El mundo tampoco se acabará el 13 de noviembre
Por AFP AFP — Portada
El mundo tampoco se acabará el 13 de noviembre
Profecías apocalípticas
Un grupo de científicos predijo en 1960 que el día del juicio final llegaría por el colapso demográfico

La población mundial supera en estos momentos los 8.300 millones de personas
kycstudio / Getty
MARIA GUARINOS
Barcelona
11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El 13 de noviembre de 2026 es una fecha singular en la historia de las predicciones científicas. En 1960, la revista Science publicó un artículo que planteaba un escenario tan llamativo como cuestionable: si la población mundial continuaba creciendo al ritmo observado, acabaría tendiendo al infinito y ese hito, el “día del juicio final”, se cumpliría, precisamente, dentro de un mes y dos días, el próximo 13 de noviembre. Según dijo uno de los creadores de esta predicción a la revista Time “nuestros tataranietos no morirán de hambre. Morirán aplastados”.
A lo largo de la historia, las civilizaciones han intentado poner fecha al final de nuestra existencia mediante teorías religiosas, como las interpretaciones apocalípticas del año 1000, fenómenos astronómicos, como los temores relacionados con el cometa Halley, e interpretaciones erróneas de otras culturas, como la supuesta profecía maya de 2012. Habitualmente, estas predicciones han presentado, como es lógico, el fin del mundo como una catástrofe. Sin embargo, en 1960, un grupo de investigadores recurrió a las matemáticas para explorar un escenario diferente: el crecimiento ilimitado de la población humana.
Como la realidad histórica se distanció de lo que decía la teoría sobre el fin de la humanidad
El estudio Doomsday: Friday, 13 November, A.D. 2026, firmado por el físico Heinz von Foerster y los investigadores Patricia M. Mora y Lawrence W. Amiot, en 1960, analizaba la evolución demográfica mediante un modelo matemático. Sus autores no pretendían anunciar una catástrofe, sino extrapolar la tendencia de crecimiento de la población hasta sus últimas consecuencias matemáticas.
La fecha propuesta contenía, además, una coincidencia un tanto irónica, ya que el 13 de noviembre era el cumpleaños de uno de sus teóricos, Heinz von Foerster. Este detalle hizo despertar todavía más la curiosidad en torno a una investigación cuyo resultado parecía anunciar el fin de la humanidad.
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Para comprender cómo llegaron a esta conclusión, hay que remontarse al siglo XX, cuando la población mundial experimentaba una rápida expansión gracias a las mejoras agrícolas, alimentarias y sanitarias. Los investigadores identificaron un patrón de crecimiento que podía representarse mediante una curva hiperbólica, caracterizada por un aumento cada vez más acelerado. Al estudiar matemáticamente esta tendencia, el modelo conducía a que había un punto en el que los valores tenderían al infinito. El cálculo situaba ese límite el 13 de noviembre de 2026.
Sin embargo, el resultado contenía ciertas limitaciones, ya que dependía de la condición de que la población continuara creciendo según el patrón. El modelo no podía garantizar que esa tendencia se mantuviera a lo largo de las siguientes décadas, ni incorporara toda la complejidad que supone la evolución demográfica, condicionada por factores como la natalidad, la mortalidad, los recursos y los cambios sociales.
Desaceleración
La realidad es que el crecimiento demográfico se ha desacelerado respecto a la tendencia histórica del estudio
Con el paso del tiempo, el crecimiento demográfico se ha desacelerado respecto a la tendencia histórica del estudio. Por ello, la fecha de 2026 no es una predicción literal del fin del mundo, sino el resultado de una teoría matemática que deja de describir la realidad cuando esta cambia.
Más de seis décadas después de su publicación, el estudio sigue siendo un ejemplo de cómo una fórmula puede producir un resultado aparentemente apocalíptico sin que este implique una catástrofe real. La ecuación no anunciaba el final de la humanidad; más bien, mostraba los límites de proyectar una tendencia del pasado hacia un futuro indefinido.
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