Aprender a escribir en tiempos de IA
Por Lara Gómez Ruiz — Portada
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El debate sobre la ‘creatividad’ de las máquinas
Las escuelas literarias replantean su forma de enseñar por el avance tecnológico

Pau Pérez, en el centro, junto a otros profesores de laEscola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès, debatiendo sobre IA
Ana Jiménez

Barcelona
15/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Apuntarse a un curso de escritura y entregar textos escritos con inteligencia artificial es, cuanto menos, paradójico. Pero ocurre. Son casos contados y solo un ejemplo más de cómo los ChatGpts y compañías impregnan las aulas en todos los niveles: escolares, universitarias y, también, la de futuros escritores. ¿Quiénes estarán detrás de los futuros best sellers?, se preguntan desde hace al menos dos años los claustros de la gran mayoría de escuelas de escritura del mundo.
El debate está en la mesa y no existe una única respuesta, pese a que sí que el gran grueso coincide en que la creatividad tiene que venir de una mente humana. Por ello hay quienes directamente prohíben todo lo que no sea cumplir este mantra, hasta el punto de que uno pueda jugarse la expulsión, como ocurre en el Bennington College, en Vermont, cuyo programa de escritura, muy reputado entre poetas y autores estadounidenses, pide explícitamente a estudiantes y profesores que no utilicen ninguna herramienta de IA generativa, ni siquiera en los trabajos creativos; o la Columbia Fiction Foundry, en Nueva York, que especifica que cualquier texto, por corto que sea, escrito con IA “se tratará como un asunto equivalente al plagio”.
“Cuando un estudiante emplea IA suele ser porque le da apuro quedarse retrasado en clase”, apunta Pérez
Las escuelas españolas están teniendo estas a día de hoy estas mismas conversaciones. Pau Pérez, director de la E scola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, se reúne los días previos a que empiecen las clases con algunos de los profesores y miembros del equipo de coordinación y el tema es seguramente el más repetido. ¿Va a cambiar en algo las dinámicas en el aula? “No es una pregunta de futuro, ya está ocurriendo”, admite el tutor, que, en broma, llama ‘yaya’ a esta nueva tecnología. “Las veces que el estudiante la emplea suele ser porque le da apuro quedarse retrasado respecto a sus compañeros en lo que a entregas se refiere; pero es ahí donde debemos concienciar de que es mejor ir más lento que no que una máquina realice el texto por ti. Lo contrario, de hecho, es absurdo. El proceso creativo debe ser exclusivamente humano”.
Por el momento, Pérez se convence de que “es fácil detectar cuando alguien hace trampas, empezando por los signos de puntuación, pues vivimos en un país en que esta es una asignatura pendiente, y no puede ser que, de repente, a alguien que no dominaba esto al dedillo le salga un texto perfecto”. Esto puede llevar a una nueva corriente, cada vez más extendida en redes, que es la de escribir mal expresamente para no ser confundido con una IA. “¿Cómo puedo demostrar que he escrito yo mi propio texto sin que me acusen de lo contrario? Escribiendo de forma extraña”, propone Laura Brooke Robson, autora de Love is an algorythm , en un artículo en Writer’s Digest , donde explica que en sus novelas prescinde de “metáforas insulsas”, así como de los guiones largos y las listas de tres elementos, ambas estructuras muy habituales en los textos generados por IA.
“He empezado a leer como un detective. No quiero hacerlo, pero dudo si lo que leo fue escrito con IA”
“He empezado a leer como un detective. No quiero hacerlo. Quiero sentarme en mi banco del parque y sumergirme por completo en el libro que estoy leyendo, pero últimamente dudo de si lo que leo fue escrito por una IA. Cada pocos meses, reviso a Claude y ChatGPT para ver cómo progresan sus habilidades narrativas. Están mejorando. No me gusta decirlo, pero es cierto”, confiesa Brooke.
Esa misma sensación tiene a veces Javier Sagarna, director de la Escuela de Escritores, en Madrid, al que años atrás le hubiera sido muy difícil imaginar que gran parte del sector, incluidos los lectores, se convertirían en una especie de policía de la escritura, aunque, igual que Pérez, insiste en que es “un trabajo de concienciación en el que no debemos señalar con el dedo, sino aprender. Incluido el profesorado, al que también hemos pedido que se abstengan de estas inteligencias en sus correcciones. Es importante porque, si no, acabaremos con textos homogéneos, muy parecidos en cuanto a estructura, que siguen unos mismos patrones, cuando precisamente una de las riquezas de la literatura es la diversidad”.

