Cuanto más mayores nos hacemos, más sufrimos los efectos del consumo del alcohol

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Por Caridad ReixaPortada

Contenido solo para suscriptores “Ahora, tomando algo de vino, ya tengo resaca”: cuanto más mayores nos hacemos, más sufrimos los efectos del consumo del alcohol 

Longevity

Las consecuencias del consumo de alcohol son más intensas a partir de cierta edad: el organismo cambia con los años y también lo hace su respuesta a las bebidas alcohólicas, como apuntan los especialistas

Los efectos del alcohol empeoran con la edad, advierten los especialistas. 

Los efectos del alcohol empeoran con la edad, advierten los especialistas. 

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Caridad Reixa

24/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

“Antes en una cena con amigos, bebía varias copas de vino y a la mañana siguiente me sentía bien y satisfecha con el recuerdo de haber pasado un rato agradable; ahora, si tomo alguna, ya estoy temiendo las consecuencias”. Lo cuenta Izaskun, bilbaína de 63 años. No habla de una noche de excesos ni de una relación problemática con el alcohol. Habla de algo mucho más cotidiano: la sensación de que aquello que durante años apenas notaba, ahora deja huellas.

Y no es la única. La conversación aparece cada vez con más frecuencia entre personas que han dejado ya de trabajar o empiezan a planificar cómo quieren vivir su jubilación. Durante años (y pese a que no existe un nivel seguro o libre de riesgo para el consumo de alcohol, según la propia OMS), son muchos los que han acompañado las comidas con vino, han tomado unas cervezas con los amigos y han brindado con una copa de cava sin darle demasiadas vueltas. Pero con el paso del tiempo, algunos empiezan a notar que el alcohol les “sienta peor”.

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“No es una percepción; es una realidad que los efectos del alcohol varían según envejecemos”, asegura a La Vanguardia Rosa Magallón, catedrática de Medicina de Familia en la Universidad de Zaragoza. El motivo, explica la doctora, está relacionado con los cambios que experimenta el organismo con el paso de los años. El cuerpo envejece y también lo hacen los órganos encargados de procesar las sustancias que ingerimos.

Por lo tanto, es frecuente que el consumo de bebidas alcohólicas siente peor a medida que nos hacemos mayores; el organismo cambia con la edad y también lo hace su capacidad para procesar el alcohol. La doctora pone como ejemplo el hígado, el órgano encargado de metabolizar el alcohol. “El hígado es más sano a los 20 años que a los 60, pero eso no significa que el hígado de los mayores esté enfermo”, puntualiza. “Significa que es un hígado envejecido que metaboliza más lentamente”.

Además, la especialista advierte de que uno de los mayores problemas con la ingesta de bebidas alcohólicas entre los adultos es que no se dan cuenta de lo que ingieren; muchos de sus pacientes aseguran que no consumen alcohol, pero a continuación reconocen que beben dos o tres cervezas al día. “Muchos adultos no son conscientes de que lo que podían hacer antes sin sufrir efectos negativos aparentes puede traducirse ahora, con unos años más, en deshidratación, alteraciones del sueño y sensación general de malestar, ya que no relacionan tomar una cerveza con amigos con la ingesta de alcohol”.

Sin embargo, que a una persona le sienten peor las copas a medida que envejece no significa necesariamente que tenga un problema de adicción. “Una persona puede haber bebido socialmente durante décadas y con la edad empezar a experimentar resacas más intensas, sin que esto implique que haya desarrollado una adicción al alcohol”, asegura la experta. “Una cosa es que el organismo tolere peor la ingesta del alcohol por la edad y otra muy distinta que exista una dependencia; es conveniente no confundir el aumento de sensibilidad a los efectos de las bebidas alcohólicas que se registra al envejecer con un problema de consumo”, explica la catedrática aragonesa, que este año ha sido galardonada con el premio Sanitarias, en reconocimiento a su trayectoria como mujer líder en el sistema sanitario.

