El biopic de Anthony Bourdain se salta los cines en España y llega directo a Prime Video
Por Iker Morán — Portada
El biopic de Anthony Bourdain se salta los cines en España y llega directo a Prime Video
Cine y gastronomía
‘Tony’, el filme protagonizado por Dominic Sessa y Antonio Banderas, retrata los años de juventud del célebre chef en una historia entretenida, aunque algo alejada de su fascinante trayectoria gastronómica
Anthony Bourdain, el chef mordaz que mostró la cara más oscura de las cocinas profesionales

Dominic Sessa y Antonio Banderas protagonizan ‘Tony’, el biopic de Anthony Bourdain
A24
20/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Igual Anthony Bourdain no era tan conocido como creíamos. Puede sorprender o incluso ofender semejante afirmación dentro del particular universo gastronómico en el que muchos vivimos, pero está claro que ahí fuera la vida y obra del cocinero reconvertido en periodista interesa menos de lo que creíamos. Sólo así se explica que Tony, la primera película sobre él, ni siquiera vaya a estrenarse en los cines españoles.
A cambio, eso sí, dentro de pocos días -en teoría el 26 de octubre- se podrá ver en Prime Video. Acaba así la espera desde que la película, protagonizada por Dominic Sessa y Antonio Banderas y producida por la exitosa A24 -con fama de convertir en éxito todo lo que toca- se estrenó en las salas de Estados Unidos, antes de llegar a otros países.

Dirigida por el canadiense Matt Johnson y con buena acogida de público y crítica, algunos incluso ya hablaban de un posible Oscar para Banderas por su papel de chef, maestro y guía de un jovencísimo Bourdain que se acerca por primera vez a la cocina casi por casualidad durante un verano sin rumbo.
Hemos podido ver la película antes de su llegada oficial al país para, sin spoilers, saber qué cabe esperar del que era uno de los estrenos gastronómicos más esperados del año pero que ha perdido un poco de fuelle con el paso de los meses y, sobre todo, la decisión de no distribuirse en cines.
“Era un joven miserable, narcisista, autodestructivo y con poca cabeza que pedía a gritos que le dieran una patada en el culo” leemos en pantalla nada más empezar la película. No es mal resumen esta frase extraída de las propias memorias de Bourdain de lo que ocurre en esta sencilla pero agradable historia iniciática. Porque, y esto es mejor tenerlo claro, Tony no es una película sobre cocina ni cocineros, sino un relato de juventud bastante clásico y que arriesga entre poco y nada.
Un chico, una chica, un verano y la cocina de un restaurante que tampoco da para bistronómico como telón de fondo. Sessa lo hace realmente bien a la hora de crear un personaje creíble: un Tony que no sabe lo que quiere y va dando tumbos, chocándose con la vida, y con las tentaciones en forma de alcohol y drogas normalizadas en las cocinas y sobre lo que luego escribirá con gran éxito aquel Confesiones de un chef. Pero aquel libro, que le cambió la vida, llegaría muchos años después.
Ahora asistimos a esa transición de la juventud a la vida adulta durante un verano en el que también despierta su interés por la cocina de la mano de José Vatel, un chef portugués que parece tener un pasado mucho más interesante que su presente.
Y cuyo apellido, por cierto, el mismo que el del cocinero que inventó la crema chantillí en el siglo XVII y acabó suicidándose por no tener un banquete listo a tiempo. Un tanto sobreactuado por Banderas, cuesta creer primero su dureza y luego la previsible y entrañable relación que surge entre ambos y que, en cierto modo, marca la vida de Bourdain.
No hay peligro de spoilers porque todo está en sus memorias, pero, sobre todo, porque tampoco es que ocurran muchas cosas. Y eso, pensándolo bien, es bueno porque seguramente la alternativa era una ración de moralina o de discursos de superación al estilo de The Bear.

Es imposible que Tony no despierte cierta simpatía al reconocer en sus tonterías las que cualquier joven está condenado a repetir más allá de la generación, el lugar o el escenario. Pero esa apuesta por una feel good movie con aspiraciones indies, tonos cálidos y textura de película puede que decepcione a los fans de Bourdain a los que interesa más su vida como cocinero, crítico o viajero que sus dudas juveniles.
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Vaya, que la película funcionaría exactamente igual si en vez de Tony fuera Peter Smith, su primo de Ohio. Así que cualquiera puede acercarse a ella perfectamente sin saber nada del protagonista. Puede que incluso el personaje despierte cierto interés y simpatía y acabe viendo unas cuantas horas de No Reservations o Parts Unknown y descubriendo que aquel chaval despistado que no sabía cocinar acabó comiendo perritos calientes con Obama delante de una cámara.
“No soy cocinero, soy escritor”, repite el protagonista a lo largo de la película. En aquellos tiempos, lo segundo estaba mejor visto y seguramente era también más rentable, aunque, como todos sabemos, Bourdain triunfó escribiendo, no cocinando. Es uno de los guiños que detectarán quienes van buscando una película sobre el personaje. También los libros de cocina, la receta de la langosta Thermidor que prepara para lucirse ante la chica, o el cuadro de Vatel, el cocinero francés de trágico final. Eso nos tememos que tampoco es ningún spoiler en la vida de Bourdain.
Una película entretenida, sin grandes metas gastronómicas ni cinematográficas pero que para muchos puede ser un primer acercamiento a la interesante figura de Bourdain. Sólo por eso, merece la pena darle una oportunidad, aunque no podrá ser en la gran pantalla.
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