La esloganización del mundo
Por Toni Segarra — Portada

La esloganización del mundo 19/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Procedo de un oficio que ha hecho de la simplificación radical su razón de ser. Simplificar es, casi siempre, elegir una pequeña parte del todo para convertirla en el todo, lo que impide una visión completa de las cosas. Quizá por eso tenemos la fama que tenemos (la de mostrar solo el lado amable de la realidad, para empezar).

La publicidad no acostumbra a mentir (cuando engaña está condenada), pero es verdad que el abrumador entorno competitivo nos obliga a omitir.
La expresión más reconocible de esa simplificación es lo que llamamos eslogan, una brevísima frase que intenta sintetizar vanamente una marca en unas pocas palabras (aunque, si hay que creer a Borges, “no hay en la tierra una sola página, una sola palabra que sea sencilla, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad”). En nuestro descargo cabe decir que no simplificamos asuntos excesivamente complejos. Una cerveza, un yogur o un banco son complejidades asumibles.
Hoy se simplifica hasta lo delirante, convirtiendo una ciudad, un país o el planeta en una marca de pasta de dientes
La política, que afecta decisivamente a todos los aspectos de nuestras vidas, es otra cosa. Y hoy se simplifica hasta lo delirante, convirtiendo una ciudad, un país o el planeta en una marca de pasta de dientes. La democracia liberal se construye a partir de la asunción de la extraordinaria pluralidad del mundo. Por eso da voz a las minorías en parlamentos que la resumen y nos trata como adultos. Los gobiernos autoritarios, las dictaduras, son, por el contrario, simplificaciones, entornos que reducen el mundo a una elección dual moralmente categorizada: esto está bien, y esto está mal (tentación perversa de tantos referéndums que disfrazan el maniqueísmo de democracia). Nos infantiliza.

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Toni Segarra
Edgar Morin recuerda que “la barbarie del pensamiento reside en la simplificación, en la separación, en la racionalización… todo ello, en detrimento de la complejidad, de los vínculos indisociables y también del sueño y la poesía”. Quizá la máxima simplificación sería la pretensión de una verdad absoluta que nos ofrecen la religión y sus variantes (el nacionalismo, las ideologías o el cientificismo). También la promete la prensa mal llamada independiente.
Probablemente, la democracia liberal no nace de la convicción de que alguien conoce la verdad, sino de la sospecha de que nadie la posee por completo. La complejidad no es un defecto de la democracia, es una de sus condiciones de posibilidad. De alguna manera, matar la complejidad es matar la democracia. Es responsabilidad de quienes debaten, y de quienes explican ese debate, preservar la maravillosa y paradójica riqueza del mundo.
La palabra eslogan procede del gaélico. Está formada por las palabras sluagh (ejército o multitud) y ghairm (grito). En su origen era un grito de guerra o contraseña que utilizaban los clanes de las Tierras Altas de Escocia e Irlanda para reconocerse y arengar a sus soldados en combate.
Ojalá la etimología no acabe revelando, como tantas veces, la esencia de las cosas. Estamos advertidos.
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