Creó el Moulin Rouge, revolucionó París y hoy casi nadie lo recuerda

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Por Autor GenericoPortada

Creó el Moulin Rouge, revolucionó París y hoy casi nadie lo recuerda

Con historia

Josep Oller fundó la catedral de la bohemia parisina, que iluminó la belle époque

Un cartel de 1897 celebra el espíritu libre que recorrió el Moulin Rouge

Un cartel de 1897 celebra el espíritu libre que recorrió el Moulin Rouge

Getty Images

César Alcalá

14/09/2026 06:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Hay figuras universales condenadas a habitar en un extraño vacío entre la gloria deslumbrante y la memoria en penumbra. Es el caso de Josep Oller i Roca, nacido el 10 de febrero de 1839, cuyo legado en el nomenclátor de su tierra natal es, a día de hoy, casi inexistente. Aunque su familia emigró a Francia cuando él tenía solo tres años siguiendo los negocios textiles paternos, Oller nunca dejó de ser ese hijo ilustre que vio la luz en Terrassa. Al contrario, siempre mantuvo viva su lengua materna, sus raíces catalanas y el contacto con sus orígenes, a pesar de haber conquistado el París de la belle époque.

En Terrassa, solo una discreta placa señala el lugar donde nació. El Ayuntamiento reconoció tarde su trayectoria y le otorgó en 2015 el título de Homenajeado de la Ciudad. La memoria de Oller se diluye en certámenes de corte nostálgico como la Feria Modernista de Terrassa y poco más. En el resto de Catalunya no existe una sola calle que lleve su nombre. El creador del templo nocturno más famoso del mundo apenas es conocido a nivel popular. Mientras que en París sigue vivo en los edificios que construyó, aún espera que su tierra lo reconozca y rescate de la indiferencia.

Josep Oller i Roca, nacido el 10 de febrero de 1839, cuyo legado en el nomenclátor de su tierra natal es, a día de hoy, casi inexistente

Josep Oller creador del Moulin Rouge
Josep Oller creador del Moulin Rouge Editorial Aedos

Su infancia transcurrió en un ambiente plácido y acomodado. Desde joven supo que su destino no estaba en los telares paternos. Su mente brillante miraba hacia el ocio. A mediados de la década de 1860 revolucionó el mundo hípico, cuando fundó una agencia de apuestas y patentó el Pari-Mutuel, un sistema donde el ganador percibía las pérdidas de los demás, automatizado gracias a una máquina de impresión de billetes ideada por él.

Cuando en 1875 la ley declaró ilegales las apuestas, aquel revés económico se convirtió en el trampolín que lo lanzó al mundo del teatro. Aplicando lo aprendido en sus viajes, inauguró el primer music hall parisino, Fantaisies Oller, un éxito tan arrollador que llenaba la sala cada noche y propició la apertura del Théâtre des Nouveautés o el Hippodrome Saint-Germain. A Oller le gustaba desafiar la lógica, por eso en 1885 asombró a todos abriendo La Grande Piscine Rochechouart, una colosal piscina cubierta de seiscientos metros cuadrados en pleno centro de París, con quinientas cabinas, gimnasio, saunas e hidroterapia. Pese al aplauso social, la empresa no fue rentable y cerró al cabo de pocos años.

Del juego al imperio del espectáculo

Josep Oller era un hombre con prestigio y reconocimiento social. En 1886 inauguró Le Nouveau Cirque, donde se alternaban clowns, gimnastas, trapecistas funambulistas, contorsionistas, ilusionistas, danzas clásicas y acuáticas. Allí triunfaron los clowns Rafael Padilla “Chocolat” -un esclavo cubano liberado- y George Footit. Al año siguiente inauguró Les Montagnes Russes, un parque de atracciones con pista de patinaje.

Coincidiendo con la Exposición Universal de 1889, el Moulin Rouge abrió sus puertas el 6 de octubre de ese año a las 20 horas en Montmartre. Este teatro nació y murió con la belle époque. Esto lo convirtió en el rey de la noche de París. A este se unieron Le Jardin de París (1892) y L’Olympia (1893), donde triunfó la bailarina española Agustina Catalina del Carmen Otero “La Bella Otero”. En 1896 en L’Olympia estrenó un espectáculo donde integró el music hall con la proyección de películas breves de los hermanos Auguste y Louis Lumière y Georges Joly. El público reaccionaba con una mezcla de pánico y satisfacción. El glamour de todos estos teatros entró en decadencia al estallar la Gran Guerra y el sueño utópico de la belle époque se difuminó.

