¿Es viable que el Tesla Roadster volador llegue a las carreteras? Un ingeniero aeroespacial responde

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Por Cecilia Velázquez — Portada

¿Es viable que el Tesla Roadster volador llegue a las carreteras? Un  ingeniero aeroespacial responde

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El nuevo superdeportivo eléctrico recurre a propulsores de gas comprimido desarrollados con SpaceX, pero su seguridad, utilidad práctica y homologación plantean dudas sobre su producción en serie

Diego Sanz del Collado, ingeniero de diseño aeroespacial en ISATI Engineering Solutions, analiza los límites de la tecnología utilizada por Tesla en el Roadster

Diego Sanz del Collado, ingeniero de diseño aeroespacial en ISATI Engineering Solutions, analiza los límites de la tecnología utilizada por Tesla en el Roadster

Cecilia Velázquez

16/10/2026 16:40 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Tras años de retrasos, Tesla acaba de presentar el nuevo Roadster, con una versión de coche volador, capaz de saltar, elevarse del suelo y realizar maniobras en el aire gracias a unos propulsores de gas comprimido. Este disruptivo superdeportivo eléctrico ha sido desarrollado conjuntamente por ingenieros de Tesla y SpaceX, la empresa aeroespacial también fundada por Elon Musk, especializada en el desarrollo de cohetes y tecnología espacial.

La presentación, celebrada en Texas (EE.UU.), ha servido para mostrar otras funciones tan llamativas del Roadster, como su capacidad para desplazarse boca abajo gracias a un sistema de ventiladores que lo mantiene pegado a una superficie. Parece ciencia ficción, pero Tesla prevé iniciar su producción en 2028, pese a las dudas sobre su viabilidad técnica y su homologación. ¿Será una realidad o quedará en otra promesa sin cumplir de Elon Musk?

Más allá del espectáculo, la gran pregunta es si un coche capaz de despegar puede ser seguro en una carretera compartida con otros vehículos y peatones. Diego Sanz del Collado, ingeniero de diseño aeroespacial en ISATI Engineering Solutions, analiza los límites de esta tecnología y explica qué tendría que demostrar Tesla antes de poder llevarla al mercado.

Una tecnología espacial que llega al automóvil

Los propulsores de gas frío son una tecnología conocida en el sector aeroespacial que, en esencia, se utiliza para controlar la orientación de satélites y naves espaciales mediante pequeñas descargas de gas. La novedad del Roadster está en integrar este sistema en un vehículo eléctrico, con las limitaciones de espacio, peso, consumo y seguridad que implica.

Elevar un coche unos instantes es posible técnicamente; el reto está en controlar su orientación durante la maniobra y garantizar una recuperación segura

Elevar un coche durante unos instantes puede ser técnicamente posible. El reto, explica Sanz del Collado, “está en controlar su orientación durante la maniobra y garantizar una recuperación segura”. Para ello, “hacen falta sensores inerciales, sistemas de control de respuesta rápida y varios propulsores capaces de actuar de forma coordinada”, añade.

La experiencia de la industria espacial demuestra que es posible controlar vehículos mediante propulsión, pero trasladar esta tecnología a un coche plantea desafíos adicionales. “Elevarlo, sí, pero por un tiempo limitado: mantenerlo estable, controlar su orientación y garantizar una recuperación segura es un área mucho más exigente”, advierte Sanz del Collado.

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Imagen del Tesla Roadster elevado entre una humareda durante su presentación 
Imagen del Tesla Roadster elevado entre una humareda durante su presentación  Tesla / Reuters

A ello se suma el efecto de los chorros de gas cerca del suelo, que pueden generar rebotes difíciles de predecir. Por eso, como señala el ingeniero, una acrobacia en una presentación “no demuestra por sí sola que el sistema pueda funcionar de manera repetible bajo distintas condiciones de viento, temperatura y superficie”.

Los riesgos de los depósitos y los fallos del sistema

Además de controlar el vehículo en el aire, la integración de los propulsores plantea ciertos riesgos, como advierte el ingeniero: “Añadir depósitos de gas a alta presión en un coche, si se sufre un accidente, son un riesgo de rotura violenta”. Para validar su seguridad, Sanz del Collado apunta a los ensayos de impacto, fuego y fatiga que se aplican a depósitos de gas natural e hidrógeno. También considera fundamental protegerlos y aislarlos adecuadamente frente a posibles golpes.

Otro punto crítico es qué sucede si uno de los propulsores deja de funcionar durante una maniobra: “Un fallo de un propulsor en pleno salto puede provocar un giro descontrolado”, explica Sanz del Collado. La redundancia de los sistemas sería clave para evitar que una avería comprometa el control del vehículo, mientras que los chorros de gas pueden suponer un peligro para el entorno. Según el ingeniero, “puede generar daños en el pavimento y ser peligroso para peatones o elementos cercanos”.

Según explica Sanz del Collado, el ruido que genera el vehículo sería otro obstáculo importante para una comercialización en serie

Por otra parte, la viabilidad del sistema también depende de su mantenimiento y de las condiciones de uso. Haría falta una infraestructura para recargar el gas y comprobar la resistencia de los sellos del sistema de succión frente a la suciedad, los baches y los bordillos. A ello se suma el ruido, que Sanz del Collado identifica como “otro obstáculo importante para una comercialización en serie”.

