La maldición de los hindúes de Ceuta
Por Joaquín Luna Morales — Portada
La maldición de los hindúes de Ceuta
El escenario político
La comunidad nace del éxodo indio que huyó de Pakistan en 1947 y del Tánger marroquí en 1956

Ramesh Chandiramani, en el templo hindú de Ceuta, preside la Comunidad Hindú, fruto del éxodo indio de Pakistán
Joaquín Luna

Ceuta
13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
“Quizás por nuestros orígenes y lo que hemos vivido y sufrido, tenemos mucha ansiedad. Hay que fijarse en la historia”. Ramesh Chandiramani encarna –y preside– la comunidad hindú de Ceuta, donde nació hace 73 años. Ironías de esa historia: sus padres huyeron de la región del Sind cuando la sangrienta y precipitada independencia del subcontinente indio en 1947 y su partición en dos estados (el Sind quedó bajo soberanía de Pakistán). Y la comunidad establecida en Ceuta se incrementó con otra fecha relevante: el éxodo de Tánger cuando el enclave –bajo tutela internacional– pasó a control del Marruecos recien independizado en 1956.
¿No hay dos sin tres?
La partición de la India británica por criterios de religión (India para los hindúes, Pakistán para los musulmanes) provocó un súbito y sangriento desplazamiento de 15 millones de personas. El Sind quedó en Pakistán y los hindúes salieron por piernas (al igual que millones de musulmanes de India).
“La partición se hizo de la noche a la mañana y mis abuelos tuvieron que malvenderlo todo en horas, salir de Karachi y guarecerse en un campo de refugiados en Bombay?” ¿Y dónde se asentó la diáspora de los sindis, gente que lleva el comercio en la sangre? Muchos recalaron en Gibraltar, Tánger, Tetuán, las islas Canarias, Melilla y, en el caso de los Chandiramani, la Ceuta de los años cuarenta.
“Marruecos es un país fértil, espectacular, próspero… ¡y que no haya conseguido dar trabajo para su pueblo!”
“Mis padres, adolescentes, se conocieron en el vapor que les llevaba de Bombay a Gibraltar pasando por Suez y con final en Inglaterra. Bueno, fueron mis abuelas quienes concertaron el matrimonio durante la travesía”, relata tras el delicado ritual del aarti a las once en punto en el templo hindú de Ceuta, en la céntrica calle Echegaray, frente a la Peña Real Madrid y la estatua del Mahatma Gandhi, apóstol de la paz y como tal asesinado a tiros por un fanático hinduista en 1948.
El éxodo sindi por el mundo creó de forma espontánea una red comercial excepcional, basada en la confianza del paisanaje. De ahí la aparición en la España del siglo XX de los bazares hindúes –quedan pocos–, basados en importar y exportar, actividad propicia en los puertos francos de baja fiscalidad como era Ceuta.
“Traíamos tejidos, electrónica y relojes de Japón –aún tengo la marca Casio–, productos de belleza y perfumería de Inglaterra, como Ponds… Al haber tantos militares en Ceuta, se vendían también muchos vehículos de lujo que los oficiales revendían legalmente en la Península. El comercio hacía que Ceuta aportase incluso dinero a las arcas del Estado”.
La Asociación de Comerciantes Hindús de Ceuta se constituyó en 1957 (en 1998 pasó a Comunidad Hindú a secas). Hoy la integran 180 familias, unas 720 personas. Pocas hablan sindi, a diferencia del inglés. “Yo sí porque mi abuela se empeñó, pero mis tres hijas ya no lo dominan”, señala el cabeza visible de una comunidad muy respetada en Ceuta.
La comunidad hindú de Ceuta ya sabe, y tiene presente, lo que significa la historia: salir por piernas de casa
El fin de Tánger como ciudad internacional en 1956 –creación del Reino de Marruecos– pro-vocó la emigración de muchos comerciantes hindúes a Canarias, Melilla y Ceuta. Comprar y vender con una fiscalidad baja y un entorno seguro era incierto en Marruecos. Como empieza a percibirse y decirse sotto voce en Ceuta. “Vivimos con ansiedad estos días. No es comprable a la de India en 1947 porque tenemos la Constitución y todos vamos a pelear porque se respete, pero que no nos mientan. ¿Qué tienen negociado (con Marruecos)? Mi temor es que nos volvamos violentos. No había problema de convivencia en Ceuta –que presume de cuatro culturas en activo: cristianos, musulmanes, judios e hindúes–, pero el problema se está creando”, alerta Ramesh Chandiramani, que no se ve a estas alturas en otro destino, otro puerto, otro emporio comercial que su Ceuta natal. “Voy a cumplir 74 años, si tuviese veinte no habría hecho inversiones en Ceuta”.
¿Las intenciones de Marruecos ? “Es un país fértil, espectacular, próspero… ¡y que no haya conseguido dar trabajo para su pueblo! Todas las guerras son económicas. Ocultar esa frustración por la falta de porvenir hace que el Gobierno de Marruecos tenga políticas expansionistas”.
La primera diputada hindú
Kissy Chandiramani es la consejera de Hacienda de Ceuta, tiene 47 años, es hija del presidente de la comunidad hindú en la ciudad y ostenta el honor de haber sido, en el 2019, la primera diputada del Congreso de origen y religión hindú. La mala noticia –que se toma a guasa, al modo caballa– “es que solo fueron 19 días porque el PP (en el que milita) no podía sacar adelante la ley de Presupuestos Generales. ¿Como ahora, no?”, ironiza en su despacho, funcional y en un edificio sin oropeles. Muestra sorpresa que de que los peninsulares inquiramos sobre la dualidad ceutí/no cristiano (alrededor del 45% de los ceutíes son musulmanes, con centenares también de judíos e hindúes). “Somos la España de dentro de cuarenta años”, pronostica a este diario.Está muy molesta con la inacción del Gobierno. Pese a todo, cree en el futuro de Ceuta, que estaba captando economía digital y turismo. “Cuando me dicen que nos van a echar a patadas, siempre digo que antes las daremos nosotros. Nadie se quiere ir de aquí”.
Ya lo decía el dueño del restaurante Vicentino, una institución social de la Ceuta del siglo XX, cerrado en el 2023: “de Ceuta habrá que irse el día en que los hindúes hagan las maletas”.

Joaquín Luna
Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en ‘La Vanguardia’ en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: ‘Menuda tropa’, ‘Esta ronda la pago yo’ y ‘Cuando de dejan’.
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