El despertar de los comunistas rusos: cómo han pasado de complacer a Putin a sufrir la represión del régimen

0

Por Albert Sort Creus — eldiario.es – eldiario.es

Fotografía de archivo del líder del Partido Comunista de Rusia, Guennadi Ziugánov.

El líder del partido, Guennadi Ziugánov, intenta mantener la lealtad al Kremlin, mientras las bases denuncian la manipulación electoral, critican la guerra y sufren la persecución del Estado

Unos 60 detenidos en Moscú en un acto del Partido Comunista que desembocó en una protesta contra Putin

Lo que el 4 de octubre comenzó en Moscú como una manifestación autorizada de los comunistas rusos para rechazar el golpe constitucional de Borís Yeltsin, en el trigésimo tercer aniversario de aquel episodio, terminó abruptamente con gritos de “¡abajo el zar!”, cargas policiales y unos 60 jóvenes activistas detenidos.

El Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR), una formación que desde la caída de la Unión Soviética ha sido la principal fuerza de oposición del país, se ha ido desdibujando en el teatro político de Vladímir Putin a raíz de la invasión de Ucrania, que sus líderes respaldaron con fervor.

Pese a ello, la delicada situación económica y los bloqueos de internet han crispado a sus simpatizantes más jóvenes, que vinculan estos problemas a la guerra. Las denuncias de manipulación de las recientes elecciones legislativas y la persecución de algunos de sus miembros han sido la gota que ha colmado el vaso para muchos dirigentes regionales y militantes, deseosos de un cambio en un tablero de juego cada vez más reducido.

Su presidente, el histórico Guennadi Ziugánov, que siempre ha navegado entre la lealtad a Putin y la protesta calculada, se encuentra entre la espada y la pared. Si mantiene la complacencia con el poder y desautoriza a los disidentes, se arriesga a romper con su base y a quedarse sin el escaso margen que aún tiene para hacer política. Ahora bien, también sabe que, si no es capaz de controlar a la militancia y se convierte en un foco contestatario dentro del sistema, la supervivencia del partido podría estar en cuestión.

El dilema de Ziugánov

Los lemas de los jóvenes participantes en la concentración contra el golpe de 1993 sorprendieron e indignaron a los veteranos comunistas. El cántico aprobado por la dirección era “¡no a la persecución política!”, pero algunos grupos empezaron a gritar contra la guerra, contra el organismo regulador de internet y contra Rusia Unida, el partido de Putin.

Según explica a elDiario.es el exdiputado comunista en la Duma de Moscú Yevgueni Stupin, la proclama que desencadenó las represalias fue “¡abajo el zar!”. “Evidentemente, es un lema que se asocia a Putin y parece que la policía consideró que era inadmisible”, dice. Lamenta que los agentes hicieran un uso “injustificado y desproporcionado” de la violencia contra manifestantes desarmados y pacíficos.

Se trata del mayor número de arrestos en una movilización comunista desde antes de la guerra. Este suceso insólito en una Rusia donde las muestras de descontento colectivo son sofocadas con dureza demuestra que hay una generación que busca vías para expresar su malestar.

“Históricamente, si eres una persona joven en una ciudad de provincias rusa y quieres hacer política de oposición, criticar a Rusia Unida y cuestionar el sistema, tienes que afiliarte al Partido Comunista”, apunta a este diario Iliá Budraitskis, historiador y analista político ruso, experto en la izquierda postsoviética.

Desde su punto de vista, en este contexto, el papel de Ziugánov ha consistido en “jugar según las reglas del sistema”, mientras intentaba mantener el partido como “una especie de espacio seguro para estos jóvenes”. Ahora, sin embargo, cree que este equilibrio “podría quedar en entredicho”.

Históricamente, si eres una persona joven en una ciudad de provincias rusa y quieres hacer política de oposición, criticar a Rusia Unida y cuestionar el sistema, tienes que afiliarte al Partido Comunista

Iliá Budraitskis
— Historiador y analista político

El líder comunista también debe lidiar con las críticas de algunas ramas de la formación que se niegan a reconocer los resultados electorales. Es el caso de la facción de Irkutsk, que califica la votación de “ilegítima” y advierte del riesgo de una “explosión social”, o de la federación de Tiumén, una de las pocas que ha recibido permiso para salir a la calle a protestar contra lo que considera la falsificación de los comicios.

