Comunicaciones perversas
Por Enrique Figueredo Navarro — Portada
Comunicaciones perversas
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Los presos usan en ocasiones las llamadas teléfonica o el correo postal como mecanismo de hostigamiento a terceros o de control del exterior, a veces incluso con móviles entrados ilegalmente

Los internos de prisión tienen limitado telefonear al exterior
EFE

Barcelona
14/10/2026 06:38 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Las procedimientos autorizados que tienen los presos para comunicarse con el exterior están muy tasados, especialmente los telefónicos; lo referido a la correspondencia clásica por carta no lo está tanto. La historia criminal española está salpicada de casos en que ese derecho -limitado- de comunicaciones ha sido usado de forma ilegal o perversa por los internos. Así, por ejemplo, el asesino machista Francisco Salvador García Sánchez prolongó su voluntad de dominación sobre la mujer enviando cartas desde la cárcel a una nueva pareja que conoció en el presidio negándose a aceptar que ella decidiera romper. El preso pasó de la súplica a la amenaza más explícita. Se instó otro procedimiento contra él, a pesar de estar ya cumpliendo condena.
El caso de Alejandro Cuartero guarda similitudes con el anterior solo que en este caso incumplió su condena en el apartado que señalaba que no podía comunicarse con la que había sido su pareja. Cuartero había matado a la familia de ella con la esperanza de que volviera con él en busca de consuelo. Fue declarado culpable y, además de los 59 años de prisión que se le impusieron, se le fijó una orden de alejamiento y comunicación de su expareja. Pero él, le hizo llegar a través de un preso en libertad una carta en la que le pedía que volvieran a estar juntos y que le mandara un mechón de su pelo y una foto.

· Mal sin fin. Ana Julia Queza mató a Gabriel, el hijo de ocho años de su pareja. Los padres del crío quedaron desolados. La madre del pequeño, Patricia Ramírez, averiguó que la asesina estaba preparando un documental gracias a unos supuestos teléfonos ilegalmente entrados en prisión a cambio, al parecer, de favores sexuales y lo comunicó a la justicia. Más tarde, Ramírez denunció que la interna había proferido serias amenazas contra ella por haberle hundido el negocio televisivo.
· Vía interna. María Jesús Moreno, más conocida como Maje, se confabuló con su amante, Salvador Rodrigo, para matar a su marido, Antonio Navarro. Salvador mantuvo hasta poco antes del juicio que todo había sido idea y obra de él. Maje, estando a ambos en prisión, no dejó de enviarle mensajes para reforzar su vínculo y que fuera él quien cargara con todo el peso de la ley, pero descubrir que había iniciado una relación con otro preso hizo que el también asesino dediciera confesar la verdad.
· Por teletexto. El teletexto de los canales de televisión parece algo obsoleto, sin embargo, los internos de la prisión pontevedresa de A Lama lo estuvieron un tiempo utilizando para mandar y recibir mensajes para comunicarse irregularmente con el exterior. Una vez que las autoridades lo descubrieron, el servicio de teletexto quedó bloqueado por completo en todos los aparatos del presidio.
· Entrevistas. La controvertida coautora del conocido como crimen de la Guardia Urbana de Barcelona, la expolicía local Rosa Peral, se sirvió supuestamente de las comunicaciones familiares para conceder entrevistas a medios de comunicación y a los productores de un documental. Por todo ello, se le abrió un expediente penitenciario y se restringieron sus comunicaciones. Este es el documental Las cintas de Rosa Peral disponbile en Netflix.

Enrique Figueredo
Redactor de La Vanguardia desde 2005 en áreas de Sucesos e Internacional. Codirector del podcast Dossier Negro. Antes en El Mundo y en Antena 3 Radio. Últimos libros: ‘A la velocidad del hachís’ y ‘Mala gente’
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