Por Màrius Carol Pañella — Portada

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Woody Allen decía que odiaba la realidad, pero era el único sitio donde se comía un buen filete. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal hicieron caso al cineasta y decidieron verse en secreto, con la compañía de un entrecot, y optaron por aparcar las diferencias, sincronizar sus campañas y sentar las bases para gobernar juntos si los escaños son lo que adelantan las encuestas. Todo un acto de realismo, porque lo suyo no es amor verdadero, sino una relación interesada, aunque estos eran los matrimonios que más duraban hasta la llegada del divorcio en la democracia. No tienen una gran opinión uno del otro, ni el otro del uno. Fue hace solo unos meses cuando Ignacio Garriga, el secretario general de Vox, decía de Feijóo que era “el jefe de un clan gallego con prácticas de contrabandista de ría”, algo que sabía que iba a irritar especialmente al líder popular. Poco antes, el presidente del PP había calificado a la extrema derecha de “oposición de tumbona, de sarao y del dedito levantado”.

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Fonte: Portada

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