No es la primera vez que los comunistas se sienten estafados tras unas elecciones. Ya ocurrió en los anteriores comicios legislativos, pero algunos expertos creen que el clima social está mucho más caldeado. “Esta vez es claramente diferente porque el régimen político se ha transformado desde el inicio de la guerra y se ha vuelto mucho más represivo”, señala Budraitskis.

“Aplastar todo el espacio de la oposición”

Hace cinco años, indica el politólogo, habría sido “inimaginable” que se detuviera a activistas de izquierdas como Dmitri Morozov. Este joven de Udmurtia, que había recibido autorización para convocar una protesta contra el fraude electoral, ha sido acusado de posesión de drogas, unos cargos que su familia niega. El caso recuerda al reciente encarcelamiento del analista Aleksander Kínev después de denunciar la manipulación del escrutinio.

Stupin no ve “un punto de inflexión” en esta deriva, sino que cree que se enmarca en la “tendencia general” a ir “aplastando sistemáticamente todo el espacio de la oposición”, y destaca que la represión contra el espacio comunista no es nueva. Budraitskis, en cambio, sí lo interpreta como una ruptura y vaticina que figuras jóvenes y populares del partido, como Nikolái Bondarenko, a quien se vetó en las elecciones, acabarán siendo detenidas.

El historiador cree que Ziugánov y su entorno “están absolutamente dispuestos a traicionar a sus propios militantes” y que, por tanto, “no opondrán ninguna resistencia seria” a esta persecución. Sin ir más lejos, señala que, pese a criticar la manipulación y la descalificación de candidatos, el PCFR ha reconocido los resultados electorales, “una de las condiciones necesarias para que el partido pueda existir legalmente dentro del sistema político ruso”.

Fotografía de archivo del líder comunista Guennadi Ziugánov.

Fotografía de archivo del líder comunista Guennadi Ziugánov.

Uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta Ziugánov a la hora de conciliar la subordinación al régimen y la crítica a las políticas del Gobierno es que el Partido Comunista mantiene su apoyo a la invasión de Ucrania. “Es muy difícil criticar los recortes en gasto social sin tener presente el motivo por el que se están aplicando”, argumenta Budraitskis, que añade: “Cuestiones como la vivienda, la educación y la sanidad serán cada vez más importantes, más dolorosas para la población y más vinculadas a la guerra en curso”.

Una visión que no comparte la dirección del partido, que en el programa de campaña de las elecciones volvió a vincular la necesidad de un giro a la izquierda con la victoria en Ucrania. “Sin un cambio constructivo, no podremos vencer a los terroristas y construir un futuro feliz. O bien garantizamos la seguridad, o bien los restos fascistas en Europa y los drogadictos de Bandera en Kiev nos dictarán sus reglas”, rezaba el texto.

Aun así, Ziugánov es consciente de que las leyes de censura digital y de persecución política son muy impopulares. Por eso intenta, sin éxito, tirar de Putin y de los servicios secretos hacia posiciones menos iliberales, criticando los cortes de internet y los castigos por mostrar símbolos extremistas en línea.

Ziugánov llegó incluso a advertir al Gobierno del peligro de una oleada de protestas ante el hartazgo de la población. “Si no tomáis urgentemente medidas financieras, económicas y de otro tipo, nos enfrentaremos a lo que ocurrió en 1917. ¡No tenemos derecho a repetirlo!”, declaró en el Parlamento ruso, insinuando el riesgo de una nueva revolución comunista.

“Creo que entiende perfectamente que este es un momento muy peligroso. El régimen avanza hacia una dictadura totalitaria real, en la que ya ni siquiera existen las reglas actuales de la llamada democracia gestionada, y se da cuenta claramente de que incluso la existencia legal del partido podría quedar en entredicho”, dice Budraitskis.

“Si el FSB [el antiguo KGB], que es el verdadero poder de este país, decide que es demasiado arriesgado mantener un partido de este tipo dentro del sistema, podría prohibirlo o la actual dirección podría ser sustituida por personas designadas directamente desde la Lubianka [la sede de los servicios secretos]”, continúa el experto.

