La guerra del whisky británico
Por Rafael Ramos — Portada
La guerra del whisky británico
Visión Global: Gran Bretaña
Mientras el whisky escocés está en crisis por la reducción en el consumo de alcohol en EE.UU. y otros mercados importantes, las maltas únicas inglesas se han convertido en un producto de culto

El proceso del whisky escocés está regulado por una serie de estrictas normas
Monty Rakusen / Getty

Stourton
18/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El whisky inglés no tiene la historia, la tradición y la mitología del escocés, pero sí una enorme capacidad de innovación que lo ha puesto de moda y lo ha llevado a ganar tres veces en los últimos años el premio a la mejor malta única del mundo, que se dice pronto. Es por ello que el Ministerio de Comercio británico le ha dado el reconocimiento y la protección de una denominación de origen (DO) propia.
Pero la decisión no podría haber sentado peor a los productores escoceses, hasta el punto de desatar una guerra del whisky en los confines del Reino Unido. El lamento al norte de la frontera es que, en su licor, los cereales se trituran y mezclan, se hace la fermentación y destilación en un único lugar, mientras que en Inglaterra puede tener lugar en varios sitios diferentes. Unas reglas del juego para unos –se quejan– y otras para los demás, con las tradiciones de la industria en peligro.
El número de destilerías de whisky en Inglaterra ha pasado de 46 a 70 en los últimos tres años
Las destilerías inglesas están proliferando como setas, habiendo pasado de 46 hace solo tres años a más de 70 en la actualidad, distribuidas por toda la geografía nacional, desde Cornualles, en el extremo occidental, hasta Northumberland, en el septentrional, con exportaciones a treinta países y un valor estimado en 1.300 millones de euros. Por lo general se trata de producciones muy pequeñas y exclusivas dirigidas a la parte alta del mercado, con un elevado coste para el consumidor (entre 70 y 100 euros la botella). Entre los inversores figura el director de cine Guy Ritchie.
El contraste con Escocia no podía ser mayor, con un centenar y medio de destilerías que en la inmensa mayoría de casos forman parte de grandes multinacionales, una aportación anual de 6.000 millones de euros a la economía y productos de proximidad como la cebada, que se utiliza para hacer la mezcla que luego se fermenta y destila. Los fabricantes ingleses carecen de los conocimientos centenarios pasados de generación en generación, pero lo compensan con la disposición a innovar y experimentar en granjas y naves industriales. La renombrada malta única de White Peak, en el condado de Derbyshire, tiene, por ejemplo, un aroma único y ligeramente ahumado a vainilla, jengibre y chocolate que le da su singularidad.
Las ventas de whisky escocés a EE.UU. cayeron un 15% por los aranceles de Trump
Mientras el whisky escocés está regulado por una serie de estrictas normas, como un mínimo de tres años de fermentación en barricas de roble y unos métodos de producción muy concretos, el inglés –igual que el de los países escandinavos– experimenta con tipos de cereales y levaduras distintos, y recorre al centeno y la espelta como alternativas a la cebada.
Prueba fehaciente del auge del whisky inglés es la destilería de Costwolds en Stourton (Warwickshire), fundada en el 2014 y una de las marcas más establecidas, y de las pocas que se pueden conseguir en licorerías y supermercados. Se trata de un complejo con restaurante y visitas guiadas, al estilo de las grandes bodegas de la Rioja o el valle de Napa en California.
El valor de la industria inglesa del whisky se ha disparado hasta 1.300 millones de euros
Las tarifas impuestas por Donald Trump a las importaciones de whisky escocés –levantadas finalmente en julio pasado– supusieron un duro golpe a la industria, con pérdidas de unos veinte millones de euros mensuales. Estados Unidos es el país que más gasta en el oro líquido procedente de Escocia, aunque en volumen es superado por India (que mezcla las maltas de las Tierras Altas con las locales) y Francia. Al impacto de los aranceles hay que añadir los cambios en las costumbres de los consumidores norteamericanos, que cada vez gastan menos en alcohol por razones estéticas y de salud. Todo ello unido ha motivado una crisis en el sector, con la congelación de la producción en diversas destilerías para ajustar la oferta a la demanda (que lleva tres años seguidos bajando), almacenamiento de botellas a gran escala y despidos de centenares de trabajadores. Los suministros a China cayeron un 31% en el último ejercicio.
Mientras el whisky inglés vive un boom con su propia denominación de origen y producciones pequeñas y de culto, la crisis del escocés tiene un efecto rebote que repercute sobre el sector agrícola, ya que la disminución de la producción incide negativamente sobre los contratos de compra de cebada, y lleva a los granjeros a plantar en su lugar trigo y otros cereales más rentables.

Rafael Ramos
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Londres
Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.
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