La acampada por los desahucios no es el 15M
Por Rosa María Artal — eldiario.es – eldiario.es

El 15M no vino por fallos de la socialdemocracia, ni lo organizó Podemos -que tardó tres años en formarse- y no propició en sí mismo el triunfo de Rajoy en todas las elecciones: generales, municipales, autonómicas y al parlamento europeo.
La acampada por el desahucio de Mari Carmen no es el 15M. No desmerece en absoluto la iniciativa, pero conviene asentarse sobre bases ciertas en toda acción que se emprende, y es algo que también se está perdiendo. De momento, ha eclipsado la manifestación ultra de la mañana, y ha vuelto a poner el foco con rotundidad en el problema de la vivienda en España que precisa urgente solución.
Asombra que en solo 15 años desde el 15M se muestre tal desconocimiento de lo ocurrido porque esta vez ni siquiera parece la intención habitual de manipular. Pero, desde luego, aquello no vino de fallos de la socialdemocracia, como dicen, ni lo organizó Podemos -que tardó tres años en formarse- y no propició en sí mismo el triunfo absoluto del PP de Rajoy en todas las elecciones que siguieron: generales, municipales, autonómicas y al parlamento europeo.
En el 15M, solo y nada menos, cristalizó un hartazgo supremo que venía precedido de varios factores de enorme peso (no es que ahora falten ni mucho menos, pero no son exactamente los mismos). En primer lugar, la crisis del capitalismo de 2008 que nos hicieron pagar en recortes a los ciudadanos. A “la socialdemocracia” precisamente la crujió la Troika para que se callara. Es decir, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. A Grecia la macharon y se ensañaron con Portugal y España. El PP contribuyó a dañar a nuestro país en su línea habitual. Rajoy se iba a Bruselas a poner las cosas peor de lo que estaban. “Europa ha cantado las cuarenta a Zapatero”, declaró de inmediato, en línea con toda la plana mayor de su partido. Desde hacía tiempo pedían menos gasto público, algo que aplicó a rajatabla cuando llegó a La Moncloa. Hasta el bueno de Obama llamó a Zapatero para que claudicará e impusiera también recortes. Y lo hizo. Hasta reformar la Constitución, a medias con Rajoy, para fijar como norma -y mantener el principio de “estabilidad presupuestaria”- pagar a los acreedores antes que atender las necesidades de los ciudadanos. “Su pago gozará de prioridad absoluta”, dice textualmente. Y esto ocurrió ya en agosto, con las plazas llenas. Rajoy sabía lo que firmaba, parece que sus votantes no.
Pero había mucho más. Las primaveras árabes en particular, como precedente. Allí fructificaba el escándalo, revelado con pruebas por Wikileaks, de cómo les habían robado sus dictadores mientras les mantenían en la pobreza. Las trampas reveladas influyeron en la revuelta en Túnez, el primer país en estallar. Wikileaks confirmó que la familia de Ben Ali, atesoraba un 60% del PIB de todo el país. Y a ellos les habían subido un 50% el precio del pan.
El precio del pan fue decisivo en todas las revoluciones, es un clásico. También confluía en 2010/11 una crisis alimentaria, especulativa, de productos básicos como el trigo y el maíz en los mercados internacionales -donde cotizan y fluctúan-, paralela a la crisis financiera. El detonante fue en Tunez. Por el suicido de un joven de 26 años, Mohamed Bouazizi, vendedor ambulante de fruta. La policía le confiscó su carrito violentamente. Y él se inmoló prendiéndose fuego. Sus llamas terminaron de prender la mecha. Una chispa que incendió una reseca pradera de despotismo, corrupción y desigualdad social que iba -y sigue yendo- desde Marruecos al golfo Pérsico.
Otros países levantaron su indignación también a primer plano, a su manera y con sus problemas. Con el común denominador del hartazgo por el abuso del sistema sobre la sociedad. El FMI, solo o en compañía de otros -la UE desde luego- repartía créditos y tijera.
El 15M español -también hubo un Occupy WallStreet- fue considerado el movimiento más serio y riguroso de todos. Allí, en aquellos círculos improvisados en el suelo, mucha gente aprendió nociones de economía básica para saber detectar los cuentos de los que se vale la codicia para ejercer su explotación.
Todo ese, como mínimo, es el poso del 15M. Pero imaginen al sistema ante semejante perspectiva de una ciudadanía informada y con el temple de no dejarse engañar más. Y, como si hay dos Españas, la otra, la derecha, se asustó en serio y corrió a votar al PP en todas las elecciones. Esta es la lección que hay que aprender ahora. Porque en este tiempo, en estos 15 años han aprendido a protegerse mejor y se han extendido los bulos y con ellos la opinión que quiere disolver toda idea con fundamento. Mientras se mantenían algunos problemas y se añadían otros. La vivienda como gran negocio para la especulación.
Los lemas del 15M, sin siglas, ni partidos, iban directos a un cambio profundo: “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. Votar al PP de Rajoy supuso mucha más tijera y rescatar con dinero público al sistema bancario. No creo que ni uno solo del 15M votara eso pero parece que son más los acomodaticios, los cobardes, los que van directamente a apoyar a los especuladores porque a menudo algo les toca.
Hay que solucionar el problema de la vivienda con la valentía del 15M, con sus soluciones imaginativas, y con mucha menos ingenuidad para detectar los peligros. Andaban también por las calles de Madrid en la mañana del domingo y, los que no en ese momento pero sí son iguales, se parapetan en sus cómplices y hasta sicarios mediáticos.
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