La obesidad es una enfermedad, no una elección

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La obesidad es una enfermedad, no una elección

Salud

Acabar con las falsas creencias sobre la obesidad, realizar una detección temprana y un abordaje integral de esta patología con la que viven cerca de un millón de personas en Catalunya son claves para reducir su incidencia

Los cuatro expertos reunidos en Diálogos La Vanguardia analizaron la obesidad desde una perspectiva sanitaria, social y económica

Los cuatro expertos reunidos en Diálogos La Vanguardia analizaron la obesidad desde una perspectiva sanitaria, social y económica

Manuel Medir

Mar Claramonte

30/09/2026 11:34 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La obesidad es una enfermedad endocrina crónica caracterizada por la acumulación de tejido adiposo con la que conviven actualmente 971.455 personas en Catalunya, de las cuales más del 60% presentan al menos una complicación de salud relacionada, como hipertensión o dislipemia. Si bien se han identificado más de 200, algunas de las más habituales son la diabetes tipo 2, la artrosis, el cáncer, la hipertensión arterial y la depresión.

Existen múltiples factores que pueden influir en que una persona desarrolle obesidad (genéticos, endocrinos, ambientales…) y la mayoría de ellos no se pueden controlar ni dependen de los hábitos o la fuerza de voluntad de los pacientes. Sin embargo, a menudo la sociedad lo desconoce y estigmatiza a los que la sufren, al reducirlo a una cuestión estética y considerar erróneamente que se trata de una elección personal. Así lo constatan los expertos reunidos por La Vanguardia recientemente para profundizar en el impacto de la obesidad en Catalunya, poniendo en común su conocimiento de esta patología desde una perspectiva sanitaria, económica y social.

El encuentro permitió poner en común distintas perspectivas sobre los retos actuales de la obesidad y la importancia de mejorar su prevención, diagnóstico y tratamiento
El encuentro permitió poner en común distintas perspectivas sobre los retos actuales de la obesidad y la importancia de mejorar su prevención, diagnóstico y tratamiento Manuel Medir

“Seguimos hablando de la obesidad como si fuera un problema de malos hábitos y no es así. Hay personas que hacen una dieta correcta y ejercicio, pero tienen una genética desfavorable y por un problema de desequilibrio hormonal viven con obesidad. También hay casos en que comen mucho o lo hacen mal a causa de un fallo en las hormonas que regulan el apetito y el metabolismo”, asegura la doctora Andreea Ciudin, endocrina del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).

Según la especialista, es habitual que a su consulta acudan pacientes a los que les resulta muy difícil controlar el peso porque su propio cuerpo está frenando el esfuerzo que hacen para ello. Es lo que se conoce como resistencia biológica: al tratar de bajar kilos o mantener lo conseguido, se puede generar un aumento del hambre, una sensación de menor saciedad tras la ingesta y cambios en el metabolismo.

Más conocimiento para eliminar el estigma

Saber más sobre por qué puede ser tan difícil perder peso resulta esencial para comenzar a abordar las causas subyacentes de la obesidad y tomar el control de esta enfermedad crónica y progresiva.

Como señala Federico Luis Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas que Viven con Obesidad (ANPO) y vicepresidente de European Coalition for People living with Obesity (ECPO), “sigue existiendo el estigma social de que una persona vive con obesidad por voluntad propia, pero hay que hacer entender que nosotros no queremos estar así. Se trata de una enfermedad crónica, compleja y multifactorial y nadie está exento de poder padecerla”.

Federico Luis Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas que Viven con Obesidad (ANPO) y vicepresidente de la European Coalition for People living with Obesity (ECPO)
Federico Luis Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas que Viven con Obesidad (ANPO) y vicepresidente de la European Coalition for People living with Obesity (ECPO) Manuel Medir

A menudo, ese estigma incluso supone un freno para las personas afectadas a la hora de acudir al médico o pedir ayuda a sus familiares. Para acabar con las falsas creencias en torno a esta patología, es fundamental la implicación de los profesionales sanitarios, con la colaboración de asociaciones de pacientes y centros de investigación.

En este sentido, Teresa Millán, directora de Asuntos Corporativos de Lilly España y Portugal, considera que “desde la industria farmacéutica tenemos que ser parte del diálogo para poder entender mejor cómo vive una persona con obesidad y profundizar en el conocimiento de la enfermedad. Hemos de poner medios para las investigaciones en herramientas terapéuticas, farmacológicas y no farmacológicas de esta patología y lograr que los pacientes tengan mayor calidad de vida”.

Desterrar la tiranía de la báscula

Desde la unidad de endocrinología del Hospital Vall d’Hebron hace tres años que optaron por un abordaje distinto para contribuir a borrar falsos mitos acerca de la obesidad, comenzando por la primera visita de sus pacientes. Como explica la Dra. Ciudin, “el diagnóstico de obesidad como exceso de grasa corporal o disfunción de esta grasa no consiste en subir al paciente a la báscula. Hemos empezado a tachar el peso como parámetro y lo que hacemos es un informe de composición corporal para saber cuánta grasa tiene el paciente y cuánto músculo, cómo funciona esa grasa y dónde se acumula”.

