“Para incluir a un niño no bastan los recursos, hay que cambiar la mirada”
Por Robert Marsà Morales — Portada

Ingrid de la Rosa, directora de Down Catalunya: “Para incluir a un niño no bastan los recursos, hay que cambiar la mirada”
Inclusión escolar
La federación defiende una escuela ordinaria capaz de adaptarse a la diversidad, con formación, apoyos especializados y una colaboración estrecha entre centros, familias y entidades

Down Catalunya defiende una escuela ordinaria capaz de adaptarse a la diversidad del alumnado
Robert Marsà
12/10/2026 06:33 Síguenos en Google
La escuela es el primer gran ecosistema social de las personas a lo largo de la vida, pero en el caso de los niños con síndrome de Down y discapacidad intelectual, su plena participación en ellas no siempre está siendo fácil, no por sus capacidades, sino por un “problema estructural”.

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Así lo califica Ingrid de la Rosa, directora de Down Catalunya, quien reivindica un cambio de perspectiva en el debate que cuestiona la presencia de alumnos con discapacidad en los centros ordinarios: “Nos preocupa esta deriva contraria a la escuela inclusiva. Un niño es un niño, no una etiqueta ni una molestia”.
Reducir el debate a los recursos o a las siglas NESE —que identifican al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo— es desnaturalizar la presencia de los niños con discapacidad en las aulas ordinarias”
Ingrid de la Rosa
Directora de Down Catalunya
Para ella, que un alumno esté realmente incluido significa que tenga acceso a un “aprendizaje significativo” y que pueda “participar en igualdad de condiciones en toda la vida del centro”. En este contexto, De la Rosa no se refiere solamente al horario lectivo, sino a poder asistir al comedor, jugar en el patio, formar parte de las excursiones y tener acceso a las colonias.

Esta participación, subraya, también significa poder ir a la escuela más cercana a sus casas y mantener los vínculos con el entorno. “A menudo se les niegan estas oportunidades o se les retiran recursos imprescindibles para su desarrollo por razones burocráticas, enviándolos a centros donde un despacho ha decidido que recibirán una mejor atención, sin ni siquiera hablar con el niño o su familia”, lamenta.
El debate público suele girar en torno a la falta de recursos económicos y personales, un argumento que De la Rosa considera una verdad a medias. “Claro que se necesitan recursos, pero deben ser especializados y formar parte de una estrategia más amplia”.
De la Rosa apunta a medidas concretas como las cotutorías —que permiten tener a dos docentes en el aula—, la formación continua del profesorado o la aplicación de medidas de accesibilidad universal: señalizar pasillos con colores, usar sistemas de comunicación alternativos o adaptar las actividades del patio para que todos participen. Sin embargo, para ella, la clave está en cambiar la mirada.
En el momento en que le colgamos una etiqueta a una persona, nos olvidamos de que detrás hay un niño con ganas de hacer amigos, como todos los demás”
Ingrid de la Rosa
Directora de Down Catalunya
El verdadero motor del cambio, explica, es la convicción de que cada alumno, con sus particularidades, tiene un lugar en el sistema. “En el momento en que le colgamos una etiqueta a una persona, nos olvidamos de que detrás hay un niño con ganas de hacer amigos, como todos los demás”, afirma.
Down Catalunya promueve que la convivencia en un aula entre niños neurotípicos y niños con discapacidad intelectual no solo beneficia a los segundos, sino que enriquece a toda la comunidad educativa. “La escuela tiene un rol normalizador crucial. Si durante los años más formativos de tu vida no te encuentras con personas diferentes a ti, ¿cómo podemos pedirte de adulto que aceptes a un compañero de trabajo con síndrome de Down o que lo tengas de vecino? Cuando la convivencia se fomenta desde pequeños, las barreras se diluyen”, indica.
De la Rosa añade que los niños que comparten clase con compañeros con otras capacidades desarrollan valores de forma natural. “Aprenden la paciencia, la empatía, el valor de ayudar al otro. Descubren que hay otras maneras de jugar y de comunicarse más allá de las palabras o el fútbol”.
Hay tantas maneras de comunicarse como maneras de quererse, y eso se aprende en un aula diversa”
Ingrid de la Rosa
Directora de Down Catalunya
Para sostener este modelo, De la Rosa sostiene que debe haber una comunicación fluida entre la escuela, la familia y las entidades especializadas. “Cuando la familia y la escuela van de la mano, todo es más fácil, incluso a la hora de reclamar los recursos que hagan falta”.

En esta ecuación, entidades como las que forman parte de Down Catalunya juegan un papel central. Ofrecen apoyo a las familias, refuerzo educativo fuera del horario escolar y, sobre todo, asesoramiento a los centros. “Podemos colaborar en la elaboración de un plan individualizado, en la adaptación de contenidos o simplemente ofrecer nuestra experiencia para que los docentes no se sientan solos”, afirma De la Rosa.
Para Down Catalunya, la escuela inclusiva no es una utopía, sino un proyecto en construcción que exige el compromiso de toda la sociedad. Un proyecto que, como defiende Ingrid de la Rosa, no solo garantiza el derecho a la educación de todos los niños, sino que siembra las semillas de un futuro más empático y justo. “Cuando un niño aprende en la diversidad, se convierte en un adulto que valora la diversidad. Todo empieza en la escuela”, concluye.
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