Los efectos del alcohol varían según envejecemos; con la edad, las resacas son más intensas sin que implique que se haya desarrollado una adicción

Rosa Magallón

Catedrática de Medicina de Familia en la Universidad de Zaragoza

Todavía se asocia beber alcohol con divertirse, lo que genera presión social entre la población adulta. 
Todavía se asocia beber alcohol con divertirse, lo que genera presión social entre la población adulta.  Getty Images

Pero la ausencia de dependencia no convierte al alcohol en una sustancia inocua. Su consumo está relacionado con enfermedades hepáticas y es un factor coadyuvante del desarrollo de ciertos tipos de cáncer. “Por lo tanto, la recomendación del PAPPS ( Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud) es de un consumo cero a cualquier edad”, recalca. Entre este escenario —el único exento de riesgo— y el consumo que pueda desembocar en una dependencia existe, no obstante, una amplia zona intermedia. Ahí es donde se encuentra, según la experta, “la mayor parte de los bebedores sociales adultos”: personas que consumen alcohol sin presentar un problema de dependencia, pero cuya ingesta tampoco puede considerarse inocua.

La posición de la doctora Magallón coincide con las directrices del Ministerio de Salud, que parten de una premisa contundente: no existe una cantidad de alcohol que pueda considerarse completamente segura. Aun así, las recomendaciones sanitarias distinguen entre el consumo cero y los denominados límites de consumo de bajo riesgo.

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Como orientación, esos límites se sitúan en un máximo de 20 grados de alcohol al día para los hombres —aproximadamente dos Unidades de Bebidas Estándar (UBE) equivalentes a dos cañas de cerveza o dos copas de vino— y de 10 gramos, es decir, una UBE para las mujeres, “ya que en general ellas tienen el hígado más pequeño”, puntualiza la doctora.

En España, además, existe un factor cultural que asocia las interacciones sociales y las celebraciones con el consumo de alcohol: una caña con los amigos, un vino con las comidas o un postre con espumoso forma parte de muchos encuentros de una forma muy naturalizada, pese a que “ninguna forma de consumo de alcohol está exenta de riesgos”, como alerta la propia Organización Mundial de la Salud (OMS). Y eso propicia que, cuando el organismo empieza a tolerarlo peor, muchos consumidores deban reflexionar sobre ello.

“Hay que ser responsables y conscientes de lo que ingerimos, y tomar decisiones personales basadas en las circunstancias de cada uno; los mayores de 60 años pueden hacer todo lo que su cuerpo les permita”, asegura la doctora Magallón, “y si reunirse con amigos y abrir una botella de un buen caldo, acompañar una comida con les produce satisfacción, bienvenido sea”. Pero hace hincapié en que, desde el punto de vista estrictamente sanitario, “la opción más saludable, tanto para los mayores como para toda la población en general, sería elegir siempre una bebida sin alcohol”.

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Una alternativa que, reconoce, no todos los bebedores sociales mayores pueden o quieren adoptar. En esas circunstancias, “lo más razonable es que cada uno aprenda a escuchar a su cuerpo, reduzca lo más posible su consumo de alcohol, que no se deje enganchar y evite que el alcohol se convierta en una dependencia”. En otras palabras, que envejecer también consista en aprender a negociar con el propio cuerpo y a aprender a disfrutar de los caprichos de otra manera.

Esa es precisamente la elección que ha realizado Izaskun, que afirma que seguir disfrutando de unas copas con amigos es “un placer del que todavía no quiero prescindir”, pero reconoce que ha cambiado su manera de beber. “Mi cuerpo me ha enseñado a reducir el consumo; ahora hago durar más tiempo mi bebida, así no solo reduzco mi consumo, sino que también bebo más despacio y disfruto más cada sorbo”.

Cuesta romper la presión social [entre beber y divertirse], para uno mismo y también entre los demás

George

61 años

Otros buscan sus propias fórmulas para asegurarse de que mantienen bajo control su consumo de alcohol y que este no se convierte en una dependencia. Es el caso de George, belga residente en Zaragoza de 61 años, quien desde hace varios años guarda un mes de abstinencia completa al año. “Hace varios años decidí comprobar si tenía algún tipo de dependencia psicológica al alcohol absteniéndome completamente de cualquier tipo de bebida alcohólica durante un mes seguido. Y desde entonces lo he cumplido con muy pocas excepciones”.

George se define como un bebedor social. “En casa, no bebo, pero disfruto de diferentes bebidas alcohólicas cuando salgo con los amigos”. Su particular “mes seco” le ha permitido comprobar de primera mano que existe cierta presión social que asocia el divertirse con gente y el beber. “Es esta presión lo que más cuesta romper, para uno mismo y también entre los demás”, explica. Pese a eso, el belga asegura que el mes sin alcohol no le impide mantener su vida social habitual, aunque especifica que “probablemente salgo menos los meses de abstinencia”, concluye.

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