Desmontando una biblioteca centenaria
Por Sergio Vila-SanJuán Robert — Portada
Desmontando una biblioteca centenaria
LATIDOS
Dos mil cajas de libros de la Real Academia de Buenas Letras han salido del Palau Requesens por las obras para la futura Casa de les Lletres

El ‘tinellet’ del Palau Requesens ha sido utilizado como almacén de fondos
S.V.

Barcelona
17/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En el Palau Requesens están a punto de arrancar las obras de reforma, que serán largas, y los miembros de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona paseamos algo entristecidos por esos amplios espacios, salas de reuniones y de actos, zonas de bibliotecas y depósitos del monetario y los exlibris, todo tan lleno habitualmente y ahora tan vacío.
El palacio fue cedido por el Estado a la Real Academia en 1917. Se hallaba en estado semirruinoso y hubo que acometer sucesivas restauraciones a lo largo de las décadas. Las emprendidas tras la Guerra Civil las dirigió Adolfo Florensa, el arquitecto fundamental del Barrio Gótico, y consolidaron su fisonomía actual. El palacio cuenta con zonas de muralla romana, otras de impronta gótica, otras neogótica, y hasta un melancólico patio-jardín noucentista; hoy constituye una de las joyas del casco antiguo y ha sido escenario de filmaciones de carácter histórico.
⁄ El palacio fue cedido por el Estado a la Real Academia de Buenas Letras en 1917. Hoy es una de las joyas del Barrio Antiguo
De acuerdo con la Conselleria de Cultura de la Generalitat, que es la actual propietaria del edificio por transferencia del Estado, el palacio va a ser objeto de una nueva renovación a fondo. Pasará a ser sede de la Casa de les Lletres, que en su planta noble continuará albergando a la Real Academia, y en otras plantas se alojarán las sedes de la Institució de les Lletres Catalanes, la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana, la Asociación Colegial de Escritores de Catalunya y el PEN catalán. Se consigue así dar más uso a las dependencias, y ponerlas al día con un presupuesto del que la Academia no hubiera podido disponer.
La reforma, a cargo de los estudios Brullet de Luna y Taller d’Arquitectura Les Golfes, plantea retos como la reestructuración de la biblioteca, con más de 100.000 títulos. Bajo la batuta del secretario de la entidad, Albert Corbeto, y la bibliotecaria Ester Angulo, junto con los técnicos de la Generalitat, se ha procedido al paulatino traslado de más de 2.000 cajas a un almacén externo. Han salido del edificio la hemeroteca, los fondos Riquer, Alsina y Ripoll, el de estudios helenísticos…
En el edificio y mientras duren las obras, se conservará el archivo histórico de la Academia, así como el apartado de libros antiguos.

Pero ha sido necesario hacer purga de volúmenes duplicados, y de centenares de memorias y boletines de los que solo se va a poder conservar una parte. Por unos días el tinellet de la Academia se abrió a los amigos de la entidad y de la Associació de Bibliòfils, que también tiene su sede en el palacio, para que se llevaran lo que quisieran del sobrante.
La mañana que fui encontré a la filóloga Margalida Tomás, también integrante de la junta de gobierno de la institución. “A mí ya no me cabe nada en casa, pero he venido por si encontraba algo interesante”, me dijo. “Lo mismo que yo”, le contesté. Y dudamos si era una patología o una fatalidad esa vocación de no dejar pasar nunca la oportunidad de llevarse un buen libro, aunque ni lo necesitemos ni desde luego sepamos donde ubicarlo.

Por razones prácticas mi cosecha fue escueta: varios volumenes del Tesoro breve de las Letras Hispánica de Guillermo Díaz-Plaja, cuya biblioteca personal replicada en el palacio, con su busto y su despacho, ha sido uno de los espacios que más he frecuentado estos años. La edición de bibliófilo del Viaje por la España romántica con las láminas de Pérez Villamil. Un estudio sobre el cronista barcelonés del siglo XV Pere Miquel Carbonell. Varios boletines de la Academia de fechas lejanas, con artículos en castellano, catalán, francés e inglés, algunos realmente curiosos.
En el de abril de 1914, por ejemplo, el historiador Ernest Moliné analiza el Receptari de Micer Johan, un texto del año 1466 donde se profundiza en el conocimiento de los diferentes tipos de orina: “Quan serà la orina vermella e clara e fara scumma e los grans grossos aço es senyal de postema del costat e leues de creximent de sanch e de colera rubea e fir en los punts dels leus”. Siempre se aprende.

Sergio Vila-Sanjuán
Redactor Jefe del suplemento Cultura/s. Premio Nadal de Novela 2013. Premio Nacional de Periodismo Cultural 2020.
Mostrar comentarios
Fonte: Portada