Por Jordi Alberich — Portada

Jordi Alberich

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Forzadas a emprender 03/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Hace pocos días, una mujer joven me informaba del proyecto empresarial que está ya cerca de iniciar. Con la ilusión y fuerza propia de toda persona que, a su edad, se muestra dispuesta a emprender, me comentaba que eran varias las amigas que también estaban iniciando proyectos propios; personas bien formadas, con una trayectoria de años como empleadas en ocupaciones diversas y sin unos padres que les faciliten la vivienda.

Durante la conversación, me comentaba su satisfacción por vivir en España, un país que considera atractivo por muchas razones, desde la calidad de sus servicios públicos al clima de convivencia generalizado. Sin embargo, señalaba que lo peor es la calidad del empleo, pues ni ella ni ninguna de sus amigas dispuestas a emprender han accedido, desde hace años, a un puesto de trabajo decente, aquel que ofrece condiciones salariales suficientes y una perspectiva de desarrollo profesional a medio plazo. Ello, pese a disponer de titulación universitaria, experiencia y predisposición al trabajo. Así, concluía de manera un poco lacónica: “Tenemos ilusión por emprender, pero, de poder acceder a un empleo estable y suficiente, preferiríamos trabajar por cuenta ajena”. Es difícil un análisis más sencillo y certero del momento que vivimos.

Lo que se necesita son buenos empleos y, de forma natural, surgirán los emprendedores

Ello viene a confirmar cómo nuestro principal problema es la falta de buenas ocupaciones. Pese a la bondad de los indicadores macroeconómicos, una parte demasiado notable del empleo es de mala calidad. Por ejemplo, según datos oficiales, cerca del 55% de los asalariados perciben menos de 30.000 euros anuales, mientras que por debajo de los 45.000 euros se sitúa un 85% de la población. Si miramos lo que de ello queda como salario neto mensual, se entiende el malestar generalizado.

A su vez, la conversación me lleva a pensar en ese discurso dominante entre los defensores del capitalismo de nuestros días, que viene a denunciar la actitud acomodaticia de los ciudadanos y de cómo debe animarse a los jóvenes a emprender y dibujar su futuro por sí solos. Esta consideración, que ha ido calando en determinados ámbitos económicos, es incompatible con el buen capitalismo. Lo que se necesita son buenos empleos y, de manera natural, en una sociedad cohesionada y esperanzada, surgirán personas con espíritu emprendedor que, en su momento y sin que las circunstancias les obliguen, liderarán nuevos proyectos empresariales. Así ha sido a lo largo de la historia reciente, especialmente en los años de mayor progreso compartido.

Aportar ideas acerca de cómo generar esos buenos empleos no es nada sencillo, pero el primer paso es contradecir argumentos que, en el fondo, sólo sirven para legitimar un modelo que no se sabe adónde va. Aunque bien mirado, ya podemos observar hacia dónde se dirige: a favorecer el auge de extremismos políticos que amenazan con arrasar con los fundamentos de una sociedad decente y abierta.

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Fonte: Portada

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