La insurrección de colores del otoño
Por Isaura Marcos — Portada
La insurrección de colores del otoño
La Mirada del Lector
Esta estación protagoniza una huelga, reteniendo sus nutrientes en las raíces y negándose a florecer

Raíces del otoño.
Isaura Marcos
Gema Abad (texto), Isaura Marcos (fotos)
Barcelona
12/10/2026 06:00 Síguenos en Google
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Muchos años, al llegar estas fechas, dedico parte del mi tiempo a elogiar una de las estaciones que, si bien para algunos supone una época de pasividad después de un verano cuyos días son largos y propicios para realizar actividades al aire libre, para mí es un espectáculo visual y, al mismo tiempo, un estilo de vida.
Sin embargo, voy a romper ese cliché nostálgico que ha caracterizado mis otros escritos para construir un texto más revolucionario. Tal vez afectada por el ambiente hostil que respiramos, siempre con noticias que nos producen gran consternación, con líderes políticos sin la capacidad de implementar políticas concretas, ya que no logran convertir sus ideas en realidad, y carecen de habilidades para movilizar a la sociedad, querría hacer una limpieza para derrocar lo que ya no sirve.
Más que nunca, me identifico con esa especie de huelga que protagoniza el otoño, reteniendo sus nutrientes en las raíces y negándose a florecer. Los árboles también organizan una auténtica revolución pacífica y una manifestación artística en plena naturaleza al perder sus hojas. Es como una huelga de brazos caídos, después de seguir produciendo al ritmo frenético de los meses cálidos.
Rompen su atadura a la rama y se dejan llevar en un acto de desobediencia libre antes de tocar el suelo y crear esa pancarta de colores, esa protesta visual de las hojas que dejan de producir clorofila y bailan en libertad, revelando esos colores ocultos: amarillos, naranjas y rojos de gran intensidad. Me sumo a esa última fiesta que nuestra vista percibe antes de que el invierno imponga una censura gris y, en el mejor de los casos, blanca. ¡Qué sabiduría nos transmite esta estación que elige desnudarse para conservar su fuerza y demostrar que, pase lo que pase, volverá a brotar!
¡Qué sabiduría nos transmite esta estación que elige desnudarse para conservar su fuerza y demostrar que, pase lo que pase, volverá a brotar!

En un contexto como éste, qué mejor que dedicar un espacio al filósofo Henry David Thoreau, al que conocí al leer un libro titulado La biblioteca de la Medianoche, de Matt Haig. Era un referente para la protagonista de esta novela. Sentí curiosidad e indagué acerca de sus ideas filosóficas. Curiosamente me va a servir para cerrar este escrito, ya que entrelaza la observación de la naturaleza con su espíritu inconformista y reivindicativo en su obra titulada Tintes otoñales.
Thoreau sostiene que los árboles muestran sus colores más vivos y puros en su etapa final, lo cual representa una reivindicación de la autenticidad. De la misma manera que las hojas se ruborizan con orgullo frente a la decadencia del año, el ser humano debería defender sus condiciones éticas con firmeza y lucidez, sin dejarse apagar por las presiones de las mayorías o de los gobiernos.
Acabo con esta metáfora de su ensayo:
“Las hojas caen sin miedo a su tumba, resignadas a convertirse en el suelo que alimentará a las nuevas generaciones. El otoño no es el fin, sino la siembra de la próxima gran revolución”.
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