“El 88% de nuestros pensamientos son absurdos”
Por Víctor Manuel Amela Bonilla — Portada

Mercedes de la Rosa,
meditadora y profesora de yoga
Tengo 49 años. Nací en Barcelona y vivo en Madrid desde hace doce años. Soy guía de yoga y meditación. Estoy casada y tengo dos hijas, Alegra (15) y Cayetana (11). ¿Política? Amor. ¿Creencias? Algo hay más grande que nosotros. Con la gratitud cotidiana, saltarás de la carencia a la abundancia

21/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
‘Comprende, confía, vive’
Es hija del financiero Javier de la Rosa y relata su drama familiar y personal a raíz de los quince años de juicios encadenados de su padre, inversor financiero en problemas de altos vuelos y hoy fuera de los titulares. Hoy Mercedes publica Comprende, confía, vive (Espasa), libro subtitulado El camino para salir del ruido mental (con algunas meditaciones guiadas por ella mediante códigos QR impresos en el libro), que finaliza así: “Pensamos que tenemos tiempo. Y puede que no sea verdad. Por eso no quiero perderme nada. Quiero amarlo todo. Cuando comprendemos, confiamos y abrazamos la vida tal y como es, dejando de lado los miedos, la vida embelesa y enamora, y lo único que verdaderamente quieres es… ¡vivir!”. Mercedes ha encontrado al fin un camino propio para vivir.
¿Por qué estamos mal?
Por dejarnos dominar por el ruido.
¿Qué ruido?
El de nuestros pensamientos.
¿Padece usted ese ruido?
Lo he padecido, gravemente, por años.
¿Desde cuándo?
Tenía 17 años y mi padre fue detenido en el aparcamiento del juzgado al que iba voluntariamente a declarar: cuatro meses en prisión preventiva, por “alarma social”.
¿Su padre?
Javier de la Rosa. Fue fuerte. Toda la familia le apoyó.
¿Duró mucho la causa?
Por quince años mi padre lidió con procesos judiciales y prisiones preventivas. Mi hermana fue su abogada. Yo soy la hija tercera y menor… y lo pasé muy mal.
¿Cómo acusó usted aquel mal trago?
Angustia, insomnio, agotamiento, bajada de defensas, miedo, enfermedades… Hasta los 33 años estuve mal… pero encontré una salida y volví a despertar a la vida.
¿Cómo lo hizo?
Practiqué un yoga muy físico. Ahí experimenté un clic: ¡volví a mi cuerpo, a respirar, a estar conmigo! Comprendí que había vivido en la jaula de grillos de mis pensamientos! ¿Sabe cuántos tenemos al día?
¿Cuántos?
De 60.000 a 90.000 pensamientos, y el 88% son absurdos y proyecciones negativas y miedos: “No sirves”, “no te darán ese trabajo”, “no encontrarás pareja”, “no serás feliz”…
Ya.
¡Parémoslos! Con el yoga físico, mediante el cuerpo, intuí que más allá de los pensamientos había un lugar amoroso y sereno. Y lo fui acercando…. con la meditación.
¿En qué consiste meditar?
Te sientas. Respiras con conciencia diez veces: inhalas, exhalas; inhalas, exhalas… Fijas tu atención en tus fosas nasales, o en tu vientre, posando las manos si quieres…
Diez respiraciones.
Hazlo. ¿Te interrumpes? Empieza de cero.
De acuerdo.
Con disciplina, si lo haces un mes… llegará el espacio de paz mental y de comprensión, la sabiduría de los niños.
¿Los niños?
El niño está en el presente y jugando, vive en su esencia. Luego ya le enseñan que para ser querido tiene que hacer esto o lo otro. Y así el niño se desvía de su esencia.
Pues nada: a parar y a respirar.
E ir retirando capas y capas de creencias, pensamientos, temores, corsés… Hasta llegar al corazón.
¿Qué capa le costó más retirar?
Yo era muy controladora. Hasta que comprendí que debía aceptar la realidad tal y como es. Desde entonces todo fluye y brilla. ¡Y no hablo de resignación, eh!
Diferencie resignación de aceptación.
Te resignas si piensas: “Este es así, ¡qué lástima!”. Aceptas si piensas: “Este es así, ¡qué interesante!”. Entonces empiezan a pasar maravillas.
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¿Qué tipo de maravillas?
Alegría, espontaneidad, autenticidad. Empiezas a confiar.
¿En qué?
En la vida, tal y como es. En ti, tal y como eres. ¡Eres único! Tu corazón florece, te amas. Y amas al otro. Y comprendes esto: la vida es más sabia que tú. ¡Y confías!
¿Era usted controladora con sus hijas?
Creía saber qué era lo mejor para ellas… Y he aprendido a confiar en que son sabias. ¡Y ahí empiezas a vivir!
¿Sí?
Es que vivir con miedos, fingimientos, controles… ¡no es vivir! Es existir, es sobrevivir. ¡Dejar de esconder mis debilidades me hace más yo! Solo tú eres tú. Nos lo negamos… y por eso estamos tan mal.
¿Muy mal?
Sentir culpa y esforzarte todo el día en disimular, ¡es agotador! Si confías, todo se suaviza ¡y vives! Estás presente. Y si estás presente… ¡todo lo malo desaparece!
¿Está ahora usted aquí presente?
Esta conversación es ahora lo más importante de mi vida, para mí. “Presente” es sinónimo de “regalo”, ¿verdad?
Verdad.
Pues estar presente en esta vida es un regalo. ¡La vida es el regalo más grande! Lo agradezco cada noche al acostarme.
¿Qué agradece?
Poder vestirme sola. Y ducharme. Y caminar por la calle. Y ver. Y oír. Y estar aquí. La gratitud alfombra el amor, moviliza una energía muy potente, regenera células: ¡todo alrededor mejora! Con gratitud, saltas de la carencia a la abundancia.
¿Un último consejo, Mercedes?
Medita sobre la compasión activa. Trátate bien y ayuda al otro. Menos ombligo y más horizonte. Tienes todas tus cartas en la mano, ¡juégalas! Tienes tú todo el poder.

Víctor-M. Amela
Soy un barcelonés charnego, con genes forcallanos y alpujarreños. Soy periodista y escribo en La Vanguardia desde 1984. He publicado tres novelas y criado a dos hijos, Adrià (20) y Max (17). ¿Política? Un día mereceremos no tener presidentes ni gobiernos ni leyes. Creo en la imaginación creadora, el “anima mundi”. Y me digo que, ya que estamos vivos, ¡alegrémonos!
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