Bienvenidos a la maternidad postapocalíptica
Por Francesc Bombí Vilaseca — Portada
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Tendencia editorial
Ada Castells, Irene Rubio, Laura Gost, Carolina Montoto o Mar Márquez y la crianza más distópica
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Ada Castells, en el jardín de la librería La Central del Raval
Àlex Garcia

Barcelona
13/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Hace unas semanas pudieron leer aquí como Lisa y Rai viven en un mundo en que para tener un hijo hay que encontrar a alguien dispuesto a morir, para sustituirlo, en un mundo con problemas de abastecimiento, de recursos y de control de la población. El preu de néixer (Proa), de Laura Gost, ya tenía apalabrada la traducción a siete lenguas antes de publicarse. Para tener un hijo ¿habrá que tener un carnet que lo autorice? ¿Cómo se podrá llevar una nueva vida al mundo en un futuro que se prevé complicado? Gost no es la única que se lo ha preguntado desde la ficción, coinciden en las librerías varias novedades que tratan de maneras muy diferentes temas muy similares.
Venimos de una sequía histórica y luego llegan tormentas también históricas… Hace unos días, durante un gran temporal, una invitada a una boda aseguraba que el fin del mundo ya está aquí. Sea cierto o no, ¿y después? Para que la humanidad continúe adelante no puede faltar el recambio generacional, pero entre las dificultades para procrear de la vida moderna y los problemas derivados del clima y la saturación de recursos, la ficción ha encontrado un espacio donde situar historias que, hablando del futuro, remiten al presente. Bienvenidos a la maternidad postapocalíptica.
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En L’antropòloga (Edicions 62), por ejemplo, que acaba de publicar Ada Castells, el mundo ya ha colapsado tras una hecatombe nuclear y quedan, aislados bajo tierra, 300 humanos dirigidos por una inteligencia artificial que además es quien cría a las nuevas generaciones. Su protagonista se dedica a estudiar cómo vivían antes los humanos, porque los pocos que quedan viven una epidemia de tristeza. Tiene una hija, y decide criarla, hecho que la convierte en rebelde. Castells cree que “la maternidad es nuestra parte más orgánica y mamífera, lo que nos diferencia de la tecnología, y es cuando a las mujeres más se nos transforma el cuerpo”. En su libro, más allá del hecho físico de tener un hijo está “la crianza porque transmitir amor a los hijos puede ser revolucionario”. La escritora asegura que la maternidad “te hace vulnerable, porque dejas de ser solo tú y eso exagera la sensación de colapso” y al mismo tiempo te pide ir más allá, pues “no puedes criar a una persona sin esperanza”. “La idea de que la tecnología nos hace la vida agradable, que aísla a todo el mundo, sin pensar, con pereza para discutir, va en aumento”, advierte.
Pero si ahora habla de un mundo regido por una IA –convertida en casi una divinidad– que nos parece próximo –aunque hace un decenio que trabajaba en ella–, en su novela anterior, Solastàlgia (L’Altra, 2023), el mundo estaba asediado por inundaciones extremas parecidas a las recientes, que obligan a huir una familia. “Desgraciadamente, el mundo se puso de acuerdo conmigo”, señala recordando una novela en que la relación madre-hija ya era importante, ahora no con una bebé sino una adolescente: “La maternidad tiene una parte de constructo cultural, porque la crianza no se acaba nunca, aunque pueda ser desagradable. Las mujeres estamos sometidas a tener que aguantar a quien sea”.

El mundo que Irene Rubio plantea en Seràs la vall (L’Altra), con qué ganó el premio Documenta, no tiene nada que ver, en cambio, con la tecnología. En Vall Seca no hay. Apenas hay agua, y por no haber, ni hombres hay. Escribe sobre un valle inhóspito donde hace años que no llueve y las mujeres que allí viven siguen una estructura gerontocrática: cada familia está formada por abuela, madre e hija, sin otro nombre que su función social, y todas obedecen a la costumbre como una religión, con rituales propios y constante contacto con los espíritus de sus precedentes.
Este mundo desarraigado tiene continuidad en la ciudad, y especialmente en el barrio norte, con la vida cada vez más degradada, donde la jerarquía es económica. Las tensiones del valle descargan en la ciudad que la mira con miedo, y poco a poco se descubrirán todos sus secretos.
“Durante años, quizá las distopías tenían una perspectiva más masculina y la crianza, las relaciones familiares, la maternidad, incluso, eran vistos como temas muy domésticos, no solo en clave realista o costumbrista, sino que el género ahora lo está absorbiendo”, cuenta Rubio, que no tenía intención de escribir una distopía: “No ceñirte a normas realistas hace que puedas dar otros puntos de vista y profundizar más sin el corsé de la realidad”, para poder plantear cómo encajarán los vínculos familiares, la crianza y la maternidad en un mundo que se está hundiendo y se hundirá”. En su libro, “la maternidad y las relaciones familiares no se conciben como un deseo sino como una imposición a la que no se puede escapar”. “Hoy, además, a los 35 años no solo tienes que pensar si quieres tener hijos, sino en qué pasará con tus padres”, apunta.
En realidad el elemento fundador de la novela de Rubio fue la gran sequía reciente: “Los meteorólogos aún no veían el final. Tenía una sensación de fin del mundo que me angustiaba. Yo no quería escribir sobre una sequía, pero narraba un nacimiento en que todos los personajes sufrían mucha mucho calor, y a partir de allí salió todo”.
Sobrepoblación, rituales de sacrificio y crisis climática, en las nuevas narrativas
Pero Gost, Castells y Rubio no están solas en esta búsqueda literaria, ya que también acaba de llegar a las librerías La Selva (Més Llibres) de Carolina Montoto, que, si bien no está centrada en la maternidad, su protagonista, expulsada por un poder militarizado y burócrata, acaba en un lugar regido por un grupo de mujeres al margen del sistema que hacen una crianza conjunta. Una novela para plantar cara al colapso.
El mundo que narra Mar Márquez en Amat Amat (Males Herbes) es mucho más tecnológico, la sobrepoblación necesita permisos controlados por la autoridad y periódicamente hay rituales de sacrificio. Pero ¿qué sucede si le toca morir a uno de los políticos que manejan el cotarro?
No solo hay novelas, porque Laura Tomàs ha escrito una recopilación de cuentos, Matermorfosis (Medusa, premio Ictineu 2026), con elementos fantásticos, de ciencia ficción y de terror para explorar cómo sacar adelante a una familia con un clima tan hostil. Y por el lado postapocalíptico, en Sumer és aquí (Males Herbes) Anna Pantinat escribe un lamento de la ciudad destruida en alejandrinos, con los pocos humanos que quedan sobreviviendo en refugios.
Si Elisenda Solsona ya puso muchos de estos temas encima de la mesa en Mammalia (Males Herbes, 2024), centrada sobre todo en las dificultades para tener hijos, dos años antes Martí Domínguez ya narraba en Mater (Proa) una sociedad en qué las máquinas llevan a los hijos al mundo, pero todavía hay comunidades al margen con mujeres embarazadas. ¿Hasta cuándo?

Francesc Bombí-Vilaseca
Redactor de Cultura. Autor de ‘Febre amb gel (Fonoll, 2023) y ‘Roger Mas. La pell i l’os’ (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)
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