Reconciliación a la izquierda
Por María Dolores García García — Portada

Directora adjunta
Reconciliación a la izquierda
SIN PERMISO
11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Suele decirse que la izquierda no necesita que la dividan, les basta con reunirse. Estos días proliferan los aquelarres a la izquierda del PSOE, aunque esta vez –y siempre con la prudencia aconsejable en estos casos hasta el desenlace del último minuto– parecen encaminados a lograr la unidad que se les resiste desde el desgajamiento cainita de diciembre del 2023, cuando los diputados de Podemos abandonaron el grupo parlamentario de Sumar y se pasaron al mixto.
La figura que puede deshacer el nudo es Ada Colau. El conglomerado de cuatro partidos que conforma el grupo parlamentario de Sumar (Más Madrid, Comuns, IU y del Movimiento Sumar de Yolanda Díaz) no ha hecho los deberes en los últimos meses y Pedro Sánchez les ha pillado sin candidato tras el paso atrás de la vicepresidenta. Podemos, en cambio, ha movido ficha y ha convocado primarias para el 14 y 15 de octubre, con el objetivo de elegir a Irene Montero. ¿Significa eso que no hay posibilidad de acuerdo?
Para movilizar a sus votantes, Sánchez necesita la bandera de la unidad de la izquierda
En absoluto. Colau ha ido lanzando mensajes, sobre todo a raíz del decreto de la vivienda, que Sumar no conseguía desbloquear por la negativa del PSOE. La exalcaldesa dijo entonces que, si no se aprobaba, había que salir del Gobierno. Pero llegó el desahucio de Maricarmen y fue Sánchez quien aceleró con los decretos. Colau tomó posiciones y ha mantenido contactos con Podemos para rehacer la relación. La masa para una lista conjunta en la que figuren Sumar y Podemos está preparada. Solo hay que hornearla, es decir, decidir el orden de los puestos de salida. El problema es que, tras las primarias de los morados, apenas quedarán unas horas para presentar la candidatura en el registro, el día 16.
Aunque desde fuera aparezca como un guirigay, hay muchas posibilidades de que se arme una lista unitaria de una quincena de partidos a la izquierda del PSOE alrededor de la figura de Colau. Por el camino se producen estridencias, como las de Mónica García postulándose, a pesar de no tener ninguna posibilidad, ni siquiera un respaldo fuerte de su propio partido, Más Madrid. O el caso de Gabriel Rufián, a quien también el regate de Sánchez le ha dejado clavado en plena campaña por liderar un frente amplio.

No solo la aritmética obliga a la izquierda radical a presentarse de manera conjunta. De ir por separado, perderían un puñado de escaños en favor de Vox en varias circunscripciones en aplicación de la ley d’Hondt. Pero ese no es el único factor que propicia ahora la unidad. También se juegan lo que les queda de conexión con la calle, con su potencial electorado. Los sindicatos han señalado el camino. UGT y CC.OO., las grandes centrales de clase del país, no han dudado en ponerse al servicio de una sectorial, el Sindicato de Inquilinas, para organizar nada menos que una huelga general por la vivienda. UGT y CC.OO. harán todo lo posible para que esa jornada de protesta sea un éxito porque también en su caso es imperioso conectar con el pulso de los trabajadores en un momento de desprecio de muchos ciudadanos hacia las instituciones y las organizaciones tradicionales.
El 11-M acampó en las plazas en el 2011, pero se materializó en opciones políticas en el 2014. Aquel movimiento impugnaba el funcionamiento del sistema político (“no nos representan”) y fue el reflejo de un malestar que luego se plasmó en Podemos, y este, a su vez, impulsó la opción de Ciudadanos para aglutinar la disconformidad con la derecha tradicional en toda España. Aún es pronto para conocer qué fenómenos políticos alumbrarán el enfado que se manifiesta en las protestas del Sindicato de Inquilinas en el ámbito de la izquierda. (En el de la derecha ya emergió Vox, que trata de ampliar su radio de influencia en los barrios de la clase trabajadora).
Si nada se tuerce, todo apunta a que habrá lista única y que se conformará alrededor de Colau y Montero, sea cual sea finalmente el orden que se consensúe. Pero no será la única señal de unidad. También se está intentado con el PSOE para las candidaturas al Senado, donde el PP ha gozado de una hegemonía absoluta en esta legislatura, con capacidad para bloquear normas, retrasar su aplicación o crear comisiones de investigación.
Esas negociaciones para el Senado están avanzadas en Canarias, Baleares y Navarra y se van a iniciar en la Comunidad Valenciana, Aragón y Extremadura, con voluntad de ampliarlas. En el País Vasco no parece que Bildu vaya a entrar en la ecuación, y habrá que ver qué ocurre en Catalunya con ERC. Aquí ya hubo una experiencia similar con la Entesa Catalana de Progrés (PSC, ERC e ICV-EUiA), ya que esa fórmula permite ganar representación en el Senado por Barcelona y Tarragona.
Algunas cosas se materializan cuando ya no queda más remedio. Para la izquierda radical, que hace una década estuvo a punto de disputarle la hegemonía al PSOE, apenas quedan unos días para dirimir su supervivencia y un puñado de escaños más que son vitales para que Sánchez pueda plantear la movilización de su electorado, porque solo si hay alguna mínima opción de volverlo a hacer, una parte de los votantes del PSOE se levantarán del sofá para ir a votar el 29 de noviembre. Con esa muleta, Sánchez lo sigue teniendo muy difícil, según las encuestas. Sin ella, imposible.

Lola García
Directora adjunta
Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter ‘Política’, que se publica cada jueves, y de los libros ‘El naufragio’ y ‘El muro’, sobre el conflicto catalán
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