En las tripas de la factoría ‘Crims’: el día a día de Carles Porta como creador
Por Lilian Ana Neuman Martin — Portada
En las tripas de la factoría Porta
Setmana del Llibre en Català/Crónica negra
El periodista ha revolucionado el ‘true crime’ en Catalunya, en todos los formatos. Nos sumergimos en su día a día como creador

Carles Porta
Mané Espinosa

19/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Es temprano por la mañana. Un hombre, ni alto ni bajo, se acerca por un sendero. Lo distrae la aparición de una chica que acaba de cruzar para recuperar a su perro, que se le ha escapado. No ha sido ni un minuto, pero suficiente para que él detecte el tatuaje en el brazo de la joven. Observa a la gente, infiere sus biografías con pocos datos. Él lo llama “el joc de la vida”. También esa persona, quién sabe, podría ser posible testigo de un hecho criminal. Habrá que regresar a buscarla. También suele memorizar las matrículas de los coches. No puede evitarlo.
Poco después, en su estudio, volverá a su libro. Lleva siete años conversando con el protagonista de su próxima historia; siete años de grabaciones vertidas en unas ochocientas páginas de esto que el autor llama “la gran maestra que es la realidad”. Su héroe tiene tal calado que, esta vez, él mismo será el narrador. Para ello, para conseguir que su riquísima oralidad viaje al papel, el autor escribe un párrafo, lo deja, cree que no está mal. Pero cuando regresa a él, a la mañana siguiente, resulta que no, y vuelve a escribir. Lo conseguirá, sin duda. Por encima del aluvión de trabajo, de la escritura de guiones, y las incesantes reuniones con su equipo. Porque la decisión está tomada: a diferencia de sus libros anteriores, y de los casos narrados en radio y televisión, el narrador será el protagonista. Y punto (este “y punto” lo escribo yo, pero bien podría decirlo él).
⁄ ¿Qué queda entre tanta oscuridad? En palabras del propio Carles Porta: hay gente mala. Mala. Y punto. Y luego hay otros que son recuperables
Nadie nos enseña a tomar decisiones, se lamenta el Lolo, el chaval protagonista de su novela El dia que vaig marxar / El día que me fui (Columna/Planeta, 2017). El Lolo (una historia que tenía “clavada en el cap” y tenía que contar) es una mezcla de chavales de su juventud, con el hijo de un amigo incluido, y Lolo podría ser alguno de esos jóvenes descarriados que protagonizan los sumarios leídos y estudiados para Crims. Pero Carles Porta (Vila-sana, Lleida, 1963) sí supo tomar sus decisiones: mientras estudiaba periodismo y los fines de semana se iba a trabajar al diario Segre. Cuando dejó el bonito pueblo donde estudiaba inglés y acudió al llamado de TV3. Lo esperaba la gran decisión. La que lo hizo único, lo hizo para siempre. Un escritor de la estirpe del protagonista de La promesa de Friedrich Dürrenmatt. Tenacidad a muerte. Navaja suiza en cada relato. Y la promesa, “o autopromesa”, matiza él, en forma de montaña. Vamos a dejarlo solo un momento en su caminata; ya volveremos a él (y esto también lo copio de su estilo narrativo).
“El policía respondió”
Las oficinas de la True Crime Factory son diáfanas, tanto que al pasar se ve el panel con fotos y notas y flechas, como en la comisaría de Ley & Orden. Cuando Porta empezó con Crims, en 2018, era él y los colaboradores de Catalunya Radio. Hoy mismo, Mireia Buenaventura llega a la sala de juicios y la joven de seguridad, admiradora de la serie, le abre de inmediato.
Asistir a juicios es fundamental en la formación de un periodista. Los juicios, las versiones contrapuestas, deparan notables giros de guión. El sumario, afirma Miania Llorca (una de estas tres chicas sentadas en la sala de reuniones), es la novela de los hechos. Pero hay que saber interpretar los atestados, las nuevas pruebas que se incorporan (sin ir más lejos, lo veremos en el caso de Helena Jubany; y a ver qué ocurre con el doble crimen del pantano de Susqueda). Anna Punsí, coordinadora de contenidos, hace pocos días ha hecho esto: se ha subido a su coche, se ha ido al pueblo X y se ha presentado en el domicilio de un hombre que aparecía como sospechoso en un sumario que ella llevaba tiempo estudiando. No fue fácil.
A veces, ese primer hilo es el inicio de algo, otras veces la persona no quiere hablar. O es al revés y acuden a este equipo para pedirles ayuda. Es el caso de los tres hermanos de la notable serie documental Abandonados (Disney +). Aquellos tres hermanitos bien vestidos y alimentados, pero abandonados en la Estación de Francia, en 1984, decididos a desvelar el misterio de sus orígenes. Y de esa historia todavía hay hilos de donde tirar.
