“Es una inversión directa en longevidad”: la psicóloga Carmen Prieto explica la importancia de cuidar nuestros vínculos

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Por Marta Chavarrías — eldiario.es – eldiario.es

“Es una inversión directa en longevidad": la psicóloga Carmen Prieto explica la importancia de cuidar nuestros vínculos

La experta explica por qué las relaciones y la interacción social regular no solo son gratificantes, sino que también pueden contribuir a una vida más larga

Qué son los marcadores del envejecimiento humano y cómo mejorarlos

Con frecuencia oímos hablar de la importancia de la alimentación, el ejercicio y el sueño para vivir una vida más larga y saludable. Sin embargo, hay otro factor que es igual de esencial: la conexión social. Las relaciones y la interacción social regular no solo son gratificantes, sino que también pueden contribuir a una vida más larga. Por el contrario, el aislamiento social y la soledad se han relacionado con efectos negativos para las personas mayores, como depresión, enfermedades cardíacas y deterioro cognitivo.

“Cuidar nuestros vínculos es medicina preventiva de primer orden”, afirma Carmen Prieto psicóloga y directora de Nirán Psicología y Bienestar. Porque la soledad afecta a nuestro cuerpo y mente: “El cerebro procesa el aislamiento sostenido como una amenaza constante, elevando el cortisol y la inflamación, lo que acelera el envejecimiento celular”, añade Prieto. 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que entre 2015 y 2050 la proporción de la población mundial mayor de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22%. Unas cifras que muestran por qué es clave prestar atención al concepto de envejecimiento ‘activo’, porque envejecer bien no pasa solo por mantenerse físicamente sano sino también por mantenerse conectado. 

Conexión social: el tejido invisible de la longevidad

Los seres humanos somos sociales por naturaleza. Mantenernos conectados con los demás influye poderosamente en nuestro bienestar físico y emocional. Las relaciones sociales sólidas son el indicador más fiable de una vida larga. No hay vitamina más poderosa que una buena conversación. Si pudiera recetarse, la amistad y la conexión social se dispensarían en farmacias, porque, para envejecer bien, los lazos que nos sostienen tienen un gran poder (más allá de la genética y la salud).

Para Prieto, “tener personas que nos escuchan y acompañan ayuda a regular nuestro sistema nervioso y amortigua el impacto del estrés. Una buena red social nos aporta seguridad, pertenencia y refugio en momentos difíciles, de ahí que cuidar de nuestras relaciones no solo sea un hábito social: es una inversión directa en nuestra longevidad”, reconoce Prieto.

La evidencia científica lo corrobora. El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto (el más longevo, con más de 80 años de seguimiento) concluye que la calidad de las relaciones personales es el mejor indicador de la salud y la esperanza de vida. Pocos factores protegen contra el deterioro físico y mental como sentirse acompañado. La amistad, entendida como una red de apoyo emocional, no solo reduce el estrés o la depresión: fortalece el sistema inmunológico, mejora la mejora y retrasa la fragilidad. Es una ‘medicina’ social.

Podemos pensar que esta socialización se traduce en tener infinidad de amigos. Sin embargo, para envejecer con salud, “la calidad del vínculo siempre le gana a la cantidad. Necesitamos ‘personas refugio’, aquellas con las que podemos mostrarnos vulnerables, sentirnos escuchados y encontrar una auténtica seguridad emocional”, afirma Prieto. 

Esto no significa que los contactos cotidianos, los que mantenemos con los vecinos, con el dependiente de la panadería o de la frutería, no sean importantes. Todo lo contrario. Como explica Prieto, estos contactos “nos mantienen estimulados y conectados con el entorno. No se trata de acumular relaciones en la agenda, sino de construir una comunidad con significado porque una red saludable tiene raíces profundas y ramas abiertas hacia los demás”. 

Interacciones virtuales: ¿tienen el mismo efecto?

En una sociedad cada vez más digitalizada, podemos pensar que las interacciones virtuales, como las redes sociales o las videollamadas, pueden sustituir el beneficio psicológico del contacto cara a cara. Sin embargo, y aunque la tecnología es una gran herramienta para acercarnos, “no debería sustituir el encuentro presencial”, advierte Prieto. Porque no es lo mismo mirar una pantalla que una persona. “Nuestro cerebro social está diseñado para la presencia: necesita la mirada, el tono de voz, la gestualidad y el contacto para entender que ‘está a salvo’”, explica Prieto.

De ahí que se produzca una gran paradoja: “Podemos estar hiperconectados y, al mismo tiempo, profundamente solos; es lo que llamamos la ‘soledad conectada’, una de las grandes epidemias silenciosas de nuestro cuerpo”, matiza Prieto. “Solo el contacto cara a cara nos hace sentir verdaderamente vinculados, por tanto, para envejecer con vitalidad necesitamos mirarnos a los ojos”, explica Prieto.

Cómo fortalecer las conexiones sociales

Forjar vínculos sociales más sólidos es una habilidad que se puede cultivar, tengamos la edad que tengamos. Un primer paso para lograrlo puede ser priorizar la familia y las amistades cercanas, dedicando al menos un rato a la semana a compartirlo con ellos: una cena de domingo, una charla informal un viernes por la noche o un café el sábado por la mañana. Son reuniones informales que fortalecen los lazos afectivos. 

También ayuda participar en actividades comunitarias que combinen el movimiento físico con la socialización, como grupos de senderismo, clases de baile o clubes de lectura. Los grupos centrados en experiencias compartidas generan una sensación de familiaridad y satisfacción. Además, estos entornos facilitan la interacción entre las personas y la búsqueda de intereses comunes. 

Con el tiempo, estos grupos desarrollan su propio ritmo, empiezan a formarse bromas internas, rutinas compartidas y un sentido de identidad, lo que puede enriquecer la experiencia y transformar la participación casual en algo más significativo.

Planificar la jubilación emocional y social

Para Prieto, tan importante es planificar la jubilación económica como la “longevidad emocional y social. Una inversión que empieza también mucho antes que la vejez: cultivando amistades, recuperando aficiones y manteniendo un proyecto vital propio más allá del trabajo o del rol de padres”. 

Con la edad, la vida cambia de forma natural. Momentos como la jubilación o el nido vacío son momentos críticos de desconexión que muchas veces “conllevan un duelo de identidad, pero también son la oportunidad perfecta para reconstruirnos desde la curiosidad y el propósito”, afirma Prieto. Son cambios en la rutina de una persona que pueden influir en la frecuencia con la que nos relacionamos con los demás. “La longevidad emocional no se improvisa: se construye vínculo a vínculo”, concluye Prieto.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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