El Paisaje Dulce y Salado, el rincón manchego que aspira a patrimonio de la Unesco

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Por Noelia Ferreiro — Portada

El Paisaje Dulce y Salado, el rincón manchego que aspira a patrimonio de la Unesco

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Atravesado por dos ríos y dotada de una rica historia, este espacio natural de Guadalajara pretende formar parte de la lista de la Unesco no sólo por su belleza paisajística sino también por su valor etnológico y ecológico

Salinas de Imón, en Sigüenza

Salinas de Imón, en Sigüenza

Josep Curto

Noelia Ferreiro

14/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Así como la gastronomía moderna se rinde a la combinación de lo dulce con lo salado (swavory lo llaman en inglés), hay un rinconcito de Guadalajara que guarda en sus entrañas estos opuestos como si de un contraste de sabores se tratara. A lo largo de unos 220 kilómetros cuadrados, lo salado y lo dulce conforman el territorio que se extiende entre la villa de Atienza y la ciudad de Sigüenza, ejerciendo su influjo no sólo en el entorno natural sino también en el humano.

Ruinas del castillo junto a la garganta del río Dulce, en Pelegrina
Ruinas del castillo junto a la garganta del río Dulce, en Pelegrina Getty Images

Esta convivencia en un mismo conjunto de manantiales de agua dulce y salinas de gran pureza es la que hace que este lugar, al que se ha dado el hermoso nombre de Paisaje Dulce y Salado, haya sido incluido en la lista indicativa de España para aspirar a ser declarado patrimonio mundial por la Unesco. Una decisión que se tomará a lo largo de 2027 y que basa su merecimiento en tratarse de un lugar excepcional, con dos almas, en el que reside un gran valor paisajístico, etnológico y ecológico.

Dos ríos, dos sabores

Es el río Salado el que vertebra el norte de este espacio, en el que descansa, además, un riquísimo patrimonio histórico y artístico. Un río que es la fuente de abastecimiento y el origen de la que, desde la edad media, fue la principal zona de producción de sal del interior de la península Ibérica: las explotaciones ancestrales de Gormellón, la Olmeda e Imón, las más ricas del reino, cuyos beneficios sirvieron en el siglo XII para financiar las obras de la catedral de Sigüenza. Unas salinas que, con sus albercas, norias y cocederos, han llegado hasta hoy en un excelente estado.

Este entorno fue el que cautivó a Félix Rodríguez de la Fuente, quien lo convirtió en el plató natural de ‘El hombre y la tierra’

Como contrapunto a estos parajes yermos y desarbolados, el río Dulce domina el sur del territorio, moldeando a su paso un espectacular catálogo de hoces y gargantas, campiñas y tierras agrícolas, vegas y huertas lustrosas que contrastan con los baldíos y que dan vida a pueblos como Pelegrina y La Cabrera. En sus inmediaciones se extiende el parque natural Barranco del Río Dulce, dominado por un profundo cañón cincelado por la corriente, a cuya vera crecen los quejigos, las sabinas y los enebros. 

Es todo un paraíso para los senderistas gracias a sus rutas encajonadas entre agua, roca y vegetación, que discurren en paralelo a la brecha. Alzando la vista, es fácil dar con buitres leonados, águilas reales, halcones peregrinos y chovas piquirrojas sobrevolando las paredes escarpadas. Y en las riberas, cada tanto irrumpen garzas, ánades reales, algún simpático martín pescador.

Amigo Félix

Mirador de Pelegrina, homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente en el parque natural del Barranco del Río Dulce
Mirador de Pelegrina, homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente en el parque natural del Barranco del Río Dulce Getty Images

Este mismo entorno privilegiado fue el que cautivó a Félix Rodríguez de la Fuente, quien lo convirtió en el plató natural de su serie televisiva El hombre y la tierra. Es aquí donde el famoso naturalista rodó aquella escena impactante en la que una cabra montesa es atrapada por las garras de un águila y transportada por los aires bajo las hoces poderosas. En su memoria, el hoy llamado mirador de Félix Rodríguez de la Fuente permite admirar la grandiosidad del paisaje desde un elevado promontorio.

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Nada como asomarse al abismo del barranco, ver desplomarse a lo lejos la cascada del Gollorio y rememorar aquella célebre sintonía que pervive en el corazón de quienes ya peinan canas. Por si fuera poco, en el fondo del valle, se puede visitar la Caseta de Félix, en la que el hombre que enseñó a España a amar la fauna salvaje instaló no sólo su campamento base sino también el almacén en el que guardaba el material de grabación. Numerosas rutas para caminantes y bicicletas permiten descubrir la huella que ha dejado para siempre en estos rincones, emplazados a tan sólo una hora y pico del bullicio de Madrid.

Guardianes del territorio

Molino de Alcuneza, un hotel boutique emplazado en el entorno en lo que en el siglo XV fuera un molino de piedra
Molino de Alcuneza, un hotel boutique emplazado en el entorno en lo que en el siglo XV fuera un molino de piedra Norlia Ferreiro

Profundamente comprometido con esta candidatura del Paisaje Dulce y Salado a patrimonio mundial está Molino de Alcuneza, un exquisito hotel boutique emplazado en el entorno en lo que en el siglo XV fuera un molino de piedra. Y no sólo porque en su catálogo de actividades están las visitas guiadas a este lugar extraordinario, sino también porque su proyecto llamado Guardianes del Territorio supone una apuesta por los productores locales comprometidos con el paisaje y la tradición. Son ellos los que conforman el alma de su cocina, comandada por el chef Samuel Moreno, que figura en el codiciado firmamento Michelin.

“La idea es crear un tejido para que la producción rural mantenga vivo el territorio”, explica su hermana, Blanca Moreno, directora y copropietaria de este hotel que lleva la firma de Relais & Château. Más allá de unas bondades gastronómicas que tienen al pan como hilo conductor (“no podía ser de otra forma en esta tierra de cereal, considerada el granero de Europa”, apunta), presume de un reconfortante spa, un salón con chimenea y una maravillosa piscina en la que refrescarse cuando el clima apremia. Para cuando no, está el confort de las habitaciones, sofisticados refugios de madera y piedra que hacen alarde de buen gusto y que permiten contemplar, desde sus ventanales, la magia de este ecosistema cultural e histórico que merece ser preservado para la humanidad.

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