No hay momento en la conversación en que no estén atentas, que no se recuerden, unas a otras, detalles de dossiers. Que no se corrijan imprecisiones. Se les abren los ojos, ilusionadas ante una posible nueva información. Recuperan asuntos no resueltos, investigan y recrean el contexto. Un policía llama un día a la productora, porque llegó a la jubilación con “una espina clavada”; una de las historias escritas por Anna Punsí que puede leerse en Impacte/ Impacto. Se han ganado la confianza de familiares de víctimas, quienes participan en los tres episodios de El doble crim de Bellvitge, que vino a aclarar mucho (mucha mentira amarilla) sobre aquel doble asesinato de 2004. No hay dato, por mínimo que fuera, que no hayan contrastado. “Somos narradoras, pero no olvidamos que somos periodistas”. No se cargan las tintas. El policía no respondió de manera contundente. Simplemente “el policía respondió”; y ya el lector, el oyente, el espectador, verá esa contundencia. Como dice Porta (admirador de Ferdinand von Shirak): el adjetivo caduca, los hechos no.
Para conocer de verdad a alguien
Sería imposible contabilizar cuántas historias escuchó este hombre mi alto ni bajo que camina con su perra. Ni cuántas noticias de periódicos recortó y pegó en sus numerosos cuadernos guardados por su madre, durante años. Cuántos sumarios leyó (además de leer a Henning Mankell) con cuantos juzgados peleó para que, justamente, le dejasen acceder al sumario. Y a cuánta gente escuchó.
De la gente empezó a aprender a 1.649 metros sobre el nivel del mar. Tor es la montaña a la que subió por primera vez en enero de 1997, para esclarecer un crimen. Deténgase el espectador en el primer reportaje publicado en 30 Minuts, en las fisonomías y actitudes de los de allí. Carles Porta es un chico con cara de buen chaval, acompañado de un cámara que, como ahora mismo me puntualiza (¡los detalles; los detalles lo son todo!), era una Betacam negra de diez kilos encima del hombro, con la que apuntaba a los del lugar. Pero allí arriba las cosas no son como la gente cree. No. No. Porta afloja el paso, cuando llega el momento de detenerse en algo: “Uno llega allí, dice hola. Pero no te dicen hola, ¡no, no! Primero te miran, te examinan, y entonces deciden, primero, si te contestarán. Luego, tal vez sí te digan hola. Pero no te dirán nada más”.
Ni una palabra más, hasta no tener claro si ese joven inquieto es un foraster, un passavolant, un turista. Como bien le dirá Palanca —uno de los dos grandes personajes de Tor, “un tipo que estudió en los maristas de Lleida, que tenía todos los estudios que quieras y que decidió ser un salvaje, un caballo más”— para conocer de verdad a alguien “t’has d’haver menjat un sac de sal”. El joven Carles Porta se dio cuenta de que tenía que volver solo a Tor y a su crimen. Sin cámara. Y volvió otra vez, y nunca dejó de volver. Así llegó a entender a Palanca, llegó a comprender a tantos otros que aparecen en su reportaje. La cifra de ejemplares vendidos de esa obra en la que el trabajo editorial y de lsabel Martí y Josep María Espinàs no merece otra cosa que gratitud —“Isabel me enseñó todo, a puntuar, la musicalidad, el orden de las frases”— fue saltando de 15.000 primeros ejemplares en Navidad de 2005 a una tirada de 25.000 para Sant Jordi. Y la obra –con admiradores rendidos como Joan de Sagarra y Llàtzer Moix en este periódico– no ha dejado de vender.
Luz en la oscuridad
¿Qué queda entre tanta oscuridad? En palabras de Carles Porta: hay gente mala. Mala. Y punto. Y otros que son recuperables. A todos escuchan, se esfuerzan en ser neutrales. Se mimetizan con su material humano. Son testigos casi imperceptibles, desapercibidos. Para luego darle un giro copernicano al asunto; y entonces apuntan al oyente, al lector, al espectador. ¿Cómo lo hace Anna Punsí, cuando refleja el testimonio de una madre cuya niña ha sido asesinada? Su libro se llama L’amor que sempre queda (Columna). ¿Puede ser esa la pista, entre tanto dolor?
En su despacho, Porta tiene un retrato suyo, dibujado por una “parte implicada” en un famoso caso. Formas de amistad distinta, circunstancial pero verdadera; los aliados que el héroe conoce a lo largo de su viaje solitario.
¿Y qué hay de la promesa? ¿Tor no terminará jamás? ¿Es capaz de darle un punto final? ¿Ha llegado a la edición definitiva? Con esas preguntas se termina este encuentro. Como debe ser. Sin adjetivos (yo pondría tipo encantador, con un fondo de buena educación y cariño desde casa, sensible y tirando a formidable; pero Porta me los va a vetar todos). Eso sí, para su equipo se deshace en elogios.
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Carles Porta Impacte. Les cares del mal / Impacto. Las caras del mal La Campana / Reservoir Books, Trad. al castellano: Ana Ciurans Ferrnándiz, 320/304 páginas, 21,90 euros
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Carles Porta Tor, tretze cases i tres morts / Tor, trece casas y tres muertos, Edición definitiva, La Campana / Reservoir Books Trad. al castellano: Xavier Theros, 408 páginas, 22,90 euros
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