. “No me dejaban quedarme a dormir mis padres, pero fue mi momento inaugural, uno de los motivos por los que empecé a militar”, explica. Lo mismo Víctor, “fue mi momento inicial en política y fue precioso”.
Las tiendas de campaña han tomado la Puerta del Sol.
Joel, un joven de Vallecas de 18 años que se sienta esta noche en el suelo con unos amigos al margen del activismo organizado, tenía solo 3 años cuando estalló el 15M. “Me pilla lejillos, he escuchado lo básico, lo que mis familiares me han explicado”, cuenta. “La vivienda es un derecho por el que debemos luchar todos, seas de derechas o de izquierdas, es una cuestión de humanidad”, defiende en consonancia con su pancarta: “No es cosa de rojos, es humanidad”.
Aunque él sí se considera de izquierdas, jóvenes de su entorno que son de derechas “están de acuerdo” en materia de vivienda con él. “Hay mucha desinformación, pero al chocar con una realidad que les pilla más cerca como la vivienda o la educación, se posicionan al lado tuyo, pero eso no cambia su ideología de derechas”, defiende.
La protesta arrancó a las 18 horas en Sol, frente a la Casa de Correos de la Comunidad de Madrid, y fue hasta Neptuno pasando frente el Ayuntamiento y el Congreso. Regresó a Sol y a las 21 horas, los portavoces del Sindicato de Inquilinas anunciaron que iban a acampar, una decisión que se había tomado en conversaciones internas en el mismo día.
Dos incertidumbres muy diferentes marcaron el inicio de la acampada: dónde ir al baño cuando el cuerpo lo pidiera y si iba a haber un desalojo. Al tener la Policía Municipal autoridad para el desalojo por ser una acampada no autorizada, se temía que el consistorio de Almeida accionara el desalojo. Pero el miedo se disipa a medida que avanza la noche. “Si se cumple el principio de proporcionalidad, no deberían desalojar, pero ya vimos en el desahucio de Maricarmen que no les importa esta proporcionalidad”, apuntaba el abogado Palomo.
Pasan las horas, y a partir de las cuatro bajan los tonos de voz y muchos caen rendidos al sueño dentro y fuera de las tiendas. Otros mantienen la energía de seguir conversando en corrillos o jugando a las cartas. La gente que vuelve de fiesta se encuentra con asombro la acampada, pero no hay incidentes. Cuando comienza a amanecer, la acampada de la ilusión por cambiar las leyes de la vivienda empieza a convivir con los turistas que conocen el centro un domingo soleado por la mañana.
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