También se realizan análisis de sangre para comprobar diversas hormonas, una evaluación psicológica y una encuesta nutricional para identificar qué comen, cómo comen, a qué horas y cuándo se sacian los pacientes, entre otros parámetros.

La Dra. Andreea Ciudin, endocrina del Hospital Vall d’Hebron y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO)
La Dra. Andreea Ciudin, endocrina del Hospital Vall d’Hebron y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) Manuel Medir

Asimismo, la endocrina recalca la importancia de la detección precoz, ya que en España existe un infradiagnóstico de la obesidad, lo que dificulta su seguimiento y prevención de las complicaciones asociadas. De hecho, en el historial clínico del 89,7% de los adultos españoles no figura su índice de masa corporal (IMC). Además, solo la mitad de las personas con un IMC de obesidad (es decir, igual o superior a los 30kg/m2) incluido en su historia clínica tiene un diagnóstico formal de obesidad.

Por otra parte, la Dra. Ciudin destaca como dato positivo que en Catalunya, a diferencia de otras comunidades autónomas, ya hay nutricionistas en los centros de atención primaria desarrollando una importante tarea de formación con pacientes y familiares, y también psicólogos para apoyarles.

El elevadísimo coste de no actuar

Precisamente, cuanto más se tarda en detectar y abordar de forma temprana e integral la obesidad, empeora la salud de quién vive con ella y también incrementa sustancialmente el impacto económico para toda la sociedad.

“Sufrir obesidad tiene un coste muy alto que pagamos todos: principalmente el paciente y su entorno, pero también el sistema productivo y el sanitario, ya que esa persona tendrá más bajas y necesitará atención médica más veces”, explica Álvaro Hidalgo, presidente de la Fundación Weber, entidad que ha realizado un detallado estudio a partir de datos recabados en Catalunya sobre el coste de la inacción frente a la obesidad y el valor social que se libera cuando se actúa a tiempo.

Álvaro Hidalgo, presidente de la Fundación Weber
Álvaro Hidalgo, presidente de la Fundación Weber Manuel Medir

Así, esta investigación cifra el coste actual de no poner las medidas necesarias para frenar la obesidad en 975,7 millones de euros anuales, lo que equivale al 0,3% del PIB y el 6% del gasto sanitario público de Catalunya. En cambio, con un mejor control de la enfermedad, el ahorro total que se conseguiría sería de entre 179,8 y 470,7 millones de euros (entre 964 y 2.524 euros por paciente) al año, en función de la cantidad de peso que pierdan y cuál es el grado de la enfermedad cuando empiezan a tratarse.

Una visión multidisciplinar para encontrar soluciones

Los expertos coinciden en la necesidad de implementar un abordaje integral, riguroso y personalizado de la obesidad, como ocurre con otras patologías.

Según Teresa Millán, “las autoridades sanitarias deberían reconocer la obesidad como una enfermedad y poner los medios para que se trate igual que otras, con un modelo de prevención, un diagnóstico certero, un tratamiento financiado y un seguimiento adecuado de los pacientes para evitar que recaigan”.

Teresa Millán, directora de Asuntos Corporativos de Lilly España y Portugal
Teresa Millán, directora de Asuntos Corporativos de Lilly España y Portugal Manuel Medir

En este sentido, la Dra. Andreea Ciudin explica que “con el Institut Català de la Salud hemos acabado de preparar el protocolo de abordaje integral de la obesidad de los centros de atención primaria y hospitales para hacer este cambio de paradigma. Es un gran paso porque no existe ningún modelo así, y empezaremos la implementación este otoño”.

En cuanto a las herramientas que contribuirán a tratar esta patología en el futuro, la directora de asuntos corporativos de Lilly incide en que “el tratamiento farmacológico es solo una parte: va a ayudar mucho a que se modifiquen hábitos y que se pueda ir consiguiendo poco a poco el mantener controlada esta enfermedad, aunque se necesita complementar con un abordaje nutricional y de hábitos y estilo de vida, incluso en algunos casos puede que psicológico.

Los participantes coincidieron en la necesidad de acabar con el estigma de la obesidad y avanzar hacia una detección temprana y un abordaje integral y personalizado de la enfermedad
Los participantes coincidieron en la necesidad de acabar con el estigma de la obesidad y avanzar hacia una detección temprana y un abordaje integral y personalizado de la enfermedad Manuel Medir

Para Álvaro Hidalgo, “seleccionar los tratamientos que dan un mayor retorno a los pacientes les proporcionaría una mayor calidad de vida y supervivencia, y supondría menos presión asistencial para el sistema”.

Por su parte, Federico Luis Moya subraya la importancia de destinar recursos para contratar y formar a profesionales sanitarios: “hay que financiar tratamientos farmacológicos y otras técnicas, pero no sirve de nada sin un aumento de personal formado que acompañe al paciente”.

Los beneficios económicos de controlar la enfermedad:

179,8 – 470,7 millones de euros de ahorro sociosanitario total por año.

964 – 2.524 euros de ahorro anual por paciente.

*Material informativo. En caso de duda, consulte con un profesional sanitario.

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