Cuando el destino de Europa dependió de un meteorólogo
Por Aitziber Azpeitia González — Portada
Cuando el destino de Europa dependió de un meteorólogo
Estreno
Andrew Scott y Anthony Maras rescatan en ‘Tiempo de victoria’ la historia real de James Stagg, el científico que ayudó a decidir la fecha del desembarco de Normandía

Andrew Scott protagoniza la película ‘Tiempo de victoria’
REDACCIÓN / Terceros

18/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Quedan 72 horas para el desembarco de Normandía. Cientos de miles de soldados esperan una orden. Los barcos están preparados. Los mandos aliados han planificado durante meses la mayor operación militar de la historia. Solo hay un problema: una borrasca avanza sobre el Canal de la Mancha y amenaza con hacer fracasar la operación. Tiempo de victoria (Pressure), que llegará a los cines el 18 de septiembre, rescata la figura casi desconocida de James Stagg, el científico británico que intentará convencer a Dwight D. Eisenhower para que retrase la operación militar más importante de la Segunda Guerra Mundial debido a las condiciones atmosféricas.
Esa cuenta atrás angustiosa es el punto de partida de la nueva película de Anthony Maras, director australiano que llamó la atención internacional con Hotel Bombay (2018), el intenso thriller inspirado en los atentados terroristas de Bombay. Ahora vuelve a explorar una situación límite, aunque esta vez cambiando el ruido de las armas por la tensión silenciosa de una sala de mando.

La película adapta la obra teatral Pressure, escrita por David Haig tras años de investigación sobre la figura de Stagg. Pero Maras tenía claro que no quería rodar otra película sobre el Día D. Su interés estaba en los despachos, no en las trincheras.
“La historia trata de alguien que tiene el valor de decirle la verdad al poder”, afirma el director a La Vanguardia. “Habla del liderazgo y de cómo tomar decisiones extremadamente difíciles. Eso me interesaba mucho más que el elemento bélico”.
El resultado es un thriller contenido pero extraordinariamente tenso, una película de apariencia clásica —en el mejor sentido del término— que recuerda a aquellas producciones bélicas de los años cincuenta y sesenta interesadas no solo por los hechos históricos, sino también por los dilemas humanos que los hicieron posibles.
De la playa de Omaha a la sala de mando
Para encarnar a Stagg, Maras recurrió a Andrew Scott, uno de los intérpretes más polifacéticos del cine y la televisión británicos gracias a trabajos como Ripley, Desconocidos o Fleabag. “No sabía nada de James Stagg antes de participar en la película y sospecho que la mayoría de la gente tampoco”, explica Scott a La Vanguardia. “Por eso me pareció una historia tan fascinante. Era alguien completamente fuera de lugar en aquel entorno, pero con una enorme integridad. Un héroe desconocido que terminó cambiando el curso de la historia”.
No es la primera vez que Scott se acerca a la Segunda Guerra Mundial. Cuando apenas tenía 19 años apareció como extra en la secuencia del desembarco de Salvar al soldado Ryan y más tarde participó en la miniserie Hermanos de sangre, dos títulos fundamentales en la representación audiovisual moderna del conflicto. Ahora regresa al mismo episodio histórico desde un lugar muy distinto: ya no está entre los jóvenes soldados que llegan a la playa, sino en la sala donde se decide cuándo enviarlos al combate.

El actor aún recuerda el impacto que le produjo el rodaje de la película de Steven Spielberg. Scott evoca cómo el director cubrió el horizonte con una inmensa nube de humo gris para recrear la atmósfera de la invasión, una imagen que todavía asocia a la magnitud de aquella operación militar. “Aquella experiencia me ayudó a comprender qué era lo que estaba en juego para los hombres cuya suerte dependía de decisiones tomadas lejos del frente”, explica.
Cuando la ciencia desafía al poder
Aunque la acción transcurre en 1944, resulta difícil no encontrar paralelismos con el presente. Durante la conversación con este diario, Maras insistió varias veces en que una de las razones que le impulsaron a llevar esta historia al cine fue precisamente la creciente desconfianza de algunos sectores hacia los científicos.
“Si tienes un problema físico, no conozco otra manera de resolverlo que partir de los hechos, reunir pruebas, interpretarlas y actuar en consecuencia”, señala. “Me fascinaba que la historia convirtiera en héroes a unos científicos que hicieron exactamente eso”.

El director recuerda además que Eisenhower siempre atribuyó parte del éxito del desembarco a los meteorólogos. Una lección que, a su juicio, sigue siendo pertinente. “Creo que es algo que los líderes actuales podrían aprender”.
Preguntado por si hoy sería más fácil o más difícil que un científico convenciera a quienes ostentan el poder, Maras no duda: “Mucho más difícil”. En su opinión, las redes sociales y el ciclo informativo permanente favorecen decisiones cortoplacistas y dificultan los procesos de reflexión. “Cuando las cosas son realmente importantes, deberíamos intentar mantener la calma y pensar racionalmente, que es exactamente lo que hizo Stagg”, sugiere.
Un thriller sobre la incertidumbre
Uno de los grandes aciertos de la película es su retrato de Dwight D. Eisenhower, interpretado por Brendan Fraser. El duelo interpretativo entre Fraser y Scott sostiene buena parte del metraje. Por un lado está el militar que sabe que su decisión enviará a miles de jóvenes al combate. Por otro, el científico consciente de que sus cálculos nunca pueden ofrecer una certeza absoluta. Esa tensión impregna toda la película y convierte una discusión aparentemente técnica en un conflicto profundamente humano. Los personajes tienen la responsabilidad de decidir con información incompleta y asumiendo riesgos inmensos. Una situación con la que Scott, guardando las distancias, se siente sorprendentemente a gusto.
“Estoy bastante cómodo con la incertidumbre —reconoce entre risas—; como actor tienes que estarlo. Nunca sabes cuál será tu próximo proyecto. Al principio eso puede ser aterrador porque todos buscamos seguridad, pero con el tiempo aprendes a convivir con ello”.

Quizá por eso Tiempo de victoria resulta más contemporánea de lo que su ambientación sugiere. Maras y Scott no hablan únicamente del pasado ni de una batalla decisiva de la Segunda Guerra Mundial. Hablan también de un presente en el que la evidencia científica compite constantemente con la intuición, el ruido y la presión política. Y de cómo, en ocasiones, el destino de millones de personas puede depender de alguien capaz de mantener la calma mientras todos los demás reclaman respuestas que nadie puede ofrecer con absoluta certeza.

Aitziber Azpeitia
Periodista
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Fonte: Portada