Por Eusebio Val Mitjavila — Portada

La agonía de un Macron impotente

Crisis en Francia

A los disturbios se suma la pérdida progresiva de legitimidad del presidente

Emmanuel Macron, el martes, durante su visita a Bahréin, segunda etapa de su gira por el golfo Pérsico

Emmanuel Macron, el martes, durante su visita a Bahréin, segunda etapa de su gira por el golfo Pérsico

BENOÎT TESSIER / EFE / EPA

La agonía de un Macron impotente

Eusebio Val

París. Corresponsal

21/10/2026 00:00

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En Estados Unidos se usa el término lame duck  (pato cojo) para referirse a los presidentes débiles al acercarse el final de su mandato. Según reveló ayer el diario Le Parisien, un ministro francés empleó un término más cruel sobre Emmanuel Macron: “Es el pato que sigue corriendo después de que le hayan cortado la cabeza”.  Ese es el ambiente, incluso en el Gobierno.

Los graves disturbios del sábado y el domingo tienen causas complejas y profundas, más allá del deterioro de las infraestructuras educativas, la desesperanza de los jóvenes o la carestía de la vida. Los sociólogos destacan, por ejemplo, la crisis del principio de autoridad a todos los niveles, como demuestran las crecientes agresiones a docentes, a policías e incluso a bomberos o a personal sanitario.

En el caso francés existe una fuerte componente política en las protestas. La cólera popular se alimenta en parte de la pérdida progresiva de legitimidad de Macron y, por tanto, de autoridad. Su dimisión es una exigencia en la mayoría de las marchas. Al presidente le quedan poco más de seis meses en el Elíseo y se halla ya en una agonía marcada por la impotencia. Hay alguna voz en su propio campo que le aconseja dimitir y marcharse antes.

El Gobierno anuncia un despliegue policial “masivo” ante la nueva protesta del sábado 

La alocución televisada del domingo fue muy criticada desde todos los ámbitos políticos, incluidos sus correligionarios, por la vaguedad.  Quien fue su primer ministro durante tres años y hoy alcalde de Le Havre y aspirante al Elíseo, Édouard Philippe, hizo una declaración muy ácida. “Escuché sus comentarios -le espetó-. Hubiera preferido, como millones de franceses, decisiones e iniciativas. Nuestro país tiene derecho a alguien al mando”.

La legitimidad de Macron se puso en cuestión muy pronto, cuando llevaba solo un año y medio en el poder. En la revuelta de los chalecos amarillos, que comenzó en noviembre del 2018, muchos manifestantes le achacaban que estaba gobernando sin tener en cuenta que su victoria abultada no era real, sino la consecuencia de millones de votos prestados para evitar el triunfo de Marine Le Pen. El sistema francés a dos turnos tiene ese problema. Por un lado clarifica, pero por otro distorsiona. La presencia de un candidato fuerte de la extrema derecha viene alterando el proceso electoral en lo que va de siglo. Ya ocurrió en el 2002 con el duelo entre Jacques Chirac y Jean-Marie Le Pen.  El primero ganó su segundo mandato por un margen amplísimo, cuando en realidad mucho respaldo era para cerrar el paso a su rival.

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Paris (France), 18/10/2026.- People walk past a burnt out car in the aftermath of clashes between riot police and demonstrators in Paris, France, during nationwide protests against the high cost of living in the country, 18 October 2026. (Protestas, Francia) EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

En la reelección de Macron, en el 2022, se repitió y agudizó el fenómeno. La ventaja sobre Marine Le Pen ya fue más corta. Descontando el voto prestado, el consenso real en torno al presidente había bajado de modo significativo. Y la situación se volvió crítica en el 2024, después de la fatal decisión del presidente de disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones anticipadas como consecuencia de la debacle de los suyos en las europeas y del auge de la extrema derecha.  Los macronistas se salvaron por los pelos y quedaron en segundo lugar en escaños. Nadie tenía mayoría, aunque la coalición de izquierda, el Nuevo Frente Popular, la primera en escaños, reclamó durante meses poder formar gobierno.

Detenido un sospechoso, ya fichado como extremista de izquierdas, por el incendio del ayuntamiento de Limoges

La deslegitimación de Macron ante una parte del país se acentuó por su negativa a nombrar como primer ministro a alguien de la izquierda. El presidente decidió hacer lo contrario. Optó por una alianza entre el centro y la derecha, pese a estar en minoría parlamentaria. El experimento se saldó con dos gobiernos breves, los de Michel Barnier y François Bayrou. Sébastien Lecornu fue el tercer intento de sobrevivir a la precariedad, pero está por ver si resiste.

Con el jefe de Estado de viaje por el golfo Pérsico, los nervios del Gobierno afloraron en la sesión de control del Ejecutivo, ayer. Tanto el ministro del Interior, Laurent Nunez, como el propio  Lecornu, lanzaron duras acusaciones a la extrema izquierda -y también a La Francia Insumisa (LFI) por haber incitado la revuelta violenta o haber echado leña al fuego. El primer ministro habló de un “combate cultural contra la violencia”. “De una vez por todas deben escoger el bando entre la violencia y la República”, les advirtió. 

LFI contraatacó citando una información de la publicación digital Mediapart, según la cual el Gobierno habría dado instrucciones a los servicios de inteligencia policiales para que acusaran a LFI de propiciar la insurrección. La jefa de filas de los insumisos en la Asamblea se lanzó en tromba contra Lecornu: “Usted es peligroso para la democracia”. 

Para que no se repita el fiasco de seguridad del fin de semana pasado, en parte debido a la insuficiencia de medios, Lecornu prometió un dispositivo policial “masivo” el próximo sábado, día en que se ha convocado una nueva protesta de chalecos amarillos, estudiantes, sindicatos y partidos de izquierda. De las palabras de Lecorno pudo inferirse que la falta de medios pudo deberse a que una parte de agentes estaban de vacaciones (la pausa escolar de dos semanas de Todos los Santos acababa de comenzar) y no se les quiso ordenar que las interrumpieran. 

Para prevenir complicaciones, los toques de queda parciales -casi siempre aplicables solo a menores de edad- en las principales ciudades fueron renovados. El sábado serán movilizados los soldados de la operación Centinela, que desde hace más de diez años participan en el dispositivo antiterrorista. Los militares sustituirán a policías y gendarmes de misiones de protección de infraestructuras, para así liberar a los primeros y emplearlos en mantener el orden público.

Un primer sondeo después de los disturbios confirma como favorita al Elíseo a Marine Le Pen

Para restaurar la autoridad del Estado se necesita encontrar a los culpables de los desmanes y juzgarlos por el procedimiento acelerado. Fue importante, en este sentido, la detención de un primer sospechoso del incendio que destruyó el ayuntamiento de Limoges, un hecho que quedará en la retina del país, una imagen demasiado parecida a la del fuego en Notre Dame, en el 2019. El detenido, de 34 años, activista de ultraizquierda ya fichado por la policía como peligroso, vivía en un campamento de individuos marginales.

Una de las iniciativas del Gobierno es aprobar una ley para intentar que los protagonistas de los destrozos y de los saqueos paguen por los daños causados y se les puedan quitar los subsidios sociales -de vivienda y otros- si los cobran ellos o sus familias. 

Una primera encuesta del instituto Ifop hecha después de los comicios sitúa claramente al alza a la ultraderechista Marine Le Pen, como favorita, con entre el 36% y el 38% de respaldo en la primera vuelta. En la segunda vuelta se impondría a cualquier rival con entre el 56% y el 68% de sufragios.


Eusebio Val
Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París
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Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)

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