Will Bruey, el capitán de fábricas espaciales

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Por Paula Solanas Alfaro — Portada

Will Bruey, el capitán de fábricas espaciales

Detrás de la empresa

Cofundador y consejero delegado de Varda Space Industries

Will Bruey

Will Bruey

Varda

Will Bruey, el capitán de fábricas espaciales

Paula Solanas Alfaro

Barcelona

11/10/2026 00:05

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Como muchas otras historias sobre tecnologías improbables nacidas en Silicon Valley, esta biografía también empieza con un niño obsesionado con el espacio exterior y la idea de montar algún día su propio negocio. Will Bruey es el emprendedor detrás de Varda Space Industries, una compañía valorada en 1.600 millones de dólares que aspira a fabricar productos farmacéuticos en órbita. Después del boom de las empresas de turismo espacial, la manufactura más allá de la atmósfera terrestre se perfila como la siguiente frontera de esta industria.

Ya en la universidad, en Cornell, la fascinación de Bruey le llevó a trabajar en el desarrollo del satélite Violet. De las aulas, este ingeniero físico saltó a SpaceX, la compañía de tecnología aeroespacial impulsada por el magnate sudafricano Elon Musk, donde pasó seis años desarrollando los sistemas de los cohetes Falcon y Dragon. De hecho, desde el control de misión en tierra firme, operó ocho vuelos hasta la Estación Espacial Internacional. Pero Bruey no se quedó en la ingeniería. Tras dejar la empresa con sede en Texas, fichó por Merrill Lynch, la división de gestión de patrimonios de Bank of America, donde ocupó el cargo de director de tecnología de renta variable global, y puso en marcha también su propio vehículo de inversión, Also Capital. Esta combinación de ingeniería espacial y finanzas acabaría siendo lo que llamó la atención de Delian Asparouhov, uno de los socios de la firma de capital riesgo Founders Fund (creada entre otros por el fundador de Paypal y Palantir, Peter Thiel), cuando buscaba a alguien con quien convertir en empresa una idea que, hasta entonces, sonaba más a ciencia ficción.

Varda ha cerrado una nueva ronda que ha disparado su valoración hasta los 1.600 millones

Como otras startups creadas por este clan de emprendedores, Varda también toma su nombre de un personaje del universo de J. R. Tolkien, una reina creadora de estrellas. La premisa del proyecto es que, aunque gracias a la gravedad podemos hacer cosas tan cotidianas como lanzar una pelota, esta fuerza de la naturaleza también puede convertirse en un impedimento para fabricar determinados productos. Según la empresa, procesar materiales en órbita reduce efectos como las corrientes de convección, la flotabilidad o la sedimentación, lo que permite obtener propiedades difíciles de conseguir en condiciones terrestres.

Will Bruey

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Gusi Bejer

El principal campo en el que Varda quiere explotar estos beneficios es el farmacéutico. ¿Por qué? Muchos medicamentos se obtienen a partir de la cristalización de principios activos, un proceso en el que la microgravedad puede mitigar algunos de estos efectos y favorecer la formación de cristales más uniformes o incluso de estructuras diferentes de una misma molécula. Esto puede traducirse en ventajas para los fármacos como una mayor estabilidad, una mejor solubilidad o una vida útil más larga. “Simplemente tenemos una especie de horno mágico en el que podemos crear formulaciones que, de otro modo, no podríamos conseguir”, contaba Bruey en el 2025 en un evento organizado por el portal tecnológico TechCrunch.

La primera parte del proceso se hace en laboratorios terrestres, pero después los compuestos se envían a la órbita terrestre baja en unas pequeñas cápsulas automatizadas (tienen cerca de 90 centímetros de diámetro y unos 74 de altura) en las que se completa la cristalización del fármaco. Una vez finalizada, estos dispositivos vuelven a la Tierra para ser recuperados. Por ahora, el primer gran experimento de Varda ha sido con el ritonavir, un antirretroviral que se usa principalmente para tratar el VIH. Hasta la fecha, la empresa ha enviado seis misiones al espacio exterior.

A finales de septiembre, Varda cerró una nueva ronda de financiación de 250 millones de dólares con la que ha disparado su valoración hasta los 1.600 millones. Desde su nacimiento en el 2021, ha captado casi 600 millones en recursos. Mientras en el trabajo Bruey construye fábricas de medicamentos en el espacio, su tiempo libre lo dedica a mantener y volar con su propio avión ligero.


Paula Solanas Alfaro

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Periodista de Economía en La Vanguardia. Antes trabajó durante diez años en la misma sección en el Diari Ara. Es autora del libro ‘El club de los unicornios’ (Península, 2023).

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Fonte: Portada

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