‘La Barcelona flamenca’, lo que también somos (★★★★✩)
Por Donat Puig Duran — Portada
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Crítica de flamenco
Historia, presente y proyección del género en la ciudad fueron el leitmotiv del espectáculo

Chicuelo y Carles Benavent, este jueves durante su actuación en la avenida de la Catedral
Elena Pastor

25/09/2026 15:36 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
‘La Barcelona Flamenca’
★★★★✩
Lugar y fecha: Plaça de la Catedral (24/IX/2026)
Para tortura de algunas mentes obtusas, el flamenco tiene un largo arraigo en Catalunya, documentado desde la primera mitad del siglo XIX. La historia, presente y proyección del género en la ciudad fueron el leitmotiv del espectáculo que tuvo lugar en el contexto de la Mercè. La dirección artística corría a cargo de Luis Troquel, con Juan Gómez Chicuelo (guitarra) comandando el frente musical. Formaban el elenco estable Ana Brenes, Joaquín El Duende y Juanjo de Nayeli (voces y palmas), Uixi Amargós (viola) y Jacobo Sánchez (percusiones).
A ellos se sumó una poblada nómina de invitados que, en sus respectivas intervenciones, fueron haciendo avanzar el repertorio: once tomas en las que, de modo a veces explícito y otras sutil, fueron desfilando evocaciones del trabajo de figuras como Carmen Amaya, Miguel Poveda, Peret, Parrita, Duquende, Mayte Martín o Rosalía.

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Todo empezó con el instrumental Sin espinas, donde Chicuelo conecta nada menos que con La santa espina, y acabó en jarana all together por garrotín. En cuanto a los invitados, el bajo de Carles Benavent espoleó con maestría unas magníficas bulerías, palo al que se regresó más tarde con impactante desempeño de la cantaora Montse Cortés. También brilló, por cierto, la voz de la ya mencionada Brenes en el homenaje a los días de los cafés cantantes en la seguiriya Districte V.
Pasado el ecuador del bolo, el guitarrista Pedro Javier González puntuó muy alto con su visión de La leyenda del tiempo de Camarón. Miliu Calabuch (voz, guitarra-ventilador) especió con gracia el trazo rumbero de la velada, que transitó por rumba catalana y flamenca, mientras los tarantos dejaban brillar la transmisión de la bailaora Karime Amaya. Alegrías, tangos y balada complementaban un repertorio inteligentemente planeado, solo deslucido puntualmente, ay, por algún problema de sonido. Más allá de este detalle, y con el público en órbita, La Barcelona flamenca trazó un certero retrato de lo que somos: no de todo lo que somos, por supuesto, pero sí de lo que también somos.
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