¿Camina Europa sonámbula hacia la guerra?

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Por Ramon Aymerich Piqué — Portada

Ramon Aymerich Piqué

Ramon Aymerich

Redactor jefe de Internacional

¿Camina Europa sonámbula hacia la guerra?

UNA NOCHE EN LA TIERRA

11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La semana ha sido triunfal para Vladimir Putin. Ha pactado con Donald Trump el fin de las sanciones a las exportaciones de fuel. El amo del Kremlin tiene hoy más dinero para una guerra que no tiene final y que arrastra a Europa.

Una mujer se ilumina con un antorcha durante el apagón de Kyiv el jueves 
Una mujer se ilumina con un antorcha durante el apagón de Kyiv el jueves  SERGEI SUPINSKY / AFP

Uno de los temas preferidos de los historiadores internacionales es sacar conclusiones sobre los errores que llevaron a las dos grandes guerras del siglo XX. Los europeos se precipitaron en la Primera Guerra Mundial tras una serie de decisiones y malentendidos desencadenados por un asunto en apariencia menor, el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando de Austria a manos de un nacionalista serbio. A esos países, el historiador Christopher Clark los llamó Sonámbulos en un libro que retrataba a sus dirigentes, conscientes de lo que pasaba, pero incapaces de percibir las consecuencias de sus actos.

En la segunda gran conflagración, la de 1939 a 1945, el gran error estuvo en no ver el mal allí donde anidaba. En no haber calibrado hasta dónde estaba dispuesto a llegar Adolf Hitler en su voluntad de reconfigurar el orden mundial.

En las apuestas sobre grandes conflictos futuros siempre aparecen China y Estados Unidos. Sin embargo, las dos grandes potencias sobrellevan sus diferencias en reuniones en los que sus dirigentes se adulan el uno al otro. No alcanzan grandes acuerdos, pero procuran no perjudicarse mutuamente. Otro gran conflicto, el que enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel, tiene un altísimo potencial de propagación. En él Rusia y China apoyan a Irán, pero vigilan no cruzar las líneas rojas que puedan romper los equilibrios que mantienen con Washington.

En contraste, la guerra a gran escala de Ucrania dura ya cuatro largos años sin solución aparente. Con centenares de miles de muertos por ambos bandos, en dos países que desangran su economía e infraestructuras de manera irreversible. Una guerra que, además, muestra síntomas de extenderse a otros países.

El conflicto de Ucrania se presta a comparaciones con las grandes guerras europeas. Para algunos, Ucrania sería la Serbia del siglo XXI, una guerra doméstica dentro del universo cultural y político ruso que Europa habría malinterpretado para convertirla en la trinchera en la que se defiende a la Europa democrática sin percibir las consecuencias que tiene seguir armando a Kyiv. Esta versión es la que agrada al Kremlin y que comparten los países del Sur Global.

Hay una segunda analogía con la Guerra de 1914 que ya no gusta tanto a Moscú: la Rusia de hoy sería como la Austria Hungría de 1914, un imperio multiétnico en decadencia dispuesto a la guerra permanente para ocultar que está en fase de desguace.

En las últimas semanas, Rusia ha aumentado el tono de las amenazas contra los países más activos en la ayuda a Ucrania

Más paralelismos. La periodista Sylvie Kauffmann escribió en 2023 Les Aveuglés (Los Cegados, un guiño a los sonámbulos del libro de Clarck) en el que trata de entender por qué Francia y Alemania han tardado tantos años en ver (o en aceptar), lo que se proponía Vladimir Putin, su voluntad de recomposición del imperio ruso y su área de influencia.

Según la periodista, la estrecha relación empresarial y energética de Alemania y la particular manera que tiene Francia de entender Europa les habría impedido ver las señales de peligro cuando se presentaron. Como Chechenia en el 2000, Georgia el 2008 o Crimea el 2014. En ese último año, según el politólogo Ivan Krastev, Angela Merkel llamó por teléfono a Putin para hablar de la anexión de la península a Rusia. Su reflexión, compartida después con Barak Obama, evidencia el océano que separaba a a la alemana del ruso: “¡Este hombre vive en otro mundo!” exclamó después de escucharle.

Las justificaciones del Kremlin en la guerra de Ucrania (la principal, la expansión de la OTAN) tienen seguidores en Europa, y no solo en la extrema derecha. Por ejemplo el analista francés Rénaud Girard, conservador de inspiración gaullista que reivindica la diplomacia antes que el gasto en un rearme militar sin fin. Considera que si Europa no acelera en la negociación y no retira las sanciones, la escalada -en la que Putin suele hablar a menudo de su inmenso arsenal nuclear- puede llevarnos a la III Guerra Mundial.

Otro argumento contemporizador es que Rusia no extenderá la guerra a otro país europeo porque el conflicto de Ucrania la ha dejado exhausta. Curiosamente, es el mismo razonamiento que utilizaban las cancillerías europeas en 1939 ante la amenaza de Hitler. ¿Cómo van los nacionalsocialistas alemanes a meterse en una guerra si acaban de salir de la pesadilla de Weimar? Pues sí que lo hicieron.

Francia y Alemania hablan hoy abiertamente del peligro ruso. Y los países bálticos y nórdicos son los más conscientes de ello. O los más hipersensibles. Un historiador, Branko Milanovic, culpa a los pequeños países y al trauma de su pasado soviético del volantazo que ha dado la política europea y el cambio de clima en sus instituciones.

Es por ese temor y por afinidad histórica con los ucranianos, razona, que Kyiv sigue recibiendo dinero para armas y atacando infraestructuras rusas, en especial las refinerías, convertidas hoy en la mejor baza estratégica de Ucrania.

Por razones de política interna, Trump neutraliza la gran baza de Ucrania y retira las sanciones al fuel ruso

El problema de unos y otros es que Putin ha aumentado el tono de las intimidaciones a esos países y que no piensa detenerse hasta que le entreguen el Donnbas. Es la solución que tenía en mente Donald Trump para hacer la paz cuando inició su segundo mandato: intimidar al débil para que cediera territorios y hablar después de negocios. No lo consiguió.

Esta semana ha sido pletórica para el inquilino del Kremlin. El miércoles fue su 74 aniversario. Para perplejidad europea, y por razones de política interna en EE.UU. Trump le llamó para felicitarlo y retirarle las sanciones para exportar fuel ruso. Putin tiene hoy más recursos para una guerra que busca destruir la moral de los ucranianos, conseguir que se vayan del país y hacer de su capital un infierno.

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