Carolina Otero, La Bella Otero
Carolina Otero, La Bella Otero Album / akg-images / Peter Weiss

Oller se convirtió en un personaje crucial del mundo cultural parisiense, convirtiéndose en mecenas, mentor y amigo de grandes personalidades. Convirtió sus locales en referentes culturales. El Moulin Rouge fue en el epicentro de la transgresión con el cancán y la bohemia. 

El cancán, aunque nació alrededor de 1830 como variante del galope, lo inmortalizó Offenbach. Considerado escandaloso por su provocación, se convirtió en icono al considerarse libertador sensual y proporcionar alegría de vivir. En el Moulin Rouge se mezclaban burgueses, artistas, artesanos, estudiantes y trabajadores, marcando el espíritu bohemio y transgresor de una generación. Asimismo se convirtió en un espacio de liberación física, económica y sexual para las mujeres de la belle époque.

Al nombre de Josep Oller debemos unir los de su socio, el empresario Charles Zidler, y el de su hermano Juan Oller, director del cabaret. Salvando las distancias, el Moulin Rouge fue para la intelectualidad parisina lo que la cervecería, cabaret y restaurante Els Quatre Gats para la barcelonesa. Ambos locales se caracterizaron por su vanguardismo transgresor y la bohemia, aunque ambos poseyeron su propia personalidad e identidad cultural.

El altar de los artistas y proscritos

Oller apreció el talento y lealtad del joven pintor Henri Toulouse-Lautrec, al que le asignó una mesa exclusiva. En la entrada del cabaret colgó su cuadro La amazona en el circo Fernando. También le encargó el cartel publicitario Moulin Rouge: La Goulue en 1891. Esto impulsó la carrera del pintor y consolidó la fama del cabaret. También Jules Chéret plasmó el ambiente bohemio y Ricard Opisso, en 1899, inmortalizó en un dibujo a Oller y a Toulouse Lautrec conversando.

'En el circo’(1899), de Toulouse-Lautrec, que muestra Le Nouveau Cirque
‘En el circo’(1899), de Toulouse-Lautrec, que muestra Le Nouveau Cirque HERITAGE IMAGES / GETTY

Un asiduo visitante fue el escritor Oscar Wilde durante sus años de esplendor y después de salir de la prisión de Reading. Se sentía fascinado por el ambiente decadente, extravagante y transgresor del cabaret. Cuando cayó en desgracia, y se hacía llamar Sébastien Melmoth, los locales de Oller siguieron siendo un espacio de aceptación para él, lejos del puritanismo victoriano que lo condenó por homosexual.

El escritor Émile Zola acudía para estudiar los bajos fondos y la psicología de la noche parisina que más tarde plasmó en sus novelas. Guy de Maupassant formaba parte de las tertulias nocturnas atraído por la bohemia. Jean Richepin, André Warnod y Georges Courteline encontraban en esos espectáculos la inspiración para sus obras e ideales iconoclastas.

El Moulin Rouge fue en el epicentro de la transgresión con el cancán y la bohemia

A lo largo de esos años Oller contrató a los mejores artistas de la época y con Sarah Bernhardt mantuvo una estrecha amistad. Mantuvo un estrecho vínculo con pintores ligados a Catalunya y establecidos en París como Casas, Rusiñol, Picasso o Utrillo, los cuales captaron en sus lienzos la atmósfera bohemia de los cabarets de Oller.

El espíritu de aquella generación que creció y disfruto las noches del Moulin Rouge, que creía en el progreso ciego y el optimismo inquebrantable, vio como su mundo se difuminaba de golpe. La Gran Guerra reveló la cara más oscura de la modernidad. La guerra de trincheras y los gases químicos sepultaron el glamour de los teatros bajo un trauma colectivo de devastación, ansiedad y cinismo. El mundo creado por Oller se desmoronó, llegando el remate final en 1915, cuando un cortocircuito destruyó el Moulin Rouge casi por completo. Oller falleció el 19 de abril de 1922 en su casa de la Avenida Carnot a los 87 años. Su epitafio resume la existencia del empresario: “su inteligencia igualaba a su corazón”.

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Fonte: Portada

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