El oficio de no pensar en nada
Por Leticia Sala — Portada

Leticia Sala
Escritora
El oficio de no pensar en nada
Artes y oficios
21/09/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Las personas que no encontramos confort del alma en una iglesia nos pasamos la vida buscándolo en otros lugares mundanos. Hace un año creí haber tocado casa en uno de ellos: la sauna.
Tardé tiempo en tomar la decisión de desapuntarme de un gimnasio que no me cuadraba en nada salvo por su perfecta sauna seca. Nunca sabré qué era: si el crujido de la madera al pisar, poder ir desnuda al ser solo de mujeres, extender mi toalla blanca y caliente y dedicarme al oficio de no pensar en nada.Amaba aquellos momentos en los que, mirase donde mirase, solo veía madera (el material más noble que existe) y mujeres. ¿En qué debían de estar pensando? Me sentía extrañamente unida a ellas. Si ningún cartel obligaba a no hablar, aquel silencio era todavía más sagrado.

Pero es septiembre y he decidido echar las cuentas. Todo está bien con el nuevo gimnasio menos por una cosa: la sauna. Está demasiado caliente y es demasiado pequeña, pero nada es tan grave como que aquí se viene a socializar. Por eso escucho conversaciones ajenas.
Lo sé, lo sé: soy escritora. Es como si a una costurera le dijeran que le dan hilo gratis y se quejara. ¿Pero qué pasa cuando te ves atrapada en un diálogo infame? Esta mañana he compartido capilla con dos hombres hablando de cómo sería ir en un barco a Eivissa con Ashley y Emily. Algún día se me girará la tortilla y terminaré gritándoles que la sauna no es buena para sus espermatozoides. Pero por ahora me resigno. He decidido hacer como ellos y recrearme en mis propias fantasías: ¿por qué debe haber silencio en una iglesia o en un museo y no delante del mar o en una sauna? ¿Por qué se puede hablar en el vagón del metro, pero no en un cementerio?
¿Por qué debe haber silencio en una iglesia o en un museo y no delante del mar o en una sauna?
Como ellos no se decidían sobre si invitar a Megan o no, yo seguí con lo mío: ¿cuándo no debería imperar el silencio? Ante un abuso, seguro. ¿Pero y entre dos amigos a los que la ausencia de palabras ha separado tanto que ya no se reconocen? ¿Y entre dos hermanos que callan por fidelidad a sus padres?
Puede que una de las grandes cosas en que fallamos sea elegir callar cuando hay que hablar y hablar cuando habría sido mejor callar. En fin, dinamitaron mi encuentro con Dios. Pero quizá no todo el silencio que se rompe sea malo. No vi a Dios como yo esperaba. Me hicieron imposible dejar de pensar, pero me dieron la idea para estrenarme como columnista en este periódico.
Mostrar comentarios
Fonte: Portada