Por Clara Sanchís MiraPortada

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Área de servicio en medio de la nada. Puro secano a derecha e izquierda. Un pájaro grande cruza el cielo plomizo; será un buitre que huele animales muertos, me digo con gasolina en los dedos. El señor del camioncito amarillo y yo nos miramos de reojo, sujetos a las mangueras de los surtidores para que no se nos lleve este viento como de fin del mundo. No nos caemos bien a primera vista. Antes de pasar por caja, una fuerza sucia arrastra mi mano hasta un paquete de cortezas de cerdo que no me comería en otro lugar. Aquí las devoro libremente, con la cabeza metida en la bolsa mientras espero en la caja detrás del señor. Espío el perfil de su nariz, su boca y sus ojillos apretados en una cara demasiado pequeña. El joven gasolinero que nos cobra luce unos rizos y parece divertido con la vida. Y con el conductor del camioncito, que está comentando que la cosecha está perdida, porque el Gobierno manda la sequía a las comunidades de derechas y la lluvia a las de izquierdas, mediante un sistema de bombardeo de nubes que no me queda claro y sobre el que quisiera profundizar.

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Fonte: Portada

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