“A base de desastres estamos madurando como sociedad en la gestión del riesgo”
Por Rosa Rosa Martín — Portada
Contenido solo para suscriptores Ana Camarasa, geógrafa: “A base de desastres estamos madurando como sociedad en la gestión del riesgo”
Zonas inundables
Su grupo desarrolla talleres prácticos para dar a conocer a la población de zonas de riesgo de inundaciones cómo es su territorio como medida para mejorar la seguridad en zonas de Levante

La catedrática de Geografía de la Universidad de Valencia, experta en hidrología, Ana Camarasa.
Cedida por Ana Camarasa

07/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La experta en hidrología mediterránea Ana Camarasa, catedrática de Geografía que declaró como perito en el proceso judicial iniciado tras la dana de 2024 en Valencia, lidera talleres de formación para población sobre los riesgos a los que se enfrentan en zonas inundables. Busca que conozcan su territorio y se protejan mejor frente a catástrofes que, tal como señalan las previsiones climáticas, van a ser cada vez más frecuentes e intensas.
Con un Mediterráneo con temperaturas récord este verano, ya se teme un otoño complicado y las asociaciones de víctimas, que celebraron hace unos días un evento en esa ciudad, dejaron claro que la inseguridad ha entrado en sus vidas y cuando llueve se convierte en miedo.
Hemos tenido excesiva confianza en la tecnología: si un río molestaba, se desviaba o canalizaba, lo que genera una falsa sensación de seguridad
Ana Camarasa
Catedrática de Geografía Física
Lleva muchos años investigando las ramblas y barrancos mediterráneos ¿a qué atribuye que pillara por sorpresa esa avalancha del agua?
Dirijo el grupo RIUMED sobre hidrología mediterránea y mi tesis ya fue sobre la Rambla del Poyo. Un barranco que puede estar seco durante años y en unos minutos convirtese en un auténtico tsunami terrestre, pero no se sabe porque hay una desconexión cada vez mayor con el territorio. Los residentes de antes sabían que había una crecida cuando escuchaban el agua en el cauce arrastrando cantos. Ese ruido atronador corresponde a una gran ola móvil que llega por ese cauce seco, que ha recogido agua rápidamente de todos los afluentes y va a gran velocidad porque salva fuertes pendientes. Una sociedad más rural era consciente de ese riesgo y respetaba las ramblas y barrancos. Ahora estamos desvinculados de esa realidad, los hemos ocupado, enterrado o incluso deformado sus cauces, olvidando que son vías de agua, ríos torrenciales de aguas marrones con mucha potencia, destructivos.

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¿Qué porcentaje de responsabilidad tiene el urbanismo sobre esas zonas?
El urbanismo en zonas inundables implica que donde había campos de cultivo, ahora hay viviendas con familias, con una mayor exposición al riesgo y mayor vulnerabilidad. Eso es lo que aumenta el riesgo, su ocupación. Y es una gran responsabilidad. Hemos tenido excesiva confianza en la tecnología y si un río molestaba, se desviaba o canalizaba, generando una falsa sensación de seguridad. Es algo propio de una ciudadanía urbana y prepotente que se cree capaz de dominar a la naturaleza incluso en episodios extremos, en vez de adaptarse a ella. Por eso hay que reeducar a la sociedad.
Trabajó en un mapa de zonas de riesgo que acertó casi de pleno con las afectadas en 2024 ¿qué ocurre con este conocimiento científico? ¿Se utiliza?
En Valencia tenemos dos cartografías oficiales. Una es el PATRICOVA, de la Generalitat de Valencia y otra que es del Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables del MITECO. Nuestro equipo integró ambos en un único mapa a efectos de la emergencia. Ambos se basan en un periodo de recurrencia de 500 años, es decir, con la probabilidad de que ocurra una inundación grave, con cierta cantidad de agua, cada medio siglo. Pero esa cantidad ya no es real. Con el cambio climático se ha superado. Solo el de 2024 es el evento más intenso registrado en esta zona, superando los umbrales con los que se trabajó ese mapa. Esas cartografías indican dónde no se puede construir por ser terrenos inundables, pero es que tampoco se han respetado. La cartografía de peligrosidad PATRICOVA de 2003 se actualizó en 2015, después de la burbuja inmobiliaria. Ahora se prepara otra versión que ampliará esas zonas, pero ya hay mucha edificación en riesgo. Incluso con el mapa de 2015 se han seguido usurpando áreas que no se debían construir.
Había mapas de riesgo antes de la dana de 2024 y se han seguido usurpando zonas inundables
Ana Camarasa
Catedrática de Geografía Física

