La salud mental de los adolescentes: entre el sobrediagnóstico y la no detección de los casos graves
Por Celeste López Perales — Portada
La salud mental de los adolescentes: entre el sobrediagnóstico y la no detección de los casos graves
Barómetro de Unicef
Los expertos advierten que esa doble realidad deja fuera a menores que necesitan ayuda profesional

Casi el 20% de los adolescentes asegura haber tenido un problema de salud mental en el último año
REDACCIÓN / Terceros

Madrid
15/10/2026 11:48 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Durante décadas, el malestar adolescente se resolvió públicamente por la vía del tabú o la invisibilización: cosas de la edad, ya se le pasará, no hay que darle importancia… Se ignoraba el miedo, la angustia, la soledad y la tristeza de muchos de ellos, que sufrían en silencio y sin apoyos ese mal del alma que les atenazaba. Esa respuesta dejó sin atención a una parte considerable de quienes sí necesitaban apoyo y contribuyó a instalar la idea de que hablar de lo que uno siente es un signo de debilidad.
La situación ha cambiado y ahora se habla con más frecuencia de ese malestar y, además, empleando un vocabulario clínico, que “puede favorecer” que experiencias ordinarias del desarrollo se nombren con categorías diagnósticas, que el malestar esperable se interprete como patología y que, ante cualquier dificultad, se recurra de forma automática a un servicio especializado. Y esto tiene consecuencias: “Por un lado, estamos sobrediagnosticando cosas que son normales, pero, al mismo tiempo, estamos sin detectar cosas patológicas que están presentes”.
Así lo indica uno de los expertos que han colaborado en el Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia 2024-2026, elaborado por Unicef España y la Universidad de Sevilla, un informe que advierte que esta “tendencia” a interpretar y responder al malestar cotidiano en términos clínicos no solo puede contribuir a saturar unos recursos escasos, sino que además puede debilitar la confianza del menor en su capacidad para afrontar dificultades y restar protagonismo a los apoyos cotidianos —la familia, las amistades y el centro educativo—, que los propios adolescentes identifican como factores protectores de su bienestar.
El 18,8% de los adolescentes asegura haber tenido un problema de salud mental, pero el 40% de ellos no se lo dijo a nadie
La cuestión fundamental no consiste, por tanto, en decidir entre “aguantar” o “ir al psicólogo”, sino en disponer de respuestas oportunas para situaciones diferentes, señala el citado trabajo, explica Pilar Ramos, profesora del departamento de Psicología evolutiva y de la educación de la Universidad de Sevilla y directora del barómetro.
¿Qué hacer? Los chavales, cuya opinión es recogida en el Barómetro, lo indican: lo primero, acudir a tu entorno cercano, a la familia, a los amigos, al orientador escolar “porque creo que lo que esa persona está buscando en ese momento es alguien que la reconforte y que la pueda escuchar”, dice uno de los entrevistados. Pero si ese malestar es más profundo, más grave, “es necesario acudir a un profesional. […] Puedes hablar con esa persona y darle todo el apoyo que quieras, pero también es muy bueno acudir a un psicólogo para que te ayude”, indican.
¿Cuál es la realidad? Según este informe, el 18,8% de los adolescentes (12 a 18 años) asegura haber tenido un problema de salud mental en el último año, pero el 40% de ellos no se lo dijo a nadie y más de la mitad no pidió ayuda. Los más afectados son las chicas y las personas que viven en hogares con escasos recursos.
“Ahora es más fácil que una persona detecte que tiene un problema o que alguien de su entorno puede tenerlo”
¿Por qué no piden ayuda? Porque, por mucho que se hable de salud mental en la adolescencia, perdura el estigma. Aunque, según este informe, los adolescentes son los que menos prejuicios tienen: “Yo creo que ha disminuido el estigma. Antes se les tachaba de locos incluso por tener ansiedad y demás. Y ahora hay ciertas enfermedades y patologías que se han normalizado y se han entendido más como sociedad; al menos, se acepta más que existen”, señala uno de los adolescentes entrevistados. Otro dice: “Ahora es más fácil que una persona detecte que tiene un problema o que alguien de su entorno puede tenerlo.”

Celeste López
Redactora jefa de La Vanguardia en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada