Cómo las artes marciales pueden desafiar la desigualdad de género
Por Sandra Ruiz Moriana — Portada
Cómo las artes marciales pueden desafiar la desigualdad de género
Lectores Expertos
Quizá el mayor poder transformado no resida solo en enseñar a defenderse, sino en demostrar que el respeto, el liderazgo, el esfuerzo, la autoridad y la capacidad de decidir no entienden de discriminaciones a la mujer

Niñas y niños juntos en una clase de karate.
Getty

Barcelona
13/09/2026 05:30 Síguenos en Google
* La autora forma parte de la comunidad de lectores de La Vanguardia
Este verano, Sevilla acogió La Velada del Año VI, el evento de boxeo que reunió a miles de asistentes y llegó a millones de personas a través de las redes sociales. Influencers que se subieron al ring para disputar combates de boxeo participaron en un espectáculo en el que la estética, el diseño de producción y la identidad visual se impusieron al propio deporte.
Al mismo tiempo, el cine vuelve la mirada a las artes marciales con Karateka, la película dirigida por Aritz Moreno sobre la campeona olímpica de kárate Sandra Sánchez, que se estrenará mundialmente el 21 de septiembre de 2026 en el Festival de San Sebastián y llegará a nuestros cines el 30 de octubre.
Este proyecto lleva a la gran pantalla una trayectoria marcada por la perseverancia y la lucha por hacerse un lugar en la élite de un deporte históricamente masculinizado. Dos fenómenos muy distintos que, sin embargo, podrían evidenciar la creciente presencia de estas disciplinas en la cultura popular y el interés que despiertan entre nuevos públicos.
Pese a esta mayor visibilidad, una idea particularmente reduccionista persiste cuando hablamos de artes marciales y mujeres, identificándolas solo como una herramienta para que aprendan a protegerse frente a agresiones masculinas, como si su valor para ellas se limitara exclusivamente a aprender a defenderse.
Esta mirada, además, contribuye a difuminar las diferencias entre artes marciales, deportes de combate y defensa personal, tergiversando su alcance y su enorme potencial. En segundo plano queda un debate mucho menos visible sobre el lugar que siguen ocupando las mujeres en estos espacios como practicantes, competidoras, maestras y referentes.
Durante décadas, estos espacios fueron considerados casi exclusivamente masculinos. «En el colegio de monjas me decían que “eso” (el taekwondo) era cosa de hombres», recuerda Marta Calafell, maestra de taekwondo (Club Chois Vilanova), entrevistada para este reportaje. Sin embargo, las mujeres nunca estuvieron completamente ausentes. Siempre hubo pioneras que desafiaron ese orden establecido, aunque sus historias apenas quedaron documentadas.
Las fotografías que conserva el gimnasio Chois Vilanova, donde entrenó la madre de su actual directora, quien llegó a cinturón marrón, constituyen uno de los pocos testimonios de aquella generación que abrió camino mucho antes de que existieran referentes visibles.

Yo también crecí sobre un tatami. Comencé a practicar taekwondo en Sevilla a los siete años y pronto se convirtió en mi pasión. Formé parte de una de las primeras generaciones de niñas que, sin saberlo, rompieron muchos de esos estereotipos. Una grave lesión de rodilla, sin embargo, cambió aquella trayectoria.
Tras preguntar a mis padres si yo, «una niña de 15 años», llegaría algún día a ganar dinero con aquel “deporte” (que, precisamente en aquellos años, daba sus primeros pasos hacia su incorporación definitiva al programa olímpico), un prestigioso traumatólogo deportivo les aconsejó no operarme, al considerar que no era necesario para llevar una vida “normal”. Tardé tres años en operarme. Aquella decisión puso fin a mi sueño deportivo y olímpico.
