‘Kurios’: máquina asombrosa (★★★★✩)

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Por Juan Carlos OlivaresPortada

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Crítica de circo

Cirque du Soleil planta su gran carpa en l’Hospitalet de Llobregat 

Uno de los números de estética retrofuturista del espectáculo 'Kurios', de Cirque du Soleil, instalado en la gran carpa de l’Hospitalet 

Uno de los números de estética retrofuturista del espectáculo ‘Kurios’, de Cirque du Soleil, instalado en la gran carpa de l’Hospitalet 

Miquel GonzÁlez / Shooting

Juan Carlos Olivares

Juan Carlos Olivares

14/09/2026 18:50 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Kurios
​★★★★✩
Autoría y dirección: Michel Laprise
Dirección creativa: Chantal Tremblay
Escenografía: Stéphane Roy
Vestuario: Philippe Guillotel
Composición y dirección musical: Bob&Bill, Raphaël Beau
Coreografía: Sidi Larbi Cherkaoui
Coreografía acrobática: Yaman Okur, Ben Potvin, Susan Gaudreau, Andrea Ziegler
Lugar y fecha: Gran Carpa de Cirque du Soleil (10/IX/2026) ​

Entrar en el grand chapiteau de Cirque du Soleil es la quintaesencia de la experiencia, tal como se entiende en el siglo XXI. Una sofisticada combinación de gran producción, tecnología, fórmula afinada, impecable reparto, impacto estético y la aplicación de las mejores herramientas de mercadotecnia. Un circo de Pinterest. Un producto con un sentido muy anglosajón del espectáculo, ya muy distante de la filosofía hippie de sus inicios.

A Kurios, la versión retrofuturista de sus montajes instalado en Bellvitge, se puede ir con el único propósito de disfrutar de los excelentes números de acróbatas y contorsionistas, pero también se puede mejorar con un paquete vip y pasearte por el escenario y tener tu minuto de saludo al artista, o consumir en tu asiento palomitas, refrescos, copas y botellas de vino (cubitera disponible) o pizzas enteras. Las tentaciones son infinitas.

‘Kurios’ es la versión retrofuturista de los montajes de Cirque du Soleil, ahora en Bellvitge

 Kurios es un intento, con estudiado freno, para dirigirse a un público más adulto. Los que quizá conocen las películas de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet (La ciudad de los niños perdidos) o los cómics de Jacques Tardi (Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec). Incluso merodea por el laboratorio el Yorgos Lanthimos de Pobres criaturas y la nostalgia circense de Tim Burton en Big fish, con un guiño a las siamesas Ping y Jing, y los artefactos y autómatas de Chitty Chitty Bang Bang. 

Pero el cálculo exige mimar también las expectativas de los más pequeños y a media ­función el científico loco se eleva a lo desconocido como el Mago de Oz para viajar a una dimensión acuática que permite recuperar la estética fluida y de tonos pastel más reconocible de la multinacional del circo.

Combinación de gran producción, tecnología, fórmula afinada, impecable reparto e impacto estético

Aunque la escaleta de la función es un calco de otras producciones presentes y pasadas (el pasacalle del elenco, la participación amable del público, el número estelar cómico, la música en directo con una solista que canta una jerigonza universal y el despliegue de sorprendentes criaturas silentes e inclasificables), su incuestionable activo son sus números circenses y la obsesión por el detalle, de integrar hasta un cinturón de seguridad en el universo estético.

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A veces, la sorpresa no llega con el aliento suspendido justo antes del salto mortal, sino en una simple baqueta de batería desafiando la gravedad o resucitando a Michael Jackson y su moonwalk con los dedos de una mano. Pero también en esos giros de guion surrealistas que transforman números clásicos de equilibrismo en un capítulo de Alicia a través del espejo. O cómo la perfección técnica se convierte en un momento onírico de cuerpos volando a cámara lenta, impulsados por una red elástica o la fuerza humana.

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