La batalla de Cable Street
Por Rafael Ramos — Portada
La batalla de Cable Street
Internacional
Hace 90 años, una coalición de judíos y fuerzas de la izquierda impidió la entrada en el East End de los fascistas de Oswald Mosley

Un hombre enciende una bengala durante la marcha conmemorativa del 90 aniversario de la batalla de Cable Street
REUTERS

Londres. Corresponsal
11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El 4 de octubre de 1936 –unos meses después del comienzo de la Guerra Civil en España– amaneció como uno de los mejores del año en Londres, un veranillo de San Martín con sol y unos agradables 18 grados de máxima. Las condiciones ideales para la provocadora marcha convocada por la Unión de Fascistas Británicos (BUF) desde Aldgate en la City, a través de Whitechapel, hasta el Victoria Park, atravesando unos barrios del East End de la capital donde vivían unos cien mil judíos.
Ese estupendo día de hace 90 años aún se sentían los latigazos de la Gran Depresión y mucha gente las pasaba canutas. Es una historia eterna, la misma que hoy. Nativos frustrados por las penurias económicas, las dificultades para llegar a fin de mes y el deterioro de los servicios, que echan la culpa a “los de fuera” que han “invadido” su tierra. A Londres había llegado un enorme contingente de judíos procedentes de Rusia y la Europa del Este, que se habían instalado en barrios deteriorados, como Stepney Green, Bethnal Green y Bow, donde los alquileres eran más baratos.
En 1936 había en el barrio miles de judíos rusos y de la Europa del Este, mientras que hoy el paisaje es musulmán
Oswald Mosley, el carismático aristócrata y más reconocido fascista británico, que habría sido el hombre de Hitler en el Reino Unido de haber invadido los nazis con éxito Gran Bretaña en la nunca ejecutada operación León Marino, tenía que haberse presentado en la Torre de Londres a las 2.30 h. Lo hizo con una hora de retraso, en un coche negro descapotable, con el uniforme militar de nuevo cuño que había adoptado.
Después de pasar revista a los tres mil blackshirts (camisas negras) que formaban una columna de más de un kilómetro, con un par de centenares de mujeres en el centro, Mosley dio el pistoletazo de salida a una marcha que había sido autorizada por la policía (que escoltaba a los fascistas), a pesar de que los residentes del East End habían enviado una petición con cien mil firmas al Ministerio de Interior para que la prohibiera. Entre sus principales patrocinadores figuraba el vizconde Rothermere, propietario de Daily Mail , entusiasmado entonces con figuras como Mussolini.
Ante la negativa policial a frenar la marcha, los residentes del East End se movilizaron para impedirla, y se formó una alianza espontánea de judíos, estibadores irlandeses de los muelles, mineros, comunistas, socialistas, anarquistas y sindicalistas, que, al grito de “No pasarán” (en castellano, imitando a los republicanos españoles), erigieron barricadas a base de colchones, fragmentos de chapa, patas de sillas y mesas… Los niños tiraban canicas al asfalto para que los caballos se resbalaran y cayeran, y desde las ventanas hombres y mujeres arrojaban fruta podrida, cubos de basura, adoquines, botellas y agua hirviendo a fascistas y uniformados.

La ruta original contemplaba la marcha por Whitechapel, pero la policía decidió desviarla a Cable Street, una paralela en dirección al río, más pequeña y menos comercial. Pero los enfrentamientos entre el bloque progresista y la policía que protegía a Mosley y los suyos se volvieron tan violentos (un centenar de heridos y 80 detenidos, de los cuales solo seis fueron fascistas) que la manifestación tuvo que dar marcha atrás y dirigirse al Hyde Park.
Noventa años más tarde, la demografía del barrio ha cambiado por completo. Los judíos (actualmente 145.000), conforme prosperaron, se trasladaron a barrios mejores del norte de Londres, como Stamford Hill, Hendon y Golders Green, y hoy los habitantes son una mezcla de musulmanes, inmigrantes de la Europa del Este e ingleses de lo más bajo del escalafón social que viven de los subsidios. El paisaje urbano son bloques destartalados de viviendas sociales, madrasas, mezquitas, tiendas halal, chilabas y mujeres tapadas. Un viernes, a la salida de la oración en el centro cultural islámico, junto a la estación de metro de Chadwell, se reparten panfletos que ofrecen lecciones del Corán para niños. El pub más cercano está a casi un kilómetro, en dirección a la City, cuyos rascacielos se distinguen en el horizonte. Una placa en Dock Street y un gran mural estilo Diego Rivera en los jardines de San Jorge, en Cable Street (varias veces vandalizado por activistas de extrema derecha), conmemoran el día en que el fascismo fue frenado.

Oswald Mosley fue un aristócrata de familia angloirlandesa, con una vida privilegiada, y mujeriego de órdago que, tras casarse con lady Cynthia Curzon (de una de las familias conservadoras de mayor raigambre), tuvo affaires con dos de sus hermanas y su madrastra, además de con Diana Freeman-Mitford, una fascista de manual con la que contrajo matrimonio tras enviudar, que tomaba el té con Hitler, y a la que la policía consideraba incluso más peligrosa que él. Oportunista también en política, fue diputado por los tories , independiente e incluso por el Labour, llegando a ministro en el gobierno de Macmillan. Después de la guerra emigró a Francia, donde murió.
A su primera boda en Londres acudió el rey Jorge V, y a la segunda, en la casa berlinesa de Joseph Goebbels, el mismísimo Führer, tan solo dos días después del fracaso de la batalla de Cable Street.

Rafael Ramos
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Londres
Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.
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