Veinticinco años después, aquel episodio adquiere para mí otro significado a la luz de lo que hoy conozco sobre el género, el deporte y la desigualdad. Regresé al tatami con otra edad, otras experiencias y también con la mirada de una investigadora especializada. De ese regreso nace este reportaje: una mirada a lo que las artes marciales pueden significar para las mujeres más allá de la defensa personal.

Para responder a esa pregunta, entrevisté a entrenadoras y entrenadores, así como a una especialista en igualdad y deporte; realicé, además, una encuesta online anónima en la que participaron cincuenta mujeres de distintas disciplinas, regiones y generaciones, y llevé a cabo una revisión amplia de la literatura científica sobre género y artes marciales. Sus testimonios apuntan a tres conclusiones principales.
- Primero, todavía sabemos muy poco sobre la experiencia de las mujeres en estas disciplinas y se necesita más investigación.
- Segundo, la tolerancia cero no puede quedarse en el papel y los clubes, federaciones e instituciones deportivas deben hacerla efectiva frente a la discriminación y la violencia.
- Y tercero y muy revelador, cuando las artes marciales se desarrollan en entornos que cuestionan las desigualdades y los mandatos de género, los entrenamientos mixtos favorecen relaciones más igualitarias, amplían la autonomía y la capacidad de acción de quienes las practican y cuestionan los estereotipos que históricamente han limitado la participación de las mujeres.
Llegar al tatami, permanecer en él
Cada vez más mujeres se acercan a las artes marciales, pero muchas abandonan antes de consolidar una práctica sostenida o encuentran obstáculos para avanzar hacia posiciones de liderazgo. Pese a los avances de las últimas décadas, la participación femenina sigue siendo muy inferior a la masculina y, aunque la falta de datos históricos dificulta reconstruir con precisión esta evolución, las estadísticas disponibles y la investigación coinciden en que esta brecha no responde únicamente a decisiones individuales.
Los estereotipos de género, la falta de referentes, el reparto desigual de las responsabilidades domésticas y de cuidado, las dificultades para conciliar estas tareas y las barreras para acceder a la práctica deportiva y para mantenerse en ella continúan condicionando la trayectoria de muchas mujeres.
Pese a los avances de las últimas décadas, la participación femenina sigue siendo muy inferior a la masculina
Isabel Abella Ruiz de Mendoza, directora de HEKION y especialista en igualdad y no discriminación y violencias en el deporte, conceptualiza este fenómeno como el «embudo deportivo»: un proceso acumulativo por el que, a lo largo de las distintas etapas de la vida, factores sociales, culturales, familiares e institucionales van generando barreras que dificultan progresivamente que las niñas y mujeres se incorporen al deporte, permanezcan en él y accedan a posiciones de responsabilidad y liderazgo.
Paradójicamente, a pesar de estas barreras, las mujeres que permanecen en las artes marciales describen una experiencia profundamente positiva. Las cincuenta mujeres encuestadas, pertenecientes a distintas disciplinas y con trayectorias muy diversas, destacan beneficios que van mucho más allá del aprendizaje técnico: confianza, autoestima, disciplina, salud física y mental, sentimiento de pertenencia y una mayor sensación de seguridad.
Es una práctica positiva en aspectos como: socialización, autoestima, disciplina, salud mental, salud física, diversión, respeto por uno mismo y por los compañeros, autocuidado y cuidado del grupo
No sorprende, por tanto, que el 98 % de las participantes afirme que recomendaría la práctica de las artes marciales a otras mujeres y niñas.
AmpliarLa defensa personal puede parecer, a priori, una de las principales motivaciones para iniciarse en las artes marciales. Sin embargo, los testimonios muestran motivaciones mucho más diversas, que además pueden transformarse a lo largo de la trayectoria deportiva.
Pero esta experiencia positiva convive también con barreras y formas de discriminación que no pueden ignorarse. Identificarlas y transformarlas resulta fundamental para garantizar que los tatamis sean espacios de igualdad real, seguros e inclusivos para todas las personas, independientemente de su género, origen, orientación sexual u otra condición.
A partir de las entrevistas realizadas y de la literatura científica, este reportaje profundiza en tres dimensiones fundamentales: la relación con el cuerpo femenino, la escasez de referentes y de mujeres en posiciones de liderazgo, y el deber de garantizar entornos deportivos seguros.
Cuerpo, conciencia y presencia en el tatami
Las desigualdades de género no desaparecen cuando las mujeres entran en un dojo. En algunos casos se retraen, se contienen o se hacen menos visibles, pero siguen presentes y atraviesan sus cuerpos de distintas formas durante el entrenamiento y a lo largo de los años.
Desde la infancia hasta la edad adulta, muchas practicantes describen cómo la intersección de distintos ejes de desigualdad —como el género, la edad, la racialización, la complexión física o determinados procesos biológicos, entre otros— condiciona la manera en que son percibidas y experimentan el tatami, tanto dentro como fuera de él.
“Parcialmente la defensa personal me ha resultado incómoda porque la mayoría de compañeros eran hombres
Nunca he tenido malas experiencias en el gimnasio salvo cuando era niña por parte de un niño de mi edad
Por lo demás ha sido más una cuestión de infravalorar mi potencial por ser mujer. Pero salvo algún comentario muy puntual, me lo he pasado siempre muy bien entrenando
Esta realidad genera, además, un debate entre las propias practicantes sobre hasta qué punto han tenido que adaptar su forma de comportarse, expresarse o presentarse para encontrar su lugar dentro y fuera del tatami.
La socióloga Giovanna Follo conceptualiza esta tensión a través del «dilema de la paradoja femenina»: desarrollar capacidades tradicionalmente asociadas a la fuerza y al combate mientras, fuera del dojo, continúan operando expectativas sociales sobre cómo deben ser, comportarse o incluso verse las mujeres.
Los testimonios recogidos en esta investigación muestran que, aunque en contextos muy distintos, esa tensión entre las expectativas de género y la práctica marcial puede surgir desde edades muy tempranas. Algunas participantes recuerdan cómo su cuerpo se convirtió en motivo de exclusión o de cuestionamiento.
Cuando era pequeña, en judo era gordita y me trataban mal por eso
Otras explican cómo determinados comentarios terminaron condicionando la percepción de sus propias capacidades.
Mi altura… me hicieron pensar que las personas más altas tenían más control
La adolescencia constituye uno de los momentos más sensibles. Los cambios físicos y biológicos coinciden con la construcción de la identidad y con una etapa en la que muchas niñas abandonan la práctica deportiva. Más adelante surgen otros desafíos asociados al paso del tiempo que afectan al conjunto de practicantes, pero que adquieren dimensiones particulares en el caso de las mujeres: la menstruación, la maternidad o, simplemente, seguir encontrando un lugar en disciplinas en las que la juventud continúa ocupando el centro de la representación y donde ser considerada una mujer «mayor» puede condicionar la forma en que se vive y se percibe su presencia en el tatami.
La edad aparece, de hecho, como un factor que puede influir en la experiencia y en el sentimiento de pertenencia. Ante la pregunta sobre qué cambiarían para disfrutar más de la práctica de las artes marciales, una participante de entre 45 y 54 años respondió:
Que hubiera más personas de mi edad
En un contexto de envejecimiento demográfico, favorecer la permanencia de personas de distintas edades en las artes marciales no solo amplía las oportunidades de práctica deportiva, sino que también puede contribuir a cuestionar el edadismo y enriquecer estos espacios mediante el intercambio de experiencias, referentes y distintas formas de entender el aprendizaje.
Otras respuestas al cuestionario sobre qué cambiarían las participantes para disfrutar más de su práctica también muestran cómo determinadas experiencias corporales, a menudo invisibilizadas, forman parte de la vida cotidiana en el tatami. La menstruación es una de ellas:
Pantalones oscuros para no tener miedo de manchar
Otra participante relata positivamente haber encontrado un entorno capaz de reconocer estas necesidades sin cuestionar su participación:
Nos trataban siempre igual que a nuestros compañeros hombres, pero teniendo mayor comprensión cuando estábamos con la regla, dejándonos salir a beber agua si era necesario o apartarnos un poco si nos encontrábamos mal
Estos testimonios ponen de manifiesto la necesidad de comprender y atender las distintas condiciones en las que las mujeres practican deporte, evitando asumir que sus experiencias y necesidades son homogéneas.
Para ello, resulta fundamental que clubes, escuelas y equipos técnicos adopten una actitud proactiva, generando espacios de diálogo y escucha que permitan conocer las necesidades de las propias practicantes y adaptar, cuando sea necesario, las condiciones de entrenamiento.
Lejos de ser una cuestión anecdótica, esta realidad coincide con los hallazgos de otras investigaciones sobre salud menstrual, que subrayan la importancia de crear entornos en los que pueda gestionarse con normalidad, sin estigma, vergüenza ni barreras a la participación.

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Pero las desigualdades de género no se limitan a las expectativas sociales sobre el cuerpo de las mujeres. También se manifiestan en cómo muchas de ellas son percibidas y tratadas dentro del propio tatami. Varias participantes relataron haber experimentado actitudes condescendientes, infravaloración de sus capacidades o un trato diferente por ser mujeres.
Infravaloración de capacidades, trato diferente por ser niña o mujer, asignación de un rol secundario respecto a mis compañeros y comentarios sobre mi cuerpo o apariencia
Otra participante relató cómo ese trato desigual coexistía con la pasividad del entorno.
Comentarios sexistas, trato diferente por ser mujer y comentarios sobre mi cuerpo. Todo esto siendo mayor de 18 años y por parte de compañeros; el maestro estaba presente en algunas ocasiones y no dijo nada
A ello se suma una sensación que también aparece en los testimonios: la necesidad de acreditar constantemente la propia capacidad.
Siempre tienes que demostrar un poco más
En determinados contextos, sin embargo, conquistar y mantener un lugar en el tatami adquiere dimensiones que trascienden el propio espacio deportivo.
El caso de Zakia Khudadadi muestra de forma especialmente contundente hasta qué punto el género, la discapacidad, el origen y el desplazamiento forzado pueden entrecruzarse en la trayectoria de una deportista.
La parateekwondista afgana huyó de Afganistán tras la llegada de los talibanes al poder en 2021 y posteriormente se estableció en Francia. Tras competir en Tokio 2020, pocos días después de su evacuación, en París 2024 hizo historia al convertirse en la primera deportista del Equipo Paralímpico de Refugiados y en la primera mujer afgana en ganar una medalla paralímpica.
Su trayectoria va mucho más allá de una de las cuestiones que atraviesan los testimonios recogidos en esta investigación: quién puede ocupar el tatami, en qué condiciones y qué significa para una mujer conquistar y mantener ese espacio.
En el caso de Khudadadi, la práctica deportiva se convierte, además, en una forma de autonomía, visibilidad y resistencia frente a las restricciones impuestas a las mujeres afganas. Como ella misma expresó:
Sigo con el para taekwondo porque me encanta el deporte y gano por las mujeres de Afganistán y por la gente refugiada
Zakia Khudadadi
Parateekwondista afgana
Frente a experiencias tan diversas, el papel de las maestras y los maestros resulta clave, como señalaron tanto las practicantes como quienes imparten estas disciplinas y fueron entrevistados para esta investigación.
Su labor no se limita a la enseñanza técnica: también implica cuestionar los estereotipos de género y de edad, evitar la hipersexualización y promover una cultura basada en la igualdad, el respeto y la disciplina.
