Abadía Retuerta, el renacer de un histórico viñedo que celebra 30 años
Por Ramón Francàs Martorell — Portada
Abadía Retuerta, el renacer de un histórico viñedo que celebra 30 años
Enoturismo
La bodega vallisoletana presenta un vino conmemorativo de altos vuelos elaborado hace una década con hasta seis variedades tintas

La bodega y complejo hotelero de Abadía Retuerta desde sus viñedos
Cedida

Sardón de Duero
14/10/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En un bello enclave vallisoletano junto al río Duero renació hace 30 años un viñedo histórico que supuso la puesta en marcha del ambicioso proyecto vitivinícola y enoturístico de Abadía Retuerta. Esta bodega propiedad de Novartis, la compañía suiza dedicada a la industria farmacéutica y a la biotecnología, ha celebrado las tres décadas de trayectoria estrenando en el mercado un exclusivo vino de la añada 2016 (poco más de 1.000 botellas que se ofrecen a 320 euros) y un espacio en la penumbra de su bodega donde coleccionar y conservar antiguas añadas de este proyecto que cuenta desde 2009 como consejero delegado con el sevillano Enrique Valero.
Del poliédrico, redondo y elegante vino con el que conmemoran su 30 aniversario afirman que “reúne la riqueza y diversidad de nuestros viñedos”. Y añaden que “rinde homenaje al legado, al terruño y al tiempo”. Está elaborado con syrah (38%), tempranillo (32%), con un merlot que ha sabido adaptarse a las condiciones de esta gran finca de Sardón de Duero (14%), con graciano (8%), con cabernet sauvignon (4%) y con petit verdot (4%). Es un tinto de capa alta y altos vuelos, donde todo está perfectamente dispuesto, poniendo el acento en la expresión de la fruta. Se presenta envuelto en una reproducción de un antiguo mapa topográfico de su finca y en caja de madera.

Para conmemorar el 30 aniversario también han seleccionado algunas de las añadas más representativas de su historia. Aseguran que “el paso del tiempo no borra el carácter de estos vinos: lo afina, lo amplía y lo vuelve más profundo”. Al hilo manifiestan que “aparecen así matices, texturas y resonancias que solo una larga evolución es capaz de desvelar”. ‘Tiempo y Terruño’ es como se ha bautizado esta colección formada por vinos que han permanecido durante años en su bodega, “evolucionando lentamente hasta alcanzar su máxima expresión”.
Enrique Valero, ‘CEO’ de Abadía Retuerta
“Hacer un gran vino es, en buena medida, una cuestión de tiempo”
Enrique Valero, CEO de Abadía Retuerta, afirma que “hay lugares que uno descubre y otros que, con el tiempo, llega a comprender. Abadía Retuerta es uno de ellos”. Hoy quieren “trascender al tiempo”, ir más allá de sus límites. Explica Valero que han puesto el empeño en aprender a escuchar su territorio: a conocer sus tierras, sus orientaciones, sus pequeñas diferencias. No tiene dudas, además, que “hacer un gran vino es, en buena medida, una cuestión de tiempo”.
El CEO de Abadía Retuerta asegura que sienten una responsabilidad especial hacia este lugar. En este sentido señala que “lo que hemos recibido no nos pertenece del todo. Nos ha sido legado, lo hemos cuidado y tenemos la obligación de entregarlo a quienes vengan después con el mismo respeto con el que nosotros lo recibimos”.
Enrique Valero manifiesta que “30 años pueden parecer poco en el mundo del vino”, pero remarca que “creemos en el tiempo y fundamentalmente en el terruño, siendo el equipo humano un factor fundamental”. Dice que cuentan con “el mejor equipo del mundo”. También destaca su trabajo en favor de la sostenibilidad, y asegura que “estamos decididos a regenerar más que a extraer de nuestra finca”.
La tradición del vino en la zona se remonta al siglo XII, elaborado por monjes premostratenses que fundaron monasterios y plantaron viñas cerca del río Duero. Están situados en un cauce seco del Duero con suelos formados hace 65 millones de años. Desde Abadía Retuerta se afirma que “los monjes persistieron en el cultivo del viñedo y, poco a poco, además de extraer lo mejor de aquellas tierras, fueron dominando la elaboración del vino”. Al hilo añaden que “gracias a la capacidad de transfiguración y la propia obstinación de la viña por asentarse, nuestro bien más preciado, el vino, continuó siendo uno de los mejores productos de la tierra”.

Durante el siglo XI de la era cristiana, coincidiendo con el declive del poder de los ejércitos musulmanes, culminó un ciclo histórico en las tierras cercanas al Duero. Los enclaves de Valladolid regados por el río volvieron a ser poblados. La repoblación la realizó el conde Sancho García. Trajo consigo la fundación de tres monasterios, entre ellos el de Nuestra Señora Santa María de Retuerta. Fue fundado en 1146 por parte de doña Mayor, cuarta hija del conde Pedro Ansúrez, fundador de Valladolid. La fundación se realizó tras una importante donación de tierras y viñas, como se atestigua en las escrituras en piedra de la iglesia del monasterio.
Ciertos escritos constatan, pasados los primeros años de fundación del convento, la importancia del cultivo de viñas. Uno de ellos, datado en 1504, manifiesta que, el pueblo de Quintanilla, cuyo término abarcaba en aquel entonces las tierras de Abadía Retuerta, tenía 400 vecinos que cogían 80.000 cántaros de vino blanco (1.280.000 litros) y que las viñas que plantaron posteriormente lo fueron de vino tinto.
Hasta el siglo XVII no se cuantifican nuevos hechos que describan la evolución de los cultivos y la calidad y cantidad de los vinos procedentes del monasterio. Pero en este siglo XVII documentos referentes a tierras colindantes con el monasterio dejan entrever la fama y el papel predominante que desempeñaron los vinos elaborados por los monjes católicos de la Orden de Canónigos Premonstratenses. Se servían 7.821 cántaros de vino al monasterio de Valladolid (125.000 litros) como evidencian documentos de ese siglo, que indican que los vinos de Retuerta, vendidos directamente por los monjes, dominaban el mercado de Valladolid, entonces la mayor ciudad castellana.

