Educación y esperanza
Por Antoni Puigverd Romaguera — Portada

Educación y esperanza 21/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Félix Castillo es el jefe de Neonatología del hospital Vall d’Hebron. Ahora su equipo está estudiando las insuficiencias respiratorias y los problemas de alimentación de los recién nacidos. Nació y pasó su infancia en una colonia obrera, que cerró. Sus padres rehacieron su vida en Salt. Al terminar la primaria, los maestros le recomendaron que siguiera estudiando. Aquel año se inauguraba un instituto precisamente en Salt.
Entonces, esta población, de tradición obrera y menestral, había sido anexionada a Girona y el nuevo instituto no tenía nombre: “Mixto número 2 de Gerona”. De eso hace 50 años.
Éxito personal: “Estudio, sacrificio, esfuerzo”, y éxito colectivo: “fidelidad”
También Alba Sabaté, hoy novelista de fecunda trayectoria y columnista habitual de Núvol , empezó el BUP aquel 1976. Salía de un colegio de monjas y quería ir al instituto Vicens Vives de Girona. Pero le tocó aquel nuevo centro educativo, situado allí donde Girona pierde su nombre. Ahora, como Félix Castillo, agradece todo lo que aprendió en aquel centro lleno de jóvenes profesores apasionados. Recuerda el nombre de todos ellos, especialmente el del director y fundador, el matemático Carles Barceló, que días antes de empezar el curso iba pidiendo por las escuelas de Girona mesas, pizarras y sillas que les sobraran porque la Administración no había previsto que un instituto las necesitaba. Pensando en su vocación literaria, Sabaté expresa “la deuda infinita” con Santos, el profesor de literatura, “por la pasión con que me hizo ver el mundo infinito en el que puedes sumergirte si amas la literatura y las palabras”.

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El instituto estaba situado a las afueras de Salt; para llegar había que atravesar un descampado. El claustro eligió el nombre de Salvador Espriu, que aún vivía y envió una carta de agradecimiento, manuscrita con pulcras letras mayúsculas. Salt recuperó la independencia municipal. El entorno fue urbanizado. Ahora es un barrio nuevo. En los años de Félix y Alba, que participaron el viernes pasado en el acto de inauguración del cincuentenario, el instituto Salvador Espriu, que acogía alumnos de procedencias muy diversas, funcionaba como ascensor social. Mi mayor orgullo profesional no son mis libros o artículos, sino el éxito de alumnos de aquel instituto, alumnos míos, que, procedentes de humildes familias obreras o rurales, ahora son, por ejemplo, profesores universitarios.

Salt ha cambiado mucho, como es sabido. Una muestra: allí reside la mayor comunidad gambiana fuera de Gambia. Magrebíes, subsaharianos, latinoamericanos, eslavos, asiáticos, catalanes de múltiples orígenes. La mezcla de las aulas del Espriu es colosal. Son enormes las dificultades y problemas. Pero el centro sigue siendo, no ya un ascensor social, sino una fábrica de esperanza. El director actual es el filósofo Xavier Serra, articulista lúcido y profesor vocacional, incansable. Sostiene que “un instituto existe para dar conocimiento, criterio, lenguaje, valores, relaciones y oportunidades. Y, sobre todo, para dar esperanza”.
En el Espriu estudian ahora novecientos alumnos y trabajan noventa profesionales. ESO, bachillerato, ciclos formativos, PFI y muchos otros proyectos. Xavier Serra se propone este programa: que “cualquier joven que entre en el Espriu pueda salir de él con más conocimiento, más posibilidades y más esperanza que cuando entró”. Testimonios de este programa son la alcaldesa de Salt, Cristina Alarcón (ERC), que participó emocionada en el acto; y el jefe de la oposición, Joan Martín (PSC). Ambos son antiguos alumnos.
A pesar de todos los pesares, el Espriu sigue siendo un auténtico ascensor social. También son antiguos alumnos los protagonistas del cincuentenario. La presentación del acto inaugural, en un catalán impecable que ya querrían para sí los de TV3, corrió a cargo de Maryam Driouich, abogada; Asmae el Beghdadi, maestra; y Fatou Magiraga, auxiliar de enfermería. Álvaro Ciudad está realizando un documental; el diseño de la chapa es de Sahil Singh, y el logotipo, de Rubèn Colomer. Un grupo de alumnos guiaba al público. Escucharon atentamente la fórmula del éxito personal que proponía el neonatólogo Félix Castillo: “Estudio, sacrificio, esfuerzo”. Para cerrar el acto, Maryam Driouich evocó el verso de Espriu sobre el éxito colectivo: “Ens mantindrem fidels al servei d’aquest poble”.
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