Mata un pijo, libera una casa
Por Joaquín Luna Morales — Portada

Mata un pijo, libera una casa 13/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Los electores de California son la admiración de la ciudadanía española ya que el 3 de noviembre votarán si están a favor o no de crujir a los megarricos del estado con un impuesto excepcional. La noticia no acaba aquí: ¡una encuesta de la NBC registra un 38% de detractores y un 14% de indecisos!

¿Por qué les gustan tanto los ricos a los estadounidenses y tan poco a los españoles? ¡Hasta los propios demócratas californianos están divididos sobre la Proposición 40, que gravaría una vez con el 5% de su fortuna a los que tienen un patrimonio neto de 1.000 millones de dólares!
¿Por qué les gustan tanto los ricos a los estadounidenses y tan poco a los españoles?
Los californianos no lo tienen tan claro como nosotros, firmes detractores de los multimillonarios, los millonarios y los millonetis, a quienes responsabilizamos de que para ser uno de ellos nos veamos obligados a invertir en juegos de azar, la única vía bien vista en España para llegar a rico.
Al parecer, los partidarios del “no” tienen dudas sobre si el impuesto ahuyentará de California a los magnates –que no mangantes– tecnológicos, con residencias en medio mundo, a los que ven capaces de mudarse a Virginia Occidental, donde hay mucha naturaleza y pocas fortunas.
Los estadounidenses siempre han sido muy raros y en cuanto oyen la palabra impuestos sacan la pistola y antes defienden a un millonario que a un mendigo, convencidos de que en esta vida uno es libre de ser lo que quiere ser.

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Nosotros, en cambio, somos más de arreglar estas cosas por las buenas o por las malas. Una amiga que reside en Sarrià –barrio barcelonés precioso, pero que lo compre quien lo entienda– me envió el viernes una foto de uno de los actos de las vigésimas Festes Alternatives de Sarrià. Unos jóvenes colgaron una pancarta que decía “mata un pijo, libera una casa”.
Yo me sumo a tan reivindicativo eslogan –muy de los tiempos frontistas que sufrimos– para acabar con las carencias de la vivienda. Al fin y al cabo, la pancarta –escrita conforme al lenguaje de género inclusivo– habla de matar a los pijos pero no a las pijas, en cuyas viviendas también querría yo vivir por sus juegos de luces, sus plantas y esa atmósfera de té matcha.

Joaquín Luna
Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en ‘La Vanguardia’ en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: ‘Menuda tropa’, ‘Esta ronda la pago yo’ y ‘Cuando de dejan’.
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