Budraitskis está convencido de que Ziugánov es “un hombre con mucha confianza en sí mismo” y que está “absolutamente dispuesto a jugar según las reglas del sistema político actual”. No obstante, se pregunta qué ocurrirá cuando se retire. El político tiene 82 años y, a juicio del experto, “no hay ninguna garantía de que el partido siga existiendo tras su dimisión”.

Tres décadas de supervivencia

Guennadi Ziugánov lleva 33 años al frente del PCFR, desde su fundación. Se reivindica heredero del PCUS, el Partido Comunista de la Unión Soviética, ilegalizado después del intento de golpe de Estado contra Mijail Gorbachov en 1991.

Desde sus inicios, la organización ha hecho bandera de la reivindicación del legado soviético, la oposición a la economía de mercado y el patriotismo, a la vez que ha defendido posiciones muy conservadoras en cuestiones relacionadas con el feminismo, la homosexualidad y la natalidad.

En 1995, ganó las elecciones legislativas, aunque Yeltsin mantuvo un Gobierno conservador favorable a las reformas económicas liberales. Un año después, Ziugánov estuvo a punto de derrotarlo en las presidenciales, en unos comicios que los comunistas siempre han denunciado como amañados.

En 1999, el PCFR volvió a ganar en la Duma, pero Yeltsin apostó de nuevo por su primer ministro, un desconocido Vladímir Putin. Con la llegada de Putin al Kremlin en el año 2000, las cosas cambiaron para los comunistas. El impulso de Rusia Unida y la creación de un nuevo sistema político todavía más centralista arrinconaron al Partido Comunista, que se convirtió en un partido de protesta.

Durante el ciclo de contestación de 2011 y 2012, el último gran estallido social del putinismo, la oposición liberal empezó a disputar el espacio a los comunistas, que finalmente cerraron filas con el Gobierno en 2014, cuando apoyaron la anexión de Crimea.

Este es un momento muy peligroso. El régimen avanza hacia una dictadura totalitaria real, en la que ya ni siquiera existen las reglas actuales de la llamada democracia gestionada, y se da cuenta claramente de que incluso la existencia legal del partido podría quedar en entredicho

Iliá Budraitskis
— Historiador y analista político

Este movimiento, que el PCFR llevaba años reclamando, fracturó a la izquierda rusa entre patriotas e internacionalistas, pero Ziugánov no dudó en situar a su formación en el primer bloque.

Aunque los comunistas habían sido precursores de la nueva Rusia nacionalista, beligerante y enfrentada a Occidente, Putin capitalizó los réditos de ese giro y los comunistas continuaron en una posición subalterna, algo que se repetiría en 2022.

El partido recuperó protagonismo en la protesta social en 2018, con la polémica reforma de las pensiones, que pretendía elevar la edad de jubilación. Se opuso a ella, consciente de que buena parte de su electorado estaba compuesto por pensionistas y trabajadores mayores de 60 años. En 2020, el PCFR también rechazó la reforma constitucional que permitiría a Putin mantenerse en el poder hasta 2036 y, un año después, salió a la calle para denunciar la manipulación del voto electrónico en las elecciones legislativas.

Todo cambió en 2022. Al igual que había pasado con Crimea, ya antes de la invasión, diputados comunistas exigieron el reconocimiento de las denominadas “repúblicas” separatistas del Donbás. Cuando Putin ordenó el inicio de las operaciones militares, la dirección del partido respaldó de inmediato al presidente y sancionó e incluso expulsó a los miembros de la organización que se opusieron a la guerra, como Stupin.

Desde entonces, la retórica comunista ha sido indulgente con Putin, bajo el pretexto de la unidad nacional frente al enemigo. De hecho, en las últimas presidenciales, las de 2024, el PCFR presentó como candidato al veterano Nikolái Jaritónov, que apareció como un comparsa del candidato oficialista. Durante la campaña prometió que no criticaría a Putin y llegó a elogiarlo, argumentando: “Todos estamos en el mismo equipo en este momento difícil para el país”.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *