Por Llàtzer Moix Puig — Portada

Llàtzer Moix Puig

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La pena máxima se queda corta 11/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

En vísperas de una anestesia general solemos considerar la inquietante posibilidad de que la operación vaya mal y no volvamos a despertar. Pero supongo que si pesa sobre ti una condena a muerte y te sacan de tu celda para ejecutarte, ya sabes a qué vas y ya sabes que no regresarás. La certeza de una muerte inminente quizás inquiete menos que un accidente estadísticamente infrecuente. Por paradójico que pueda parecer.

   
    Mané Espinosa

Sin embargo, la vida y la muerte te dan sorpresas. A Christa Pike le administraron días atrás dos inyecciones de pentobarbital, duplicando el protocolo del estado de Tennessee para ejecutar a los condenados a la pena máxima, y contra todo pronóstico salió viva –aunque no ilesa– del patíbulo. Hubo que enviarla al hospital para salvarle la vida que se le quería quitar. Otra paradoja, esta vez con ribetes de negro sarcasmo.

El caso de Christa Pike reaviva el debate sobre la pena de muerte en EE.UU.

Todo indica que Pike sobrevivió a la ejecución no por una fortaleza sobrehumana, sino por la chapuza del verdugo, que no le colocó bien las vías intravenosas. De manera que el sedante letal no afluyó debidamente al torrente sanguíneo y se dispersó bajo la piel. “Siento que el brazo me va a reventar”, parece ser que dijo Pike mientras su extremidad superior derecha se amorataba.

El presidente Trump, hombre de enorme autoestima y nula empatía, declaró contrariado que esa ejecución “no debería ser muy difícil”; solo le faltó añadir aquello de “sois unos inútiles, aún tendré que encargarme yo de todo”. Su sensibilidad estuvo a la altura de la del expresidente balear Gabriel Cañellas, quien al comentar en una tertulia radiofónica el asesinato de una maestra que recibió más de treinta puñaladas solo acertó a decir: “Ses dones són molt dolentes de matar”.

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El caso Pike es truculento, pero no excepcional. Este año, una treintena de reos de muerte han sido ejecutados en EE.UU. Lo cual reaviva el debate sobre la pena capital en el país más avanzado –otra paradoja–. Una pena que a los herederos del juez de la horca ya no les debe de parecer máxima, puesto que ahora se adereza con dolores y sufrimientos rayanos en la tortura. Y que, en algunos casos, el Gobierno se plantea retransmitir en directo. Para su fortuna, no eligió a Pike para estrenarse en la tele. ¡Menudo espectáculo hubiera dado!

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Fonte: Portada

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