Un día en Friburgo de Brisgovia: la ciudad de los 10 minutos a las puertas de la Selva Negra
Por Ivan Comas Parra — Portada
Un día en Friburgo de Brisgovia: la ciudad de los 10 minutos a las puertas de la Selva Negra
Europa
Una ruta otoñal por el centro histórico hasta el mirador del monte Schlossberg y catar una cerveza local

View from Schlossberg Hill to the Cathedral, Freiburg, Black Forest, Baden-Wurttemberg, Germany, Europe (Photo by Markus Lange / Robert Harding RF / robertharding via AFP)
MARKUS LANGE / AFP

Friburgo de Brisgovia
10/10/2026 07:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Friburgo de Brisgovia, considerada la capital de la Selva Negra, es una de las urbes más dinámicas y ecológicas de Alemania. La ciudad alberga a unos 237.000 habitantes, una cifra que asciende hasta los 660.000 con su área metropolitana. A pesar de este volumen de población, es bastante cómodo y práctico desplazarse por la ciudad gracias a la eficiente red de tranvías y autobuses públicos.
Su más que envidiable calidad de vida se basa en una planificación pensada para el ciudadano y en un factor natural clave: al ser la ciudad más calurosa de Alemania, con 2.000 horas de sol al año, disfruta de un clima benévolo otoñal que permite alargar la vida en la calle y las terrazas cuando el frío ya asoma en el resto del centro de Europa.
Esta vibrante cultura al aire libre encaja a la perfección con el modelo de los “barrios de 10 minutos” que define el Ayuntamiento —y que aplican también otras ciudades europeas—, implementado en barrios como Rieselfeld, Vauban o el Altstadt. En este tipo de vecindarios, diseñados para que los desplazamientos cotidianos se hagan a pie o en bicicleta, el propio urbanismo saca a los vecinos a la calle, reduciendo el uso del coche y fortaleciendo la economía de proximidad, las relaciones sociales y de comunidad.
Con esta misma perspectiva, el viajero puede iniciar su inmersión para descubrir esta bella ciudad alemana y adentrarse hacia el casco histórico en una ruta pensada para culminar en las alturas.
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Para llevarlo a cabo, el viajero puede arrancar el día con un buen paseo matinal, buscando el frescor del agua. Friburgo es famosa por sus Bächle, los pequeños canales medievales que recorren el Altstadt. Sin embargo, en veranos especialmente calurosos como el de este año, las restricciones pueden dejar secas las acequias y destapar los escombros de zonas como la Pequeña Venecia. Por ello, los friburgueses prefieren las Wasserterrassen in der Dreisam. Se trata de una playa urbana con escalones de piedra donde los vecinos se bañan, refrescan los pies o comparten un pícnic junto al río Dreisam que cruza la ciudad.

Desde este pequeño oasis, la transición hacia el centro se realiza por la Marienstraße, una calle con edificios de arquitectura historicista y ecléctica que transcurre de una zona residencial a otra salpicada de cafeterías y librerías. En pocos minutos se llega a la bella calle Insel, que flanquea la idílica terraza del histórico hotel Sichelschmiede, para adentrarse en la Gerberau. En este antiguo barrio de curtidores, el canal fluye al descubierto, escondiendo una sorpresa que atrae a los visitantes curiosos. Un cocodrilo de piedra asoma en el agua, siempre que el caudal lo permita.
A pocos pasos de allí aguarda la Hausbrauerei Feierling, el templo cervecero de la ciudad, cuyo biergarten sombreado por castaños invita a una breve pausa. Una vez repuestas las fuerzas, el paseo continúa por la misma vía en dirección a la majestuosa Augustinerplatz, una plaza enmarcada por el antiguo monasterio agustino y los restos de la muralla medieval que funciona como el punto de encuentro por excelencia de los friburgueses.
Tras dejar atrás la popular Augustinerplatz, el recorrido avanza cruzando las bohemias y comerciales Salzstraße y Schusterstraße, para llegar al diminuto callejón Kaufhausgässle. Al final de este tramo, el espacio se abre por completo ante la inmensidad de la Münsterplatz y su majestuosa catedral gótica de gres rojo tan característico de la región.

La plaza cobra vida como punto de encuentro y refugio gastronómico: el Münstermarkt. De lunes a sábado por la mañana, este lugar se llena de friburgueses que acuden para comprar flores y productos frescos de la Selva Negra, pero, sobre todo, para cumplir con un ritual culinario que es comer una salchicha.
En el lado norte se alinea una humeante hilera de puestos donde reina la Freiburger Lange Rote. Se trata de una salchicha roja, sin piel y hecha a la brasa, que alcanza los 35 centímetros de longitud. Al pedirla, la tradición exige que la sirvan de cebolla frita caramelizada y dicta que jamás debe cortarse por la mitad; ha de servirse entera, sobresaliendo por los extremos de su pequeño panecillo crujiente. Curiosamente, para acompañar este festín de pie, los locales no suelen recurrir a la cerveza, sino que optan por una copa de vino blanco fresco de la región de Baden —como un Gutedel o un Grauburgunder— que compran en los puestos de los viticultores allí presentes.

El recorrido deja atrás la catedral y se adentra por la Konviktstraße. Esta pintoresca calle peatonal es célebre por las glicinas que, durante la primavera y el verano, forman un espectacular techo lila y verde sobre sus elegantes fachadas rehabilitadas, que son inmortalizadas por los viajeros con sus smartphones. Al final de la vía se alza la Schwabentor (Torre de Suabia), una de las antiguas puertas de la muralla medieval del siglo XIII, decorada con un gran mural de San Jorge, patrón de la ciudad.
Desde la pasarela que parte de la base de esta torre, comienza el camino hacia el monte Schlossberg, de unos 500 metros de altitud. En cuestión de minutos, el asfalto desaparece para dar paso a senderos y bosques frondosos de hayas y pinos, marcando uno de los inicios hacia la Selva Negra a las puertas del centro histórico de la ciudad. Aunque el camino permite subir hasta la cima, una más que recomendable parada aguarda a unos 300 metros de altitud en el Kastaniengarten del Greiffenegg-Schlössle.
Bajo la densa sombra de los castaños, este biergarten, el más antiguo de Friburgo, encarna la auténtica esencia local con sus largas mesas de madera compartidas. El ambiente invita a sentarse junto a los compañeros de viaje o desconocidos mientras el aroma de los Flammkuchen (la tradicional masa fina horneada con cebolla y bacón) o Pommes (patatas fritas con mayonesa de trufa y parmesano), entre otros platos, se mezcla con el sonido de las jarras de cerveza Ganter o las botellas de Rothaus Tannenzäpfle.

Este enclave es otro rincón favorito para los friburgueses, sobre todo al atardecer. Es con la puesta de sol cuando este mirador regala dos estampas que el viajero recordará durante mucho tiempo. Hacia un lado, las terrazas de viñedos de la variedad Gutedel y Grauburgunder descienden hasta un barrio residencial, con los primeros picos oscuros recortándose en el horizonte. Hacia el otro, a los pies del visitante, los tejados del casco antiguo y la imponente aguja gótica de la catedral se tiñen de tonos rojizos. Un espectáculo visual para finalizar la jornada en Friburgo de Brisgovia que ayuda a entender su enclave en la Selva Negra, que domina el arte de vivir entre la montaña y el desarrollo urbano.

¿Qué hace un cocodrilo en el canal?
El cocodrilo de piedra que asoma en el canal en Gerberau es una de las atracciones más queridas y fotografiadas, dedicado al mito urbano de los reptiles escondidos en las alcantarillas. Creado en 2001 por el escultor Ole Meinecke bajo el nombre de Lulu, estaba destinado a exhibirse en el agua solo durante un año. Sin embargo, su éxito entre los niños y vecinos fue tal que la familia Himmelsbach, propietaria de la tintorería situada justo enfrente, lo compró en 2002 por 3.500 euros. Ellos asumieron los permisos municipales y lo anclaron en el fondo del canal. Hay un irónico cartel que reza Bitte nicht füttern (Por favor, no alimentar).
Guía práctica y curiosidades
Llegada y conexiones: El principal punto de entrada y de inicio de los itinerarios hacia el casco antiguo es la estación central (Hauptbahnhof). Además, su situación geográfica a un paso del aeropuerto de Basilea (Suiza) facilita las conexiones internacionales y la llegada directa en tren.
Deutsche Bahn: La red ferroviaria alemana (DB) conecta la ciudad con el corazón de la Selva Negra y algunas capitales alemanas. Para trayectos de larga distancia o conexiones rápidas con aeropuertos se utilizan los trenes de alta velocidad (ICE/IC), los cuales requieren billete aparte y se gestionan fácilmente desde la aplicación oficial DB Navigator.
Tarjeta KONUS: Pase gratuito que te entrega tu alojamiento reglado. Te permite disfrutar de viajes ilimitados en toda la red de tranvías y autobuses urbanos de Friburgo, además de autobuses regionales y trenes de cercanías de segunda clase por toda la Selva Negra.
Curiosidad en el Altstadt: Existe la leyenda local de que si un visitante mete el pie accidentalmente en el agua de los Bächle, terminará contrayendo matrimonio con alguien de Friburgo.
Conexión española: En el adoquinado de la Rathausplatz hay un mosaico con el escudo de Granada; ambas ciudades están hermanadas desde 1991. Fruto de las familias andaluzas que emigraron a la Selva Negra en los 60 y 70.

Ivan Comas i Parra
Redactor
Redactor y uno de los portadistas.Colegiado por el Col·legi de Periodistes de Catalunya.
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