En 1834 los monjes dejaron la finca. Tras la desamortización de Mendizábal y la llegada de la plaga de la filoxera se inició el declive de la explotación de la finca de Santa María de Retuerta en lo que a producción de vino se refiere. Fue en 1953 cuando se primaba el arranque del viñedo, provocando que los campesinos se pasasen al cereal, un cultivo mucho más protegido en aquella época. La situación volvió a cambiar a partir de los años 80 del siglo pasado en favor de la recuperación del viñedo.
En 1950 la empresa de semillas Prodes compró la finca a la familia Herrero creando la sociedad Bodegas Vega Sicilia S.A. Abadía Retuerta y Vega Sicilia llegaron a ser propiedad de la compañía vallisoletana de semillas Prodes. El cultivo de la vid se mantuvo en Vega Sicilia, pero no en Abadía Retuerta. A partir de los años 60, en Abadía Retuerta, ya en manos privadas, se redujo aún más la producción de vino y se arrancó una buena parte del viñedo para dedicarse a la producción de semillas selectas. El proceso terminó a principios de los años 80, cuando se arrancaron las últimas cepas.

Fue en 1988 cuando la compañía Sandoz (que se escindió en octubre de 2023 de la actual propietaria, Novartis) compró Prodes, que era titular de la finca Abadía Retuerta, y, “observando el enorme y particular potencial que estas tierras ofrecían”, decidió hacer renacer este viñedo histórico y recuperar la tradición vinícola.
En 1994 llegó al proyecto el vigneron Pascal Delbeck (del prestigioso Château Ausone, Belair), quien proyectó la actual bodega, cuya construcción se realizó en 1996. Es en ese mismo año cuando se incorporó al equipo el actual enólogo y director de viñedo y bodega, el navarro Ángel Anocíbar. Desde mayo de 2022 son una Denominación de Origen Protegida. Su finca suma un total de 700 hectáreas, de las cuales 194 están dedicadas al cultivo de la vid. Sus vides están protegidas por dos bosques reforestados. Cuentan con 54 parcelas trabajadas siguiendo los dictados de la agricultura ecológica y la mínima intervención. Cómo luchar contra los efectos del cambio climático les preocupa y también les ocupa.

Abadía Retuerta se ha dotado de un plan de ordenación de montes, apuesta por preservar su biodiversidad a través de su adhesión al programa Red Natura 2000 e implementa políticas de repoblación y de gestión óptima de los residuos. Han plantado más de 100.000 pinos piñoneros y encinas, y pronto se iniciarán en el mundo de la producción de la trufa negra. También cuentan con un gran huerto que provee su oferta de restauración.
Hoy elaboran en torno a las 600.000 botellas de vino anuales. Exportan un 30% de su producción. Suiza, Estados Unidos (cuatro estados) y México son, por este orden, sus principales mercados internacionales. Suman 155 trabajadores (un centenar en el complejo hotelero y de restauración y el resto en la bodega). Y reciben a 11.000 visitantes privados anuales, siempre con reserva previa.
En The World’s Best Vinevards
Abadía Retuerta fue distinguido en 2024 como el octavo mejor destino enoturístico del mundo
Los vinos de en Abadía Retuerta comparten una misma voluntad: “expresar con honestidad el carácter de este paisaje, y hacerlo de una manera que pueda perdurar”. Y destinan íntegramente los fondos recaudados con sus vinos de la colección Vendimia Solidaria a entidades sociales. Su decimosegunda edición cuenta con una etiqueta obra de Terry Craven, creada durante su residencia artística en la bodega trabajando con restos de uvas.

Cuentan con LeDomain, el hotel de cinco estrellas y 30 exclusivas habitaciones y con tres Llaves Michelin (que incluye un lujoso spa donde ofrecen vinoterapia y varios espacios gastronómicos en un marco de 8.000 m²). Marc Segarra es el chef ejecutivo del restaurante Refectorio, y Ramón García es el jefe ejecutivo del hotel y quien dirige la oferta gastronómica de Vinoteca, Calicata Terroir Bar, Jardín de Hospedería y, en verano, del Pool Bar y el Jardín del Claustro.
El restaurante Refectorio es distinguido con una estrella Michelin, concedida en 2014, con una estrella Verde recibida a finales de 2020 y con dos Soles Repsol. Este proyecto vitivinícola con santuario se erigió en 2024 como el octavo mejor destino enoturístico del mundo según el ranking realizado por The World’s Best Vineyards.

Ramon Francàs
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