‘Frankenstein’: la deslumbrante belleza del nuevo Prometeo

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Por Jordi Canyissà Bach — Portada

‘Frankenstein’: la deslumbrante belleza del nuevo Prometeo

En clave de cómic

David Sala firma la más luminosa adaptación de la novela de Mary Shelley en un álbum inolvidable

Una de las viñetas de ‘Frankenstein’, el nuevo cómic de David Sala

Una de las viñetas de ‘Frankenstein’, el nuevo cómic de David Sala

Astiberri

Jordi Canyissà Bach

Jordi Canyissà

Barcelona

21/10/2026 06:10 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Los clásicos de la literatura tienen, como mínimo, dos virtudes. La primera es que no pasan nunca de moda. La segunda es que, pese a que se publicaron muchos años atrás, siempre es posible leerlos o releerlos con la óptica del presente. Para un creador, esa relectura supone un poderoso estímulo: la posibilidad de armar una propuesta nueva con los mimbres del viejo relato.

Esto es precisamente lo que ha hecho David Sala en su bellísimo y luminoso Frankenstein (Astiberri, con traducción de Rubén Lardín). Sala reescribe la novela gótica de Mary Wollstonecraft Shelley y alumbra un trabajo formidable, sustentado en la perturbadora presencia del creador (el doctor Victor Frankenstein) y su fáustica criatura (el monstruo); una dupla de personajes tan bien caracterizada que, como en las buenas películas con grandes actores, se bastan y se sobran a sí mismos para sustentar, casi en solitario, toda la historia.

La página inicial de ‘Frankenstein’, de David Sala
La página inicial de ‘Frankenstein’, de David Sala Astiberri

Este Frankenstein de David Sala se adentra en la formación de Victor Frankenstein y en su obsesión por el conocimiento. Retrata muy bien su acercamiento a los maestros para conocer los secretos del cuerpo humano, así como su ansiosa búsqueda para descubrir el origen de la vida. Sala muestra a la perfección esa espiral de locura que lo arrastra a convertirse en un nuevo dios creador que, como un aprendiz de brujo, acaba superado por una obra que se le escapa de las manos.

El libro de Sala dialoga con el de Shelley y de ahí extrae un hondo alegato sobre la aceptación de la diferencia y el miedo a lo que es distinto, sobre la venganza y la violencia contra quienes no son como nosotros. Una historia inmortal convertida en una obra actual sin perder su aroma de clásico, sin necesidad de cambiar de época ni transformar a sus protagonistas. Extrayendo la esencia misma de la novela original. Exprimiendo su sentido. Y así el autor firma un libro de cómic vigoroso, de enorme aliento épico y lírico, que hipnotiza al lector.

Página de ‘Frankenstein’, de David Sala
Página de ‘Frankenstein’, de David Sala Astiberri

Dejamos para el final lo que primero destaca al hojear el libro: su color y su fastuoso dibujo. David Sala lleva años asombrándonos con su estilo, y su anterior trabajo, el muy recomendable El peso de los héroes, ya era toda una demostración de talento plástico en ese álbum en el que el autor francés se sumergía en la vida de sus abuelos españoles, quienes tuvieron que emigrar tras la Guerra Civil. En Frankenstein, el dibujo, el color y hasta la composición de la página ejercen un encanto arrollador. Un ejercicio plástico sublime.

Nunca nos habíamos imaginado un Frankenstein tan luminoso, tan lleno de color. Sin embargo, tras leer el álbum de Sala, vemos que este colorido tiene toda su razón de ser. Demasiadas veces, la belleza plástica o el asombro visual que nos produce un cómic o una película es un ejercicio hueco, un simple artificio. En el caso de Frankenstein no es así. El color refleja lo que los personajes sienten. El color es parte esencial del relato.

Fragmento de una magistral secuencia muda de ‘Frankenstein’ 
Fragmento de una magistral secuencia muda de ‘Frankenstein’  Astiberri

En sus viñetas, Sala utiliza colores puros y estridentes; un cromatismo intenso que se aleja del naturalismo para acercarse a la pintura de los fauvistas franceses y, más aún, al expresionismo visceral de sus colegas alemanes de Die Brücke. Pensamos en Derain o en Kirchner, pero también en la armonía ornamental de los colores de Klimt: el manto que usa el monstruo (ese patchwork) es un claro homenaje a sus pinturas más célebres. También el paisaje es importante aquí, un escenario que conecta con el romanticismo de Caspar David Friedrich o los paisajes de pura belleza que tan bien supo plasmar el citado Klimt. Del cómic hay, además, lecciones bien aprendidas de Alberto Breccia y de esas viñetas del argentino, que son abismos de texturas y trazos.

Alejándose de las sombras habituales, Sala firma una adaptación fauvista y expresionista

Portada de ‘Frankenstein’, de David Sala
Portada de ‘Frankenstein’, de David Sala Astiberri

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El formato de álbum franco-belga, de tamaño generoso, permite disfrutar de estas imágenes de Sala. En general, hay pocas viñetas por página, lo que permite disfrutar de ese potencial pictórico de la imagen. En el cómic hay más bien poco texto y muchas secuencias mudas; entre estas últimas destaca la escena del manto que le confecciona una mujer: 22 páginas absolutamente prodigiosas donde este cómic alcanza cotas expresivas de una intensidad poco habitual.

Este Frankenstein nos emociona y nos sacude. David Sala moldea su relato con la arcilla de la obra original, usa la creación inmortal de Mary W. Shelley para construir, viñeta a viñeta, un nuevo relato: emotivo, conmovedor e inolvidable.

Jordi Canyissà Bach

Jordi Canyissà

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Licenciado en Derecho y en Periodismo. Crítico de cómics en el suplemento literario Cultura/s de La Vanguardia. Ha escrito varios ensayos sobre historieta

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