Premio Planeta: puñales por la espalda
Por Antonio Lozano Sagrera — Portada

Premio Planeta: puñales por la espalda
Isabel Allende gana la 75ª edición del galardón
16/10/2026 16:49 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Una semana justa dista entre el fallo del premio Nobel y el del premio Planeta, dato anecdótico pero curioso porque varias galaxias separan ambas distinciones, una que celebra una trayectoria literaria marcada por el rigor y la búsqueda de nuestra humanidad profunda (al menos en teoría), la otra que apuesta por aquel título que se estima que procurará la máxima rentabilidad comercial, es decir, hijo de un cálculo en base al mercado que significa priorizar el entretenimiento y las capas más superficiales de nuestra humanidad (casi siempre).

El punto de confluencia, por supuesto, es una bolsa sobradamente generosa –con la gran diferencia de que el Grupo Planeta ha de intentar amortizar la inversión, hablamos de una empresa privada–, pero este año puede decirse (echemos a volar la imaginación y seamos abiertos de miras) que Anne Carson prefiguró en el año 2000 la victoria de Allende, inseparable de la cruenta guerra que libran desde hace años los dos grandes grupos editoriales de España –el otro es Penguin Random House– por ganar a los puntos al rival en la cuenta de resultados.
En el tramo final del tango número XXV de La belleza del marido , la poeta canadiense hace referencia a la batalla de Epipolai que enfrentó a atenienses y siracusanos en el 413 a.C., y en unos versos en concreto leemos: “Amigos caían sobre amigos/Era como una bella danza hirviente donde tu pareja/se gira/y te apuñala hasta la muerte”. Dentro de la lógica de la caza de la pieza mayor –o búsqueda de la esquiva aleación que transforme el papel en oro– que anima al premio Planeta el fichaje de la superventas chilena, tiene todo el sentido del mundo (o, mejor dicho, del planeta), y más si hablamos de la secuela de su novela totémica (¿se imaginan la misma jugada con la continuación de Cien años de soledad ?).
Sin embargo, puesto que hablamos de una autora que llevaba cuatro décadas defendiendo unos colores, por el camino se han deshecho amistades, lanzado calderos humeantes y acuchillado por la espalda.

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Nada nuevo, a fin de cuentas, el ecosistema literario –al modo de una IA que se alimenta del contenido que le vuelques– puede ser tanto una novela de crímenes como un culebrón de cuernos, una de espías con traiciones dolorosas o un fantasy para desencajarte la mandíbula. Pero la escalada de hostilidades detrás de todo el asunto invita a la reflexión a quien se quiera tomar la molestia.
Seguramente nada de esto importará cuando la bomba impacte en las librerías. Los devotos la devorarán y los que se alineen con la idea de Roberto Bolaño de que la ganadora es tan formulaica y comercial que no se la puede dignificar con el nombre de “escritora” sino como mucho con el de “escribidora”, huirán de ella en desbandada, a imagen de los sorprendidos atenienses por unas colinas a la luz de la luna.
A los equidistantes siempre les quedará el consuelo de que Allende es por lo menos alguien del gremio y no un espontáneo tentado por una fortuna. Una sola cosa es indiscutible: Carson, entregada en exclusiva a los clásicos grecolatinos, no leerá el premio Planeta 2026.
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