El Correo Ilustrado
La Jornada
Hace algunos años (varios) invité a comer a mi hijo adolescente a un restaurante. Mientras compartíamos la mesa, Rodri estaba pegado a su celular. Cuando le preguntaba algo, me contestaba, pero seguía en su dispositivo. Estaba en la duda de quitárselo o seguir juntos en cuerpo, pero separados en comunicación. De repente tomé mi celular y le mandé un mensaje al suyo: “Hola, Ro, si prefieres, podemos estar en comunicación por aquí”. Se me quedó viendo con sorpresa, como descubriendo que estábamos juntos. Nos reímos mucho, dejamos los celulares y terminamos de comer con una rica plática.
Fonte: La Jornada