¿Cómo es que no lees?
Por Jordi Nadal Hernández — Portada

¿Cómo es que no lees? 01/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Llevamos meses leyendo, con tristeza, reflexiones alarmadas por las conclusiones del informe PISA. Nos inquieta que los jóvenes comprendan peor lo que leen, pero hablamos menos de aquello que podría remediarlo: leer de verdad.
A menudo encontramos a alguien que nos pregunta: “¿Cómo es que no haces yoga, con lo bueno que es para la salud?”. Otros dicen: “¿Cómo es que no vas al gimnasio?”, “¿Cómo es que no duermes más?” o “¿Cómo es que no comes mejor?”. Sin embargo, casi nadie pregunta: “¿Cómo es que no lees, con lo bueno que es para la salud física y mental, para el bienestar emocional, intelectual y ciudadano?”.

Leer está intrínsecamente unido a llegar a ser más que uno mismo. Nos permite conocer mejor a los demás; escuchar, sin ser sacerdotes que deben respetar el secreto de confesión, pensamientos muy íntimos; comprender, gracias a los matices, lo difícil que es emitir una opinión tajante. Leer ensancha la mirada, el alcance, la profundidad y la intensidad de la vida. Y despierta más ganas de vivir. Leer es salir del sí y del no, del blanco y negro, del “yo tengo razón y tú no”. Es escapar del “nosotros” contra “los otros”. Leer es vivir más. Es progresar.
Estoy releyendo Los novios, de Alessandro Manzoni, la novela predilecta del papa Francisco. La leí hace muchos años y, varias décadas después, empecé a leerla en voz alta con mi hija. La entrada del smartphone en su vida –y la de la adolescencia en su biología– interrumpió nuestras lecturas conjuntas cuando estábamos por la mitad. Una pérdida inmensa para mí.
Leer está intrínsecamente unido a llegar a ser más que uno mismo; nos permite conocer mejor a los demás
Lo he retomado solo y vuelvo a ser tan feliz como hace treinta años. O mucho más. Hay en esta novela un pasaje de unas cuarenta páginas de una intensidad extraordinaria. No necesito contar qué sucede: basta decir que su lectura produce una gratitud inexplicable, pero muy certera, por pertenecer a esa comunidad poco visible que forman los lectores. Quien lee nunca vive una sola vida. Habita otras épocas, escucha voces que ya no están, entra en conciencias que no son la suya y regresa a sí mismo con menos certezas, pero con mayor comprensión. Quizá por eso la lectura no sea únicamente un placer ni una herramienta escolar. Es también una forma de salud, una educación sentimental y un aprendizaje de ciudadanía.

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Jordi Nadal
Amo tanto la lectura que ahora la celebro, semanalmente, en un pódcast donde comparto aquello que sostiene mi vida. Celebramos lo que nos hace bien, ¿no es cierto? Entonces, ¿cómo es que no leemos? Porque una sociedad que no lee pierde palabras, imaginación, criterio, empatía y, en definitiva, libertad, autenticidad y sentido.
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