Alana S. Portero: “La ideología no escribe buenas novelas”
Por Lara Gómez Ruiz — Portada
Contenido solo para suscriptores Alana S. Portero: “La ideología no escribe buenas novelas”
Las brujas olvidadas de la Guerra Civil
La escritora se basa en la historia real de las diecisiete rosas de Guillena en su segunda novela, ‘Cosamala’

La escritoraAlana S. Porteroen el cementerio deGuillena, donde descansan las 17 rosas
Iván Giménez – Seix Barral

Sevilla. Enviada especial
21/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En noviembre de 1937, un grupo de diecisiete mujeres, vecinas del municipio de Guillena (Sevilla), fueron rapadas, obligadas a ingerir aceite de ricino y paseadas por el pueblo. Después de múltiples humillaciones y torturas, el bando franquista las fusiló. ¿Sus pecados? “Algunas eran de izquierdas y otras tenían a sus maridos huidos, por lo que apresarlas era un método de extorsión también hacia ellos”, explica Alana S. Portero (Madrid, 1978) frente al ayuntamiento de Guillena, donde estuvieron prisioneras durante dos meses las diecisiete rosas, pues así se las conoce.
La escritora se respalda en esta historia real para su nueva ficción, Cosamala (Seix Barral), aunque insiste en que la suya no es una novela histórica, sino un relato “gótico, lorquiano y antifascista” que huye de la literalidad del pasado, hasta el punto de convertir a las protagonistas en una especie de brujas, “mujeres que también han sido injustamente maltratadas”.
Siempre me ha fascinado la violencia sistémica hacia las mujeres en la Guerra Civil”
Si bien su primera novela, La mala costumbre, la puso en el foco del panorama literario, hasta el punto de convertirse en uno de los libros más demandados por agentes literarios y editores en la Feria de Frankfurt de 2022, Portero tenía claro que quería que su segunda novela fuera algo “radicalmente distinto”, por lo que pensó que huir del mundo contemporáneo era la mejor idea.

Lee también
Alana Portero: “Se puede hacer una novela de crecimiento femenina, trans y obrera”
Begoña Gómez Urzaiz
“Siempre me ha fascinado la violencia sistémica hacia las mujeres en la Guerra Civil, y cuando supe de la historia de estas jóvenes me quedó marcada. Me enteré porque en 2012 se encontraron sus restos en una fosa común y entonces la madre de mi mejor amiga me dijo que ella era de ese pueblo y me puse a investigar”. Averiguó, maduró las ideas durante años, y el día que presentó La mala costumbre escribió la primera línea de la que se ha convertido en su segunda novela. Eso sí, dejando las ideologías a un lado, ya que, para la escritora madrileña, “la ideología no escribe buenas novelas”.

Portero continúa su recorrido por Guillena junto a un grupo de periodistas y se detiene frente al Hogar del Pensionista El Palomar, que en su trama convierte en el cabaret La Paloma, pese a que allí nunca hubo uno. “Quería rendir homenaje a la cultura del cabaret que había de España antes de la guerra. Pequeños espacios de libertad que se arrebataron”. Allí trabaja una de sus principales protagonistas, la Tórtola, una travesti que se une al grupo de mujeres que se unieron frente a la represión de la columna de Ramón de Carranza que tanto castigó al pueblo y a su gente. “Para explicar el mal hay que explicar primero a los seres humanos”, recuerda.
El paseo finaliza en el cementerio de Guillena, en el monolito en el que se las recuerda. “Conocíamos la historia de las Trece Rosas, seguramente porque ocurrió en Madrid. Pero hay tantísimas otras que merecen ser contadas… Más allá de la que narro, en este libro menciono otras, como la de las aceituneras de Aznalfarache, también asesinadas”.

Para sorpresa de la escritora, María Dolores Sánchez, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, nieta de una de las Rosas, saca una llave para abrir el panteón y la pequeña capilla donde descansan los restos de las jóvenes. Portero, que hasta ese momento nunca había podido acceder, se emociona. Se las pudo localizar en la vecina localidad de Gerena y trasladarlas luego aquí gracias a la memoria prodigiosa de José Domínguez, entonces un niño, que, subido a un árbol, fue testigo del crimen.

Lara Gómez Ruiz
Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada