Por Carles Castro Sanz — Portada

Contenido solo para suscriptores Así arranca la carrera electoral

Expectativas ante el 29-N

La crisis de Ceuta llevó a la derecha al umbral de los 200 escaños, pero la de la vivienda quizás podría dejarlo en 174

Las decantadas expectativas electorales no excluyen un porcentaje de incertidumbre

Las decantadas expectativas electorales no excluyen un porcentaje de incertidumbre

Carles Castro Sanz

Carles Castro

Barcelona

11/10/2026 06:00 Actualizado 11/10/2026 06:17 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Los líderes políticos con expectativas adversas buscan “un día sin ayer” para fijar la fecha del adelanto electoral. Un día D –de dilema– en el que la disyuntiva (a poder ser dramática o “doble D”) saque del terreno de juego las actuaciones controvertidas e introduzca aquellas temáticas que mejor sintonicen con las propuestas del Gobierno saliente. Pedro Sánchez vislumbró su “día sin ayer” cuando fueron derrotados en el Congreso los decretos sobre la vivienda, un problema que constituye la primera preocupación de la ciudadanía. “Ayer”, por lo tanto, era Ceuta, la amnistía, los precios, los procesos judiciales… “Hoy”, en cambio, es una anciana que no pudo morir en su casa por culpa de un desahucio despiadado, con toda la carga emocional que ello supone.

Sin embargo, la campaña electoral es una carrera de alta velocidad en la que todos los jugadores –unos con más medios que otros– intentan imponer su relato. En consecuencia, el “día sin ayer” puede ser solo una ilusión o un tiempo transitorio porque los temas incómodos seguirán estando ahí, aunque, ciertamente, la campaña decidirá su peso frente a dilemas tangibles como la vivienda, las pensiones o la sanidad.

Ahora bien, el punto de partida hacia las urnas no puede ser más lúgubre para el PSOE y la izquierda radical. Las principales encuestas arrojan un promedio de voto del 32,5% para los populares y del 18% para Vox (es decir, más de la mitad de los sufragios). El PSOE se acercaría al 27% y la izquierda dividida lograría, respectivamente, un 6% (Sumar/Frente Amplio) y un 3%, Podemos. Con una participación similar a la del 2023, la derecha superaría de largo los 12 millones de votos, mientras que el centroizquierda y la izquierda sumarían menos de nueve millones.

Tras la votación de los decretos, el consenso demoscópico mantiene al PP y Vox en una horquilla de entre 195 y 210 escaños

La proyección territorial de esos votos promedio arrojaría un resultado rotundo: la derecha en su conjunto podría alcanzar el umbral de los 200 escaños (139, PP; 61, Vox, y uno, SALF). La izquierda, en cambio, no reuniría más de 120 diputados: 111 el PSOE; siete, Sumar, y dos, Podemos.

Una estimación propia –a partir de los datos directos del CIS– mejoraría el cómputo de la izquierda y situaría a un PP canibalizado por Vox en una correlación de empate técnico con el PSOE, aunque muy lejos todavía de revertir la mayoría absoluta del bloque conservador. En concreto, el cruce entre recuerdo e intención de voto más simpatía de los sondeos del CIS recortaría la mayoría de derechas hasta los 185 escaños (nueve por encima de la mitad más uno de la Cámara). Y en este caso, con una participación similar a la del 2023, el espacio conservador reuniría algo más de 12 millones de votos, mientras que la izquierda sumaría a duras penas nueve millones de papeletas y 140 diputados.

Así estaban las cosas hasta que el desahucio de Maricarmen Abascal provocó un súbito terremoto social en torno a un tema transversal como es el acceso a la vivienda. De pronto, la alargada sombra de los comicios del 2023 vino a recordar que el elector de izquierdas se activa a última hora. Y, aunque en hibernación según los datos directos del CIS, la izquierda dispone todavía de alrededor de un millón de votos potenciales que hasta hoy no entraban en la ecuación.

La izquierda necesita movilizar a un millón de abstencionistas de ese signo para tener opciones de gobierno

Es decir, aun a riesgo de adentrarse en el terreno de la “demoscopia ficción” y de que se confirme la disponibilidad real de esos “votos fantasma”, si finalmente se activaran en beneficio del PSOE y de la izquierda radical (con el requisito imprescindible de que esta última concurra en una sola lista), el escenario cambiaría visiblemente. La movilización de esos votantes, en un supuesto de participación del 69%, acercaría el cómputo total de la izquierda a los 11 millones de papeletas del 2019 y a una tasa similar (43%). Y el desenlace resultante brindaría a PP y Vox entre 173 y 175 escaños, con el PSOE como primera fuerza en votos y diputados. La clave, como siempre, reside en la caja negra de la abstención. Hasta hora, esa zona opaca ha ido nutriendo las arcas de la ultraderecha, pero los precedentes señalan un depósito de voto potencial que puede apoyar al centroizquierda si acaba percibiendo dilemas dramáticos que van más allá del espacio progresista.

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