Entonces ¿sirve o no hacer mapas de riesgo de áreas inundables?
Son fundamentales para planificar. El problema es cuando ya están ahí las construcciones y debe pensarse en otras soluciones, que yo defiendo que sean basadas en la naturaleza.
¿Cómo surgió la idea de hace talleres para explicar a la población a qué se enfrentan?
Como especialistas en este tema, creemos importante que la gente sepa donde vive a nivel local, que conozcan el territorio. Los talleres son parte de un proyecto que nos concedieron justo un mes antes de la dana de 2024 porque detectamos esa necesidad en la sociedad. Contemplábamos tres cuencas piloto, entre las que estaba la Rambla del Poyo. Deben entender que, aunque no llueva encima, se puede estar en peligro porque el agua que cae dentro de su cuenca de drenaje, aunque llueva lejos, pude acabar llegando a su pueblo. Son talleres prácticos donde se aprende sobre la cuenca, la red de drenaje y lo que es inundable y donde bajamos a la escala de cada municipio para analizar por dónde saldrá el agua, facilitando fuentes de información fiables, oficiales. La respuesta hasta ahora ha sido muy buena porque ese conocimiento normalmente da más seguridad, se mejora la percepción del riesgo.
¿Cuál es el error más común y más peligroso que habéis detectado entre los asistentes?
Un error común es creer que hay presas cuenca arriba de la Rambla del Poyo que se abren y que por eso llega una gran avenida. Mucha gente tampoco sabe cómo interpretar las cantidades de agua, si lo que llueve o escurre por un río es mucho o poco. En realidad, estamos creando conocimiento de forma conjunta, porque también nosotros aprendemos de quienes nos cuentan sus experiencias.
Algunas víctimas de la dana señalan que no basta con recibir un Es-Alert para saber que hacer. ¿Qué falta mejorar en ese sentido?
Lo más importante es no ir a mirar cómo sube el agua del río, ni ir a sacar el coche de un sótano, ni cruzar vados o pasarelas, aunque sea con un acelerón del vehículo. La idea del proyecto surgió al ver gente que iba a hacer fotos en las crecidas. A algunos se los llevó el agua. En autoprotección nos queda mucho por aprender. Además, hay que saber interpretar la información que llega. Nosotros enseñamos a detectar las diferencias entre una inundación pluvial y otra fluvial, porque la alerta debe ser diferente, y a convivir con ese riesgo sin darle la espalda ni pensar que no existe. En general, no estamos preparados para lo que supone el cambio climático, incluso mucha gente lo niega pese a las evidencias científicas. El episodio de 2024 fue un toque de atención grande y sabemos que vendrán más. En la localidad de Onteniente en 2019 hubo una grave inundación y se decidió eliminar viviendas de un barrio para ampliar el recorrido del río. No es una medida popular, como tampoco lo es que te nieguen un permiso para construir en una parcela y al lado se lo den a tu vecino. Si se conoce la razón, se buscarán soluciones y se aceptarán medidas que pueden ser incómodas para una mejor ordenación del territorio.
El peligro no son sólo danas, también vaguadas en las que llega aire frío en altura cuando en superficie hay aire cálido, muy cargado de vapor de agua
Ana Camarasa
Catedrática de Geografía Física

Como geógrafa ¿se alarma mucho al viajar por Levante y ver algunas zonas construidas?
Muy a menudo. Veo casas en los cauces o casi encima. Y me pregunto qué esperará quien vive ahí que haga el río cuando llegue con agua. En eso hay una responsabilidad de las autoridades que conceden los permisos para ello. Antes podía decirse que no se sabía, pero ahora tenemos mapas y sigue habiendo despropósitos.
¿Qué pautas básicas de autoprotección hidrológica deberían ponerse en marcha, además de más formación en riesgos?
Una medida a realizar con niños y adultos son los simulacros. Muchos planes de actuación municipales los recogen, pero luego no se hacen. Solo ahora algunos ayuntamientos los están sacando del cajón para actualizarlos. Cuando se les obligó a elaborarlos, a muchos les pareció un capricho, aunque vino forzado por la directiva Marco del Agua de 2007. Esos simulacros ayudan a saber qué hacer en cada situación concreta según donde estés.
Desde 2024 ¿Ha visto mejoras en las zonas inundables más afectadas? ¿se preparan para futuros eventos?
De momento, lo que veo es más conciencia sobre el tema, cuando llueve la gente está pendiente, guarda más medidas de seguridad. También se están haciendo obras, pero el problema es que en la reconstrucción de emergencia se dejan muchas cosas como estaban, que es lo rápido. Las soluciones más adecuadas requieren un largo plazo. Además, se lanzan más alertas, aunque hay que mejorar el sistema para no caer en el alarmismo. Desgraciadamente, a base de desastres estamos madurando como como sociedad en la gestión del riesgo.
¿Algo de lo aprendido se puede aplicar a Cataluña, donde también hay muchas inundaciones?
Allí muchas las produce el Ebro, más previsible porque el agua tarda más en desplazarse y se tiene más tiempo de reacción. El problema son las rieras y ramblas, que también las hay ahí, como en Mallorca o Almería. Además, el Ebro tiene presas con las que se puede gestionar el agua, lo que no es posible en una rambla que no lleva agua nunca. Hay que buscar soluciones combinadas, como repoblar de vegetación las cabeceras para que el agua se infiltre y no escurra por las laderas con mucha carga de sedimentos.
Como geógrafa ¿qué medida urgente reclamaría a las autoridades responsables?
Lo primero, mientras se soluciona el problema de la mitigación de los impactos, habría que repensar los usos del suelo y hacer una ordenación del territorio más coherente, además de coordinar los riesgos de forma más coordinada a nivel estatal, autonómico y local. No puede ir cada uno por su lado. Este año el Mediterráneo ha tenido el mayor calentamiento jamás registrado. El peligro no son sólo danas, también hay vaguadas en las que llega aire frío en altura cuando ya hay aire cálido en superficie y muy cargado de vapor de agua. Si sopla viento de Levante bien cargado y choca contra la barrera montañosa de detrás de las costas, asciende y toca ese techo frio. Eso es una bomba de relojería.

Rosa M. Tristán
Redactora de temas ambientales y científicos
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