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Cabe decir que hay centros que sí que creen que es posible desarrollar una voz propia pese a las inteligencias artificiales. La Universidad de Maryland llegó incluso a publicar en 2025 Studio for Literary Technology , específicamente para que escritores y profesores trabajen con modelos de lenguaje y narrativa generativa. O, en Barcelona, Jorge Carrión, codirector del Máster en Creación Literaria de la Universitat Pompeu Fabra explica que “introdujimos la escritura con IA hace ya cuatro años, como opción creativa, en el contexto del arte contemporáneo, en la clase de Alícia Kopf, pionera en el uso de bots, y en mi clase, a partir de mi experiencia con GPT-2 y GPT-3 en el proyecto Los campos electromagnéticos. Teorías y prácticas de la escritura artificial (Caja Negra), escrito mano a mano con la IA. Y añade: “La IA es una excelente herramienta para la investigación y para la edición”.
También el Laboratori de Lletres incluye una asignatura sobre IA en su Máster de Creación Literaria. La propia Association for Writing Across the Curriculum, que promueve la enseñanza de escritura en todos los contextos para maestros, profesores, investigadores y directores de centros literarios del mundo, afirma que “la IA está obligando a replantearse qué significa escribir” y defiende la escritura como “una actividad humana de investigación, juicio y reflexión”.
Frankfurt pondrá la IA en el foco
La Feria del Libro de Frankfurt, la más grande del mundo, debatirá largamente del 7 al 11 de octubre sobre inteligencia artificial. Son decenas las charlas y actividades que girarán alrededor de estas nuevas tecnologías y que irán desde formación hasta motivos legales en el mundo del libro. La conversación principal en todas ellas es, en realidad, replantearse qué significa ser escritor en estos tiempos, qué valor tiene la intervención humana y cómo puede cambiar la formación literaria. En este último punto, las escuelas de escritura tienen mucho que decir aunque, en la mayoría de casos, todavía están replanteándose su propia perspectiva y sus profesionales están en continuas formaciones. Conscientes de ello, la feria hace ya al menos tres años que trata de ayudar en esta enseñanza a los asistentes que acuden, y la oferta es cada vez mayor, así como el interés por realizar todo tipo de talleres. Jeanette Winterson dejó al aire una pregunta el pasado año: “¿Si un texto escrito por una máquina conmueve al lector, ¿qué estamos enseñando exactamente cuando enseñamos a escribir?”
Como todo, hará falta esperar un tiempo para ver si los Chatgpt, Gemini y demás cambian o no de forma sustancial la formación del escritor. Por el momento, concluye Pau Pérez, “estamos en un muy buen momento de matrículas, por lo que queda claro que la gente prefiere formarse y aprender técnicas con un humano y no por su cuenta con un robot, que solo alentará y hará la pelota, pero que no hará una buena corrección con la que aprender”. En esta línea, es llamativa la pregunta que se hace Mia Couto en su nueva novela, El río de la ceguera (Alfaguara): ¿qué sucedería si Occidente olvidara cómo escribir? Y un paso más allá: ¿qué pasa si quienes creen dominar el mundo pierden precisamente la herramienta con el que creen comprenderlo?
En cierto modo, obviamente exagerando un poco, es sobre lo que reflexionan también las escuelas de escritura: ¿tiene sentido nuestra existencia? En una reciente charla TED, Margaret Atwood dejó clara su postura: “Si lo que quieres es ser escritor, ¿por qué querrías que una máquina hiciera tu oficio? La inteligencia artificial puede imitar, pero el escritor debe tener una voz. Cuanto más fácil resulta replicar el estilo, más importante se vuelve construir una voz que no sea simplemente un estilo”.

Lara Gómez Ruiz
Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.
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