El volumen de los fondos de alto riesgo se triplica hasta los 13 billones de dólares en una década
Por Piergiorgio Sandri — Portada
El volumen de los fondos de alto riesgo se triplica hasta los 13 billones de dólares en una década
Cumbre financiera de otoño del FMI
El Fondo Monetario Internacional (FMI) alerta del peligro de sacudidas en los mercados mundiales

Un operador en Wall Street CHARLY TRIBALLEAU / AFP)
CHARLY TRIBALLEAU / AFP

Barcelona
06/10/2026 16:15 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Los hedge funds, o fondos de alto riesgo, han experimentado una expansión espectacular en la última década hasta triplicar el valor de sus activos, alcanzando los 13 billones de dólares: prácticamente la riqueza equivalente a diez veces el PIB de España.
La concentración es extrema: 16 gestoras manejan un tercio de todo el capital
Se trata de un verdadero gigante financiero que ha multiplicado su volumen apoyándose en el endeudamiento masivo y en operaciones de alta especulación, una combinación capaz de agravar las turbulencias tanto en la renta variable como en la deuda pública.
La advertencia procede del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha adelantado hoy martes un capítulo de su reputado Global Financial Stability Report en vísperas de su cumbre de otoño, que se celebrará la próxima semana en Bangkok (Tailandia).
El peso de los fondos especulativos en la deuda de EE.UU. se ha incrementado
Aunque estos vehículos representan una porción modesta dentro del ecosistema financiero no bancario (apenas un 5%), su huella en los mercados es desproporcionada debido al uso intensivo del apalancamiento y los instrumentos derivados. Para bien y para mal.
En momentos de calma, su labor puede resultar hasta estabilizadora. Como señala el propio FMI, estos actores “aportan liquidez, ayudan a corregir anomalías en los precios y facilitan que la información se incorpore con rapidez a las cotizaciones”. Al buscar gangas y comprar acciones cuando los precios caen, amortiguan el desplome de ciertos títulos.
Sin embargo, cuando llega la marejada, el comportamiento de los fondos especulativos cambia de signo y tiende a amplificar las reacciones del mercado. Si en la bonanza aceleran la euforia, en los momentos de pánico profundizan las caídas. La clave de esta vulnerabilidad reside en su elevadísima concentración.
Según las estimaciones del organismo, apenas 16 grandes gestoras tienen más de 20.000 millones cada uno y controlan más de un tercio de todo el capital del sector. Esto implica que las carteras de los distintos fondos son cada vez más mimetizadas y similares. Esta coincidencia estratégica eleva de forma drástica el peligro de ventas en estampida: si varios de estos gigantes deciden deshacer posiciones de forma simultánea, el resultado es un desplome en cadena.
El FMI remarca que, en episodios de tensión, las acciones más expuestas a estos fondos registran una volatilidad unos 10 puntos porcentuales superior y sufren caídas máximas 4 puntos mayores que el resto.
El segundo gran factor de riesgo es su apalancamiento. El endeudamiento extremo actúa como correa de transmisión del contagio hacia los prime brokers, las grandes entidades bancarias que actúan como sus prestamistas y proveedores de liquidez. Cualquier quebranto serio en la operativa de estos fondos impactaría de lleno en sus balances, con repercusiones se harían notar al resto de la banca.
No es sólo el cómo. Es el dónde. En este sentido, conviene no perder de vista el frente de la deuda pública. La presencia de los hedge funds en el mercado de bonos soberanos se ha más que duplicado desde 2022, con un sesgo muy marcado hacia los títulos del Tesoro de Estados Unidos. En este segmento, su cuota de mercado ha pasado del 4% al 9% en apenas tres años. Todo ello ocurre en un momento en que los Treasuries estadounidenses muestran una inusual fragilidad, con rendimientos situados en niveles que no se veían desde el 2002. Una bomba de relojería latente en el corazón del sistema.
Someter a control a estos actores no es tarea sencilla, y el FMI lo reconoce abiertamente. “Los hedge funds siguen siendo intrínsecamente opacos, lo que dificulta una evaluación exhaustiva de los riesgos debido a la enorme heterogeneidad entre fondos, la rapidez con la que cambian sus exposiciones y el apalancamiento oculto en los derivados”. Además, el 70% del capital se capta a través de estructuras offshore en jurisdicciones de baja tributación, con las Islas Caimán, Luxemburgo, Irlanda y Estados Unidos a la cabeza.
A pesar de estas complejidades, la institución con sede en Washington urge a estrechar la vigilancia, imponer un techo al apalancamiento y garantizar que los bancos centrales mantengan la capacidad de actuar como cortafuegos de última instancia si el mercado colapsa.
En una arquitectura económica donde el capital y las finanzas tienen cada vez más peso , el FMI asume de forma implícita una realidad incómoda: los fondos de alto riesgo han dejado de ser un mero jugador secundario para convertirse en el motor —y a la vez el fusible— del sistema. Pero ¿se puede ser las dos cosas al mismo tiempo?

Piergiorgio M. Sandri
En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.
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