El ascenso de Fatima Mansuri, la hija de pachá convertida en primera ministra de Marruecos
Por Daniel Rodríguez Caruncho — Portada
El ascenso de Fatima Mansuri, la hija de pachá convertida en primera ministra de Marruecos
Nuevo liderazgo político
La primera mujer en asumir la jefatura de Gobierno del país norteafricano es un producto puro de las élites marroquíes

Fatima Mansuri, durante un mitin electoral en Tánger, el pasado 16 de septiembre
Mosa’ab Elshamy / Ap-LaPresse

Barcelona
02/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La campaña electoral todavía estaba lejos, y alguien planteó la cuestión en una rueda de prensa: ¿estaba Fatima Ezahra el Mansuri capacitada para liderar el próximo Gobierno de Marruecos?
“Si tuviera a un hombre delante, ¿le haría la misma pregunta? ¿Dudaría de su capacidad para asumir tal responsabilidad?”, replicó la aludida.
Ocho meses después de aquel intercambio verbal, Mansuri (Marrakech, 1976) tiene la oportunidad de demostrar su valía: el pasado martes, el rey Mohamed VI la nombró primera ministra. Es la primera mujer que ocupa ese cargo en el país norteafricano –y una de las pocas en el mundo árabe: los únicos precedentes están en Túnez, con Najla Bouden y Sara Zaafarani–. Como recalcó la propia dirigente el martes, se trata de “un momento histórico”.
Su designación tiene mucho de golpe de efecto. Mansuri sonaba como posible jefa del Ejecutivo por su condición de líder del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), la formación centrista que se impuso en las elecciones legislativas del pasado 23 de septiembre, pero los analistas esperaban que Mohamed VI se decantara por el hombre que acaparó todos los focos durante la campaña, Fouzi Lejkaa, presidente de la Federación de Fútbol.

Lee también
La segunda fuerza del Gobierno se impone en las elecciones de Marruecos con una abstención del 62%
Daniel R. Caruncho
¿A qué obedece, pues, ese giro de guion? “Su nombramiento hay que interpretarlo en el contexto de la bajísima participación electoral”, responde Irene Fernández-Molina, profesora de la Universidad de Exeter especializada en el Magreb, quien recuerda que tan solo un 38% de los votantes registrados acudieron a las urnas. Una cifra que arroja dudas sobre la legitimidad del régimen, tanto de puertas para dentro como de cara al exterior. En ese sentido, la elección de una mujer podría ayudar a maquillar el desapego ciudadano, transmitiendo una imagen de renovación y modernidad.
“De repente, los titulares de la prensa marroquí e internacional se han centrado en la novedad histórica”, dice Fernández-Molina, que alerta de la instrumentalización del feminismo por parte de un Estado autoritario.
Más allá de que el reino pueda explotar su figura con fines propagandísticos, lo cierto es que Mansuri reúne las condiciones necesarias para afrontar con garantías la nueva legislatura, muy marcada por la celebración del Mundial de fútbol del 2030.
Para empezar, la flamante primera ministra es un producto puro de las élites marroquíes: es hija de Abderraman el Mansuri, ya fallecido, un destacado funcionario que llegó a ser pachá de Marrakech y embajador en Emiratos Árabes Unidos. Gracias a ese parentesco, Mansuri pudo obtener una sólida formación académica: tras el paso de rigor por la escuela francesa, se licenció en Derecho Privado en Rabat y luego completó los estudios en el extranjero, en Montpellier y Nueva York.
Finiquitada la etapa universitaria, comenzó a ejercer la abogacía, con foco en los asuntos inmobiliarios, pero la política no tardó en cruzarse en su camino: en el 2008, se afilió al PAM, recién fundado por Fouad Ali el Himma, uno de los asesores más estrechos de Mohamed VI. Con ese partido se presentó como candidata a la alcaldía de Marrakesh. Era el 2009, tenía 33 años y acabó ganando, pese a que algunos le reprochaban su pobre dominio del árabe, fruto de su educación francófona. Fue todo un hito: por primera vez, una mujer gobernaba una de las ciudades más importantes del país.

Su mandato municipal expiró en el 2015, pero en el 2021 volvió a ser elegida alcaldesa. Para entonces, ya había despuntado en la política nacional como diputada del Parlamento. También en el 2021 fue cuando se produjo su debut en el Gobierno, como ministra de Urbanismo y Vivienda en el Ejecutivo de coalición liderado por el Reagrupamiento Nacional de los Independientes (RNI). Durante esa época tuvo que lidiar con desafíos como la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto de Al Haouz. Y también con algunas críticas, como las que generó la venta de un gran terreno propiedad de su familia.
En paralelo a ese ascenso dentro de las instituciones del Estado, fue escalando posiciones en el PAM, hasta su nombramiento en el 2024 como coordinadora de la dirección colegiada del partido.
Ahora, su primer reto será la formación del nuevo Gobierno. Con sus 97 escaños, el PAM necesita aliados, y lo más probable es que reedite su coalición con el conservador RNI y el nacionalista Istiqlal. Los tres partidos coinciden en que el nuevo Ejecutivo tiene que dar prioridad a las cuestiones socioeconómicas, y en particular a las desigualdades sociales y territoriales, fermento de episodios como las protestas juveniles del 2015 y la crisis de Ceuta.
Pero, como subraya Fernández-Molina, Mansuri tendrá un margen de maniobra limitado: “Las directrices estratégicas se marcan desde el Palacio Real”.

Daniel R. Caruncho
Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.
Mostrar comentarios
Fonte: Portada