Esto también implica cuestionar determinadas estrategias comerciales que construyen una imagen diferenciada de las mujeres practicantes, basada principalmente en criterios estéticos y estereotipos de género.

Construir espacios seguros e igualitarios también es una responsabilidad compartida. Quienes enseñan y quienes practican deben respetar las normas de seguridad, vestimenta y etiqueta propias de cada disciplina, siempre que sean conocidas, justificadas y aplicadas con respeto.
Al mismo tiempo, es necesario que toda la comunidad reconozca y tenga en cuenta que los cuerpos, las trayectorias y las circunstancias de quienes entrenan son diversos. La igualdad en el tatami no consiste en ignorar esas diferencias ni en tratar a todo el mundo de manera idéntica, sino en evitar que esas diferencias se conviertan en barreras para practicar, aprender y sentirse parte de ese espacio.
De la excepción al referente: mujeres que lideran
Las barreras no afectan únicamente al cuerpo ni a la relación entre iguales. También condicionan quién ocupa los espacios de autoridad.
Aunque no existen estadísticas oficiales que permitan determinar cuántas mujeres ejercen específicamente como maestras de artes marciales en España, datos federativos disponibles apuntan a una clara infrarrepresentación femenina en puestos técnicos y de entrenamiento.
En 2024, por ejemplo, las mujeres representaban el 16 % de las colegiaciones técnicas en la Real Federación Española de Judo y Deportes Asociados y alrededor del 21 % de las licencias de entrenadores en la Real Federación Española de Karate.
Una revisión internacional sobre género y artes marciales identifica la ausencia de referentes femeninos y el predominio masculino en posiciones de autoridad como factores que pueden hacer que estos espacios sean percibidos como menos inclusivos para las mujeres (Lindsay et al., 2023). Aunque existen diferencias entre disciplinas, esta realidad coincide con la percepción de las profesionales y de las fuentes consultadas para este reportaje. Esta brecha, además, no es exclusiva del deporte, sino que persiste en numerosos ámbitos profesionales y en espacios de toma de decisiones.

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Emily Dobrich sostiene que las mujeres siguen siendo percibidas con frecuencia como menos fuertes, menos competitivas o menos capacitadas para determinadas disciplinas. Estos estereotipos condicionan no solo su participación, sino también su reconocimiento y sus oportunidades de acceder a puestos de liderazgo como entrenadoras, árbitras o responsables de clubes y federaciones. Marta Calafell, maestra y árbitra de taekwondo, lo resume así:
Al ser árbitra y maestra, y además de baja estatura, me veían frágil. He luchado mucho en silencio. Se te cuestiona constantemente y tienes que demostrar continuamente que eres válida
Los testimonios recogidos muestran, sin embargo, una realidad en transformación. Mujeres con cinturón negro en distintas disciplinas ya ocupan puestos como entrenadoras, maestras, árbitras y directivas.
Cada mujer que enseña, árbitra, dirige o toma decisiones amplía el horizonte de posibilidades para quienes vienen detrás y contribuye a que el liderazgo femenino deje de percibirse como una excepción.
Espacios seguros: prevenir, actuar y transformar
Entre las principales motivaciones para iniciarse en las artes marciales aparece una idea recurrente: aprender a defenderse y ganar autonomía y confianza. Resulta paradójico que muchas mujeres lleguen al tatami en busca de herramientas para afrontar la violencia que existe fuera del gimnasio, mientras que el propio ámbito deportivo tampoco está exento de situaciones de acoso, abuso o discriminación.
Los resultados de la encuesta reflejan esta complejidad. La mayoría de las participantes afirma sentirse cómoda y segura en sus clubes. Esta percepción positiva convive, sin embargo, con varios testimonios que revelan experiencias de acoso, abuso, comentarios sexistas, infravaloración y otras conductas graves en estos espacios.
Uno de los testimonios recogidos relata una situación de abuso grave mantenida durante varios años:
Mi instructor, cuando practiqué taekwondo de los 14 a los 19 años, abusó de mí, manipulándome y haciéndome creer que era la ‘elegida’ y manteniendo una relación ‘sexoafectiva’ con 20 años de diferencia de edad
Las respuestas relacionadas con la denuncia y las relaciones de autoridad introducen, sin embargo, importantes matices. El 68 % considera que, ante una denuncia, la organización actuaría correctamente.
Ahora bien, ante la pregunta de si existe una cultura que dificulta cuestionar o denunciar conductas inadecuadas de personas con autoridad, el 16 % responde claramente que sí y otro 34 % señala que ocurre en algunos casos.
AmpliarAsimismo, solo el 48 % afirma que se sentiría o se ha sentido completamente cómoda denunciando una conducta inapropiada, acoso o violencia, mientras que otro 20 % reconoce tener algunas dudas.
Más que una contradicción, estos resultados revelan distintas dimensiones de la seguridad. Sentirse cómoda en el entrenamiento cotidiano o confiar, en términos generales, en el propio club no implica necesariamente tener la misma seguridad a la hora de identificar, cuestionar o denunciar una conducta inapropiada, especialmente cuando proviene de una persona con autoridad.
Los testimonios recogidos apuntan precisamente a la necesidad de contar con protocolos claros, mecanismos de protección y canales de denuncia conocidos y accesibles:
Es muy importante que la federación, además de las familias, proteja de abusos en el ámbito de las artes marciales. En mi caso, la federación no me protegió; todo se ocultó
La UNESCO recuerda que el deporte constituye una poderosa herramienta de inclusión, educación y bienestar, pero también advierte de que reproduce muchas de las desigualdades y violencias presentes en la sociedad.
En la misma línea, diversos estudios internacionales han señalado la necesidad de que las organizaciones deportivas cuenten con protocolos eficaces de prevención, canales de denuncia accesibles y mecanismos de acompañamiento para las víctimas.
Entrenar para transformar
El potencial transformador de las artes marciales y los deportes de combate depende de que la igualdad y la no discriminación formen parte de la cultura cotidiana de los clubes, las federaciones e instituciones deportivas, desde el deporte base hasta la élite.
La seguridad no consiste únicamente en aprender técnicas de defensa personal, sino también en contar con normas claras, personas de referencia y protocolos conocidos y accesibles para prevenir y actuar ante situaciones de discriminación, abuso o acoso. Estos deben ir acompañados de formación y apoyo para quienes dirigen clubes, imparten clases y asumen responsabilidades. La prevención debe formar parte de la vida cotidiana del tatami.
Este cambio también requiere una mayor presencia de mujeres en posiciones de liderazgo y compromiso institucional sostenido. En línea con las recomendaciones de ONU Mujeres y la UNESCO, avanzar hacia una igualdad real implica combatir estereotipos, promover una representación igualitaria y reforzar la igualdad de oportunidades desde el deporte base.
Uno de los elementos que emerge con especial interés en esta investigación es el valor del entrenamiento mixto. Entrenar conjuntamente puede cuestionar la asociación histórica entre la masculinidad y la fuerza, favorecer relaciones de respeto y aprendizaje mutuo y desmontar estereotipos de género. La revisión de Lindsay et al. (2023) respalda este potencial transformador.

Como resume una de las participantes:
Mi gimnasio es mixto. Encuentro muy positivo poder compartir espacios seguros y experiencias con hombres y mujeres
Transformar no significa simplemente incorporar a más mujeres al tatami. Implica cuestionar las normas y las relaciones de poder que generan desigualdad: quién permanece, quién enseña, quién lidera, quién toma las decisiones y qué comportamientos se legitiman.
Del mismo modo, la prevención de la violencia contra las mujeres no puede recaer en ellas ni reducirse a su capacidad de autodefensa. También requiere educar a niños y hombres desde edades tempranas en igualdad, respeto y relaciones libres de violencia. En este sentido, los entrenamientos mixtos constituyen un espacio cotidiano en el que aprender juntos y poner en práctica relaciones más igualitarias, siempre que se desarrolle en entornos que promuevan activamente estos valores.
Para avanzar, también será necesario seguir generando conocimiento. La investigación sobre las experiencias de las mujeres en las artes marciales sigue siendo limitada, especialmente en el deporte de base y en la práctica cotidiana. Escuchar a quienes entrenan, enseñan y lideran estos espacios permitirá comprender mejor las desigualdades y diseñar respuestas más eficaces.
Quizá el mayor poder transformador de las artes marciales no resida únicamente en enseñar a defenderse, sino en demostrar, generación tras generación, que el respeto, el liderazgo, el esfuerzo, la autoridad y la capacidad de decidir no entienden de género.
Fuentes y bibliografía consultada
Bibliografía académica
1
Channon, A. (2013). Do You Hit Girls? Some Striking Moments in the Career of a Male Martial Artist. Men and Masculinities, 16(4), 347–368. https://doi.org/10.1177/1097184X12468077
2
Channon, A. (2014). Towards the “Undoing” of Gender in Mixed-Sex Martial Arts and Combat Sports. Societies, 4(4), 587–605. https://doi.org/10.3390/soc4040587
3
Channon, A., & Matthews, C. R. (Eds.). (2015). Global Perspectives on Women in Combat Sports: Women Warriors Around the World. Palgrave Macmillan.
4
Dobrich, E. (2024). Women in Martial Arts: Gender, Identity and Embodied Practice. Martial Arts Studies.
5
Follo, G. (2012). A Literature Review of Women and the Martial Arts. Sociology Compass, 6(9), 707–717. https://doi.org/10.1111/j.1751-9020.2012.00493.x
6
Lindsay, R., Horne, J., Shaw, J., Kentzer, N. & Bacon, W. (2023). The Influence of Gender Dynamics on Women’s Experiences in Martial Arts: A Scoping Review.
7
Maor, M. (2019). Fighting Gender Stereotypes: Women’s Participation in the Martial Arts, Physical Feminism and Social Change. Martial Arts Studies, 8, 25–41.
7
Ruiz Moriana, S. (2024, 18 de septiembre). Salud menstrual, un derecho de las alumnas que necesita urgentemente mejoras en Primaria. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/participacion/red-lectores/20240918/9936093/salud-menstrual-derecho-alumnas-necesita-urgentemente-mejoras-primaria.html
8
Ruiz Moriana, S. (2024, 6 de noviembre). Brecha de género nada diplomática. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/participacion/red-lectores/20241106/10079356/brecha-genero-diplomatica.html
Fuentes y bibliografía consultada
Documentos institucionales
1
International Olympic Committee. (2021). IOC Gender Equality and Inclusion Report.
2
Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. (2026). Encuesta de Hábitos Deportivos en España 2026.
3
Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. (2026). Anuario de Estadísticas Deportivas 2026. Secretaría General Técnica, Subdirección General de Estadística y Estudios. Anuario de Estadísticas Deportivas
4
UN Women. (2020). Gender Equality in Sport.
Trabajo de campo
- Cuestionario online realizado por la autora con 50 mujeres practicantes de artes marciales y deportes de combate (2026).
- Entrevistas realizadas en 2026, por orden cronológico, a maestras y maestros de artes marciales, especialistas en igualdad y deporte y mujeres practicantes de distintas disciplinas:
- Salvador Caballero, maestro y director del Club Do Yang Sal (Barcelona).
- Marta Calafell, maestra y directora del Club Chois Vilanova (Vilanova i la Geltrú).
- Isabel Abella Ruiz de Mendoza, directora de HEKION y especialista en igualdad, no discriminación y violencias en el deporte, Bizkaia.
- Pedro José González García, maestro y director del Club José Antonio II (Sevilla).
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