Qué debe demostrar Tesla antes de vender su nuevo Roadster

Para que el Roadster no se quede más que en una exhibición espectacular de tecnología, Tesla debe aportar datos verificables sobre el funcionamiento de sus propulsores. En este sentido, Diego Sanz del Collado considera necesario “confirmar los datos técnicos publicados: empuje, presión, caudal, masa, duración de los saltos y consumo de gas por maniobra”.

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El CEO de Tesla, Elon Musk, posa junto al nuevo Roadster  AFP

El ingeniero también reclama pruebas que acrediten que el sistema funciona de forma consistente fuera de un entorno controlado. Para ello, plantea realizar “demostraciones sin cortes, en condiciones distintas (viento, firmes, temperaturas) y con verificación independiente, no solo en un evento puntual”.

Las prestaciones anunciadas del Roadster también deberían someterse a una comprobación externa, como “el 0 a 100 en 0,81 segundos y los 2 G laterales, con medición oficial”. A estas pruebas se suma la necesidad de demostrar que la tecnología aporta una utilidad real.

Así, Sanz del Collado propone evaluar si la carga aerodinámica a baja velocidad o el control de la orientación mejoran de forma medible la seguridad o la eficiencia, y no solo el rendimiento de un deportivo exclusivo. También considera necesario “presentar un plan detallado ante las autoridades regulatorias” y cumplir el calendario establecido. Por el momento, Musk ha anunciado que Tesla prevé iniciar la producción en 2028, después de varios aplazamientos del proyecto.

La homologación del vehículo es otro obstáculo; en Estados Unidos y la Unión Europea aplican marcos distintos

La homologación es otro obstáculo. Estados Unidos y la Unión Europea aplican marcos distintos: una eventual autorización estadounidense no bastaría para comercializar el coche en España, donde tendría que cumplir el Reglamento (UE) 2018/858 y los requisitos aplicables a su configuración. Además, si sus capacidades fueran más allá de saltos puntuales y plantearan una función real de vuelo, habría que determinar su clasificación y las exigencias adicionales que correspondieran.

La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea cuenta con criterios específicos para certificar aeronaves de despegue y aterrizaje vertical, aunque eso no implica que cualquier coche capaz de elevarse pase automáticamente a considerarse una aeronave.

El Roadster es capaz de mantenerse boca abajo.sin caerse  
El Roadster es capaz de mantenerse boca abajo.sin caerse   Tesla / Reuters

¿Tiene sentido que un coche despegue en una carretera? Para Diego Sanz del Collado, no hay ninguna duda: “Mi opinión es que no en vía pública, salvo que se controlen las funcionalidades prometidas”. El motivo va más allá de la complejidad técnica: “La seguridad vial se basa en que los vehículos se comportan de forma predecible, y un coche que puede dejar de estar en contacto con el suelo rompe esa premisa”. Como advierte el ingeniero, el resto de los usuarios de la vía “no ha aceptado ese riesgo ni puede anticiparlo”.

Si esta tecnología llegara a comercializarse, Sanz del Collado plantea varias condiciones mínimas, como “Funciones bloqueadas en entornos no autorizados, depósitos y circuitos presurizados validados ante posibles accidentes, sistemas redundantes y un modo seguro en caso de fallo”, entre otros. También considera necesario registrar los datos de funcionamiento, como en una caja negra, para investigar posibles accidentes, “y valorar la exigencia de formación y licencia específicas para quien lo use”.

Un deportivo exclusivo, quizá. Un coche de uso diario, no

Aunque Tesla consiguiera resolver los problemas de seguridad y homologación, quedaría otra cuestión importante por responder: ¿qué ventajas aporta esta tecnología más allá del espectáculo? Para un coche de uso diario, los beneficios son difíciles de justificar.

 Captura de video tomada de la cuenta en X @Tesla de la empresa Tesla en la que se ve la nueva generación de su deportivo eléctrico Roadste 
 Captura de video tomada de la cuenta en X @Tesla de la empresa Tesla en la que se ve la nueva generación de su deportivo eléctrico Roadste  @Tesla / EFE

Los ventiladores de succión permiten aumentar el agarre incluso a baja velocidad, una solución que ya se probó en monoplazas de Fórmula 1 antes de ser prohibida por motivos de seguridad. Sin embargo, añaden peso, consumo eléctrico y complejidad. Los propulsores de gas frío plantean más dudas: elevar el coche durante unos segundos no acorta los desplazamientos ni reduce el consumo energético o las emisiones.

Diego Sanz del Collado no descarta que esta tecnología tenga sentido en un hiperdeportivo de edición limitada, siempre que sus limitaciones estén claras y los riesgos y costes sean asumibles. Para un coche convencional, en cambio, Tesla tendría que demostrar que las ventajas compensan el peso de los depósitos, el mantenimiento, la recarga del gas y la complejidad añadida. Como resume el ingeniero, “que una tecnología sea espectacular no significa que sea la mejor solución para un problema real de movilidad”.

De momento, el nuevo Roadster ha sido una demostración llamativa de la colaboración entre Tesla y SpaceX. Pero su viabilidad comercial dependerá de algo mucho menos espectacular que verlo despegar: demostrar que es seguro, que puede homologarse y que sus innovaciones aportan una